
Camino a La Paz, una ópera prima conmovedora
Una recomendación cinematográfica, precedida por un comentario. Lo que nos hace distintos y valiosos es el "toque". Uno puede haber escuchado centenares de veces los Nocturnos de Chopin por diferentes pianistas. Es la misma obra, pero cada gran intérprete hace con ella algo distinto. Lo mismo pasa en literatura, en el teatro o en el cine. ¿Quién puede jactarse de haber escrito un argumento original? Esa reflexión, que no tiene nada de original, se me ocurrió una vez más después de haber visto el preestreno de la película Camino a La Paz, ópera prima del director Francisco Varone, en la que Rodrigo de la Serna y Ernesto Suárez, un actor de mucha experiencia, pero que debuta en el cine con esta película, a los 73 años, cumplen dos actuaciones memorables, sin ningún alarde, con la elegancia del "no se nota".
El film es la historia del lazo que se anuda durante un viaje de 3000 kilómetros entre un improvisado remisero, Sebastián (Rodrigo de la Serna), propietario de un automóvil agónico, fan del grupo Vox Dei, y Khalil (Ernesto Suárez), un anciano musulmán muy enfermo, que lo contrata para viajar a La Paz, donde vive su hermano. Separados por miles de kilómetros, los dos hermanos planean peregrinar juntos a La Meca, para obedecer los preceptos de su religión.
Es fácil y acertado clasificar Camino a La Paz como road movie. Es más, podría clasificársela dentro del subgénero de las road movies en el que dos personajes de personalidades opuestas terminan por comprenderse, quererse y alcanzar una visión distinta de la vida y de los semejantes. Sin embargo, qué variedad supo infundirle Varone a esas reglas.
Varone es un hombre joven, pero con una infrecuente seguridad y madurez. Esas dos cualidades se aprecian en la película, pero también en la vida real. Terminada la función de preestreno de su film en el Colegio Público de Abogados, conversó con el público. Lo hizo con mucho aplomo y simpatía. En su primera obra, supo combinar el humor, la comicidad, el drama, las recetas del cine clásico de Hollywood (por ejemplo, introdujo dos perros que, naturalmente, compiten con los actores) y recursos que están muy cerca del documental. Varone se refirió a una escena en la que el musulmán Khalil y Sebastián asisten a un rito islámico: "Logramos que los religiosos nos permitieran filmar la ceremonia, pero nos advirtieron que no habría repeticiones ni tampoco se permitiría que interrumpiéramos el rito si teníamos alguna dificultad. Rodamos sin red".
Es casi innecesario decir que Varone tenía un presupuesto muy reducido. "De la Serna se avino a trabajar en este film porque le gustó mucho el guión. Esperó cuatro años a que reuniéramos los fondos. Durante el rodaje, en viaje, dormimos en lugares muy precarios. En Potosí, estuvimos en un hotel que no tenía calefacción. Afuera hacía diez grados bajo cero. Nos acostamos vestidos, tapados con todo lo que encontramos. En otra localidad, no había suficientes cuartos en el hospedaje, así que el adiestrador de los perros y yo debimos compartir la habitación; es más, debimos compartir la misma cama matrimonial. El adiestrador me advirtió que él no se separaba nunca de sus animales, así que también los perros habrían de estar en la pieza. Por la noche, nos fuimos al cuarto, los perros se ubicaron al pie de la cama y, en cuanto nos acostamos, saltaron alegremente sobre nosotros, se acomodaron encima de nuestras piernas y, por supuesto, se durmieron de inmediato."
Mientras que Rodrigo de la Serna es un astro popular y prestigioso, Ernesto Suárez es desconocido para el público cinematográfico, pero muy respetado en el ambiente teatral argentino y de América Latina. Vive en Mendoza, donde tiene un taller de actuación. Nunca buscó la fama, nunca se dejó tentar por proyectos en los que no creyera. Un aspecto valioso e interesante de Camino a La Paz es que ni el director ni sus actores sienten recelo por las emociones, pero tampoco se dejan arrastrar al sentimentalismo. Otra virtud: el aprendizaje de la convivencia y la tolerancia entre Khalil y Sebastián (un asunto de apremiante actualidad) no aparece como un tema político, religioso o ideológico, sino como un encuentro entre dos hombres muy distintos en laderas casi opuestas de la vida. Una ascesis conmovedora.




