Carlos S. Nino y la anomia argentina

Antonio María Hernández
Antonio María Hernández PARA LA NACION
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27 de diciembre de 2018  • 00:07

Este año se cumplieron los 25 años de la muerte de Carlos S. Nino. Se había graduado de abogado en la Universidad de Buenos Aires y de doctor en filosofía en la especialidad de jurisprudencia en la de Oxford, ejerciendo la cátedra universitaria en las Universidades de Buenos Aires y de Yale.

Su poderosa inteligencia y capacidad de investigación abarcó diversos ámbitos de la filosofía y la ciencia jurídica. como filosofía del derecho, filosofía moral, teoría general del derecho, el derecho constitucional, derechos humanos y derecho penal.

Su legado mantiene plena vigencia, debiendo destacarse especialmente sus aportes a la cultura jurídica argentina y a nuestro constitucionalismo. En tal sentido, recordamos sus obras de 1992 "Un país al margen de la ley" y "Fundamentos de derecho constitucional" y una sobre la constitución de la democracia deliberativa, publicada después de su muerte por la Universidad de Yale, en 1996, bajo el cuidado del profesor Owen Fiss.

En la primera de ellas, desde una visión interdisciplinaria histórica, polítológica, sociológica y jurídica, Nino demostró con brillantez por qué la Argentina tenía una tendencia a la anomia y más específicamente a la ilegalidad y cómo ello produjo nuestro subdesarrollo. La tesis central del libro estuvo dirigida a demostrar cómo la anomia operaba en sí misma como factor que producía ineficiencia. Citando a Jon Elster, en su concepto de que "las normas son el cemento de la sociedad", sostuvo que las leyes "hacen posible la integridad y subsistencia de las sociedades" y en consecuencia, la "ilegalidad y la anomia, en general afectan la productividad social, al menos bajo un sistema capitalista", como lo enseñó Max Weber.

Además introdujo una calificación de la anomia para explicar el caso argentino, a la que denominó "boba", porque la inobservancia de las normas afectaba valores como seguridad y previsibilidad y generaba una acción colectiva ineficiente.

Con notable agudeza se refirió luego a la anomia en la vida institucional y social de nuestro país, a las normas como herramientas de cooperación y a la salida de la trampa de la anomia, para lo que proponía un proceso de discusión pública y educación popular para promover actitudes de lealtad normativa.

Finalmente caracterizó la anomia como antidemocrática, pues se trata de la inobservancia de normas sancionadas por la regla de la mayoría luego de un proceso de discusión, que significan una deficiencia democrática, que implicaba la existencia de bolsones de autoritarismo.

Este libro fundamental se complementaría con el de "Fundamentos", de ese mismo año, donde abogara por la reconstrucción de la práctica constitucional en materia de derechos y garantías y por la necesidad de cambios en la organización del poder, que caracterizaba por el hiperpresidencialismo y el corporativismo. Y a modo de epílogo, enunciaba su personal objetivo: "Hacia una Argentina constitucional".

Las obras mencionadas exhiben su lucha por el Derecho –en la ajustada expresión de Von Ihering-, luego de su notable experiencia como asesor del presidente Alfonsín en derechos humanos y como coordinador del Consejo de Consolidación de la Democracia, que fuera un importante antecedente de la gran reforma constitucional de 1994, que no alcanzó a observar.

Fue un defensor de la sociedad abierta y de la dignidad humana en base a una robusta concepción de los derechos humanos y del ejercicio pleno de las instituciones de la democracia liberal y constitucional. Alcanzó un gran prestigio internacional como lo indican sus relaciones y debates con pensadores y juristas como Dworkin, Ackerman, Fiss, y Habermas, entre otros. Creemos haber demostrado con las dos Encuestas de Cultura Constitucional, de 2004 y 2014 que hemos dirigido junto a Zovatto, Mora y Araujo y Fidanza, que la Argentina es una sociedad anómica, como Nino lo pensó.

Y que su mejor homenaje es tratar de enfrentar este problema cultural, causa principal de nuestro subdesarrollo. Por eso insistimos en la trascendencia e importancia de la educación cívica y democrática. Demócrata no se nace, sino que se hace, primero con la educación y luego, con la participación. Sólo un ciudadano que conoce sus derechos estará en condiciones de ejercitarlos y defenderlos. Esa educación debe basarse esencialmente en los principios y valores de nuestra Constitución, que es la Nación Argentina hecha ley, según las señeras palabras de Juan María Gutiérrez, constituyente de 1853.

Constitucionalista

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