
Cambia, todo cambia

Que el uso de una conocida canción como cortina musical ocasional de un programa pueda provocar una controversia aún en curso habla de lo mucho que se perdió en estos años en materia de tolerancia, incluso hasta con decisiones tan insignificantes como ésta.
En la noche previa a la primera vuelta presidencial, Mirtha Legrand apeló, no sin cierta picardía, a que sonara en su programa la conocida versión de Mercedes Sosa de la canciónTodo cambia. Ya regía la veda y la conductora y sus comensales brindaron con ese tema de fondo.
Fabián Matus, el hijo de la excelsa cantante, expresó públicamente que ni él ni sus hijos se sintieron cómodos por el uso que le había dado la diva al tema y que así se lo había hecho saber a la producción del programa. Pero Legrand, lejos de amilanarse, redobló la apuesta en el aire: calificó de mezquina la actitud de Matus y pidió que el estribillo de la canción volviera a sonar en la voz maravillosa de la gran Mercedes. Y anoche la pasó de vuelta.
La controversia rebotó con fuerza en algunos medios. Matus también elevó el tono: "Si las canciones no son respetadas con el motivo que fueron compuestas no pueden usarlas; hay fallos judiciales al respecto".
Pero, ¿es de alguien en particular cuando gana la calle una canción del porte de Todo cambia? ¿No está, acaso, la Argentina en un momento de transformaciones cruciales, tanto gane Macri como Scioli?
La de Sosa es la versión más célebre de Todo cambia, pero el tema es del músico chileno Julio Numhauser Navarro, fundador del conocido conjunto Quilpayún, que la compuso en 1982. Ahora bien, hubo quienes hasta lo acusaron de plagio puesto que su letra es casi idéntica a la poesía Muda la vana esperanza, de Juan Alfonso Carrizo, un erudito catamarqueño que murió en 1957.
De manera que en su propia gestación y derrotero, Todo cambia parece no querer ser de nadie en particular y de todos en general. Es lo que sucede con los clásicos: terminan siendo del pueblo y es inútil pretender reglamentar cómo usarlos.
Matus supone que "la mamá" -como todavía le dice- no habría apoyado en esta circunstancia a Macri, pero Legrand apuntó que apelaba a la canción de manera más genérica, por el próximo cambio de gobierno y no por un candidato en particular.
"Cambia el modo de pensar/cambia todo en este mundo", dice el tema y esas palabras podrían caberle también a Matus, que en la década del 70 revistaba en la Federación Juvenil Comunista, trabajó para el radicalismo, Aníbal Ibarra, la CTA y -¡oh, sorpresa!- también formó parte ad honorem de la comisión de cultura de la Fundación Creer y Crecer, de Mauricio Macri, antecesora de Pro.
Mercedes Sosa, por su parte, siempre se consideró una persona de izquierda, aunque muy abierta para emprender experiencias artísticas notables como Mujeres argentinas, con Ariel Ramírez y Félix Luna, que pensaban distinto, o, más adelante, con el bien variopinto mundo del rock. Y, obviamente, se sentó a la mesa de Mirtha Legrand en varias ocasiones.
Por su amplitud y enorme libertad, Mercedes Sosa hasta no tuvo problemas en reunirse con? ¡Mauricio Macri!
Sucedió en 2003. Mercedes y su hijo querían darle vida a un Museo de Música Popular Latinoamericana para llevar allí los tesoros de la enorme cantora (obras de Berni, Soldi, Alonso y hasta dibujos de Joan Báez; el poncho con el que se presentó al volver del exilio, manuscritos de conocidas canciones populares, fotos de su trayectoria, etc.). Habían tocado a la puerta de Fernando de la Rúa y después de Jorge Telerman, pero sin ningún eco. Matus, que, como se dijo, trabajaba entonces para Macri, propició la cumbre con el hoy candidato presidencial, que en esa época dirigía el club Boca Juniors. La cantante vestía casualmente una blusa de precursor color amarillo (entonces aún no era el distintivo de los macristas). El encuentro fue muy cálido, tal como se puede apreciar en la foto que acompaña esta columna.
Pero ya entonces comenzaban los primeros forcejeos políticos de un lado y del otro. Telerman, hoy estrecho colaborador de Scioli y en ese tiempo candidato a vicejefe de gobierno porteño acompañando a Aníbal Ibarra, deslizó comentarios socarrones sobre esa reunión, al alegar que había tenido lugar a partir del "amor por el hijo" en alusión al trabajo de Matus en el equipo macrista. La cantante terminó sintiéndose incómoda y tomó distancia. El kirchnerismo empezaba a seducir a los artistas y Mercedes Sosa no fue la excepción. A su muerte, en 2009, el Gobierno dispuso honras fúnebres y el matrimonio presidencial la despidió en la capilla ardiente levantada en el Congreso.
Las idas y venidas en la autoría de la canción, así como las oscilaciones políticas de Mercedes Sosa y de su hijo, son después de todo un involuntario homenaje a un tema que repite más de una vez: "Y así como todo cambia /que yo cambie no es extraño".






