
Carolina Scotto, la elegida de la Presidenta para recuperar terreno en la esquiva Córdoba
Ex rectora de la Universidad de Córdoba, la candidata a diputada, cristinista sin militancia anterior, cambió la academia por la política
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Tantos son los récords de Carolina Scotto que resulta difícil ordenarlos. El más conocido: la Universidad Nacional de Córdoba, fundada hace cuatrocientos años, tuvo en esta doctora en Filosofía su primera rectora. A la vez, allí está implícito el segundo récord: Scotto fue el primer profesional del campo de la filosofía que gobierna la universidad más antigua del país. Y la primera kirchnerista; una paradoja política, porque Córdoba es una de las provincias grandes en las que el gobierno nacional tiene bajo predicamento.
Sin contar que como rectora hizo, a lo largo de dos períodos, una muy buena gestión –reconocida en general por sus adversarios–, lo cual no era la norma, la mayor originalidad de Scotto fue su salida. O, mejor dicho, su singular método continuista. Cuando ya no podía volver a ser reelegida, le dejó el sillón de rector (en abril pasado) al físico Francisco Tamarit, también kirchnerista: su ex marido. Sucesión de impronta K, probablemente inédita a nivel planetario en universidades de la jerarquía de la de Córdoba.
Pocos discutirían que para el Frente para la Victoria la entronización en "la Docta" como primera figura de una doctora en Filosofía con peso académico importa una considerable mejora cualitativa. El kirchnerismo llegó a estar representado frente a los cordobeses por un ingeniero agrimensor que años atrás había sido viceministro de Educación de José Manuel de la Sota, devenido luego famoso secretario de Transporte de la Nación: el flamante ex prófugo Ricardo Jaime. Una figura que hoy suma mucho, pero para las campañas rivales.
Si Jaime era Néstor, Scotto es Cristina. En Córdoba, el matrimonio Kirchner aplicó criterios bien distintos para seleccionar gente. La Presidenta conoció a la rectora en 2008 y desarrolló por ella, podría decirse, una simpatía a primera vista, ensanchada por el atajo de conquistar en Córdoba, plaza esquiva, al progresismo no peronista que Scotto ostensiblemente encarna. Decidió apoyarla y eso –manual K– se tradujo en un intenso flujo de fondos (la universidad aumentó en 38.000 metros cuadrados la superficie edificada).
En los últimos años, era un secreto a gritos que Scotto sería la elegida de Cristina Kirchner; para la beneficiaria, un salto del mundo académico a la política grande sin pasar por las fatigas territoriales ni las gastronomías partidarias. Otros rectores universitarios que hicieron notables carreras políticas casi siempre traían de la juventud alguna gimnasia en comités y unidades básicas. Mario Barletta, el presidente de la UCR, fue primero rector de la Universidad Nacional del Litoral y luego intendente de Santa Fe. Eduardo Brizuela del Moral dirigió la Universidad Nacional de Catamarca antes de resultar intendente y gobernador de su provincia. Alberto Cantero, hoy director de Radio y Televisión Sociedad del Estado, fue rector de la Universidad Nacional de Río Cuarto antes de ser diputado kirchnerista. Julio Cobos había sido decano de la UTN, en Mendoza, para después llegar a gobernador y vicepresidente.
De pronto, cristinista
Scotto, a diferencia de ellos, nunca perteneció a un partido ni tuvo un líder a quien seguir. Un buen día se hizo cristinista. Aunque encuadrado entre quienes se pulieron en el mundo de los claustros, su caso también recuerda a los políticos in vitro que, como Palito Ortega, Carlos Reutemann, Daniel Scioli o Nacha Guevara, llegaron de otro "palo" a disputar cargos electivos en las primeras ligas, previamente seleccionados por un líder. Por cierto, tienta pensar que sumar intelectuales enriquece más a la política que agregarle corredores o cantantes.
Para mayor brillo académico, la ex rectora está secundada en la lista del FPV por el abogado Martín Gill, secretario de Políticas Universitarias de la Nación, antes rector de la Universidad Nacional de Villa María.
En el entorno no abunda la estructura peronista. Por cierto, si ella no tuviera habilidad política no habría sido elegida dos veces decana de la Facultad de Filosofía y Humanidades ni habría conseguido en diciembre de 2006 ganar el rectorado de la segunda universidad del país por 167 votos contra 43, para ser reelecta tres años después. Carece, sí, de experiencia política orgánica, lo cual genera algunos recelos en el propio kirchnerismo, sobre todo el de sello peronista. "Scotto es una incógnita", llega a decir un diputado cordobés del Frente para la Victoria respecto de cómo se disciplinaría esta intelectual en la hipótesis de que llegase al Congreso, algo que no es imposible ni seguro.
En Córdoba hay nueve bancas en juego y seis listas con probabilidades de entrar en el reparto. Se estima que la del kirchnerismo sólo saldría tercera si hiciera una muy buena elección. Para conseguir una banca requiere alrededor de 9 por ciento de los votos. Entre sus rivales está Olga Ruitort, quien también arrastra votos kirchneristas, implacable opositora de De la Sota, su ex marido.
Procedente de un hogar no peronista de clase media progresista y laicista –el padre fue gerente de nuevos proyectos en Ford y en Autolatina; la madre era ama de casa–, Scotto nació en el año del ascenso al poder de Frondizi (1958). Atravesó todos sus estudios con una fórmula constante: notas arriba de nueve, actividad política cero. Ser abanderada se le hizo costumbre. Justo en 1976, entró a la universidad que ella llegaría a gobernar treinta años más tarde.
Además de filosofía cursó la carrera de historia. Es doctora en filosofía de la mente, profesora de filosofía del lenguaje y de filosofía contemporánea e investigadora del Conicet. Discípula de Eduardo Rabossi y Alberto Moretti, se considera especialista en Ludwig Wittgenstein (1989-1951). Su hija mayor, Victoria Rolland (33) es actriz. Lucía (29), arquitecta, está radicada en Dinamarca. Ernesto (25), el único varón, es estudiante de historia. Como fue su mamá, con quien vive.
Sus críticos del delasotismo, el radicalismo o el juecismo le reconocen moderación y –esto lo aclaran las fuentes dando por sobrentendido que es imperioso por tratarse de una figura kirchnerista– buenos modales. Tienen para ella, sí, un reproche importante: haberle entregado los SRT al gobierno nacional. Los SRT son los Servicios de Radio Televisión que dependen de la Universidad de Córdoba e incluyen, entre otros medios, el Canal 10 (uno de los tres canales abiertos), Radio Universidad y una FM. Scotto revitalizó esos medios, consiguió hacer en ellos importantes inversiones y a la vez consintió que el kirchnerismo central los alineara políticamente con el aparato oficial de propaganda, al punto de producir en la TV El avispero, un outlet de 6, 7, 8. Como interventor, desde Buenos Aires le mandaron a Esteban Falcón, un especialista cercano a Gabriel Mariotto.
"Me enorgullecí cuando Carolina fue elegida primera mujer rectora –dice la senadora Norma Morandini–, pero después me perturbó que como rectora fuera a actos partidistas." En términos opuestos, la candidatura de Scotto y su correlativa conversión en política profesional plantea el interrogante de cuánto de su historia independiente y de su formación librepensadora le aportará la filósofa ahora cristinista al kirchnerismo, alguna vez rotulado por De la Sota de stalinista.
Quién es
Nombre y apellido:
Carolina Scotto
Edad:
55 años
- Trayectoria académica
Doctora en filosofía y profesora de historia, fue rectora de la Universidad Nacional de Córdoba durante dos períodos, la primera mujer en ocupar ese cargo. - Conversión política
Sin militancia partidaria orgánica, se sumó al kirchnerismo. Encabeza la lista de candidatos a diputados del Frente para la Victoria en Córdoba.





