
Cartas de lectores: El ejemplo de la gente, brindemos país, deseos para 2023
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Carta de la semana
El ejemplo de la gente
Ponerse un objetivo. Entrenar duro para eso. Intentar siempre hacer las cosas bien. Hacer sacrificios si es necesario. Prepararse. Cambiar si no funciona. Seguir reglas. Trabajar en equipo. Mantener una férrea disciplina. Poner el valor del mérito ante todo. No rendirse nunca. Eso es lo que hace la gente común cuando quiere algo. Y ese el ejemplo que nos deja la victoria de nuestra selección argentina.
Si bien la avivada, la trampita, el internismo salvaje, la agachada, la mediocridad, el cortoplacismo, el efectismo barato y la truchada es lo que vemos a diario, sepamos que no es lo común. El día que en la Argentina prevalezcan las personas comunes (que somos mayoría) seremos un gran país. Ojalá se haga realidad en 2023.
Sebastián Parodi
DNI 22.100.179
Brindemos país
Chau 2022, lo mejor de este año para el pueblo argentino es haberlo terminado con el logro de ganar el Mundial de fútbol y lucir la tercera estrella en nuestra camiseta. Pero la alegría y la euforia que sentimos no ocultan los números de pobreza, ni los índices de inseguridad, ni la incertidumbre que nos agobia, ni la inflación que nos erosiona sueldo y capital. Tampoco es tapadera de las incoherencias de los gobernantes que piensan que el pueblo es estúpido y gritan proclamando discursos vacíos y mentirosos y atropellan la Constitución nacional sin miramientos.
Alcemos todos la copa con la alegría que nos trajo la selección para que el 2023 nos brinde mejores oportunidades de ser un pueblo feliz, con trabajo y sueños por cumplir.
Susana Mastronardi
DNI 12.276.049
Deseos para 2023
Fue una bocanada de aire fresco el haber festejado la Copa del Mundo de fútbol casi sin incidentes. Con más de cuatro millones de personas en las calles y sin prevención alguna, cualquier cosa podría haber pasado. Pero nada sucedió, solo un puñado de descerebrados trepándose a cualquier cosa. El resto celebró. También debemos agradecer a Dios que pudimos tener una Navidad en paz.
Y termina diciembre sin saqueos, pese al 100% de inflación, a la inseguridad desmadrada, a los productos que faltan en góndolas y los sueldos que quedaron muy rezagados. La pregunta es: ¿qué habría pasado si el gobierno hubiera sido de otro signo político que el actual? Probablemente habríamos tenido un país incendiado, con las provincias hundidas en su eterna miseria alzadas, con el conurbano fuera de control. Tal vez muchos argentinos se han resignado a ser trabajadores informales, a los políticos depredadores. ¿O simplemente por ser un gobierno peronista los que incitan al saqueo no operan?
El año próximo habrá elecciones, y seguramente un nuevo gobierno no peronista volverá a intentar gobernar. Pero tendrá que ser duro y contundente, creativo para resolver problemas, confiable y firme. No deberá haber diálogo en ciertos temas: a las mafias se las somete o te destruyen, ellas van a defender sus kioscos. Ante esto, nada servirá si se actúa con manos de manteca. Cuatro toneladas de piedras serán pocas. Un nuevo fracaso será tremendo para la Argentina. Quien se encargue del nuevo gobierno no deberá colocar amigos en el poder, deberá achicar las plantas permanentes y los ñoquis que viven de los argentinos. Que genere trabajo genuino, inversiones, libere a los emprendedores de la pata del Estado, recomponga salarios. Termine con los curros de los subsidios, baje impuestos, cuide la soberanía, integre a los chicos en riesgo, hoy fuera del sistema.
Hay todo por hacer. Feliz Año Nuevo.
Esteban Tortarolo
etortarolo@gmail.com
Dos mundos
El evento que tuvo como protagonista hace unos días al inefable personaje y mimado de la vicepresidenta Juan Grabois nos brindó un nuevo capítulo de sus aventuras de estudiantina colegial. El señor Grabois fue a intrusar un campo de un propietario con muchas inversiones en el país. Ingresó como los salteadores nocturnos y amenazó a los trabajadores del lugar que estaban cumpliendo sus obligaciones. Suelto de cuerpo le lanzó a su interlocutor : “Lamentablemente vos le estás laburando a un gringo que te desprecia y ahora nos estás despreciando a nosotros, que tenemos el mismo color de piel que vos”. Este le responde: “Yo estoy laburando, loco. Todos los días laburo yo”. “Todos laburamos, pero el agua es de todos”, replica Grabois. El hombre insiste: ¿Por qué no vienen cuando hay un incendio? ¿Por qué no vienen cuando hay un metro de nieve y la gente no puede salir?”, dice el trabajador. El diálogo es extraordinario. Son dos mundos. El del trabajo y la responsabilidad y el mundo de la fantasía y la holgazanería.
Lo más insólito del caso es la respuesta de Grabois al manifestar que ambos eran del mismo color de piel. Este muchacho –experto en tomas, cortes de calles y facilismo– hace referencia a una característica del ser humano como es su color de piel para afirmar su conducta ilegal. No se sabe la experiencia de trabajo de Grabois ni su historia en el mundo laboral. Solo se lo conoce por hacerles a sus semejantes la vida más difícil y perturbar el orden con sus caprichos y berrinches dignos de un adolescente malcriado.
Lo más grave del tema es que sus acciones están avaladas por el Gobierno y financiadas por las famosas cajas de dinero de los planes y subsidios.
Carlos González Fernández
DNI 8.586.133
Una sola bandera
El pueblo obtuvo un permiso, encontró un motivo para romper la grieta que le crearon sus enemigos. No los trajeron micros pagos ni se vieron sponsors. Un solo partido, la Argentina, y una única bandera… la celeste y blanca.
Alejandro Sicardi
DNI 5.172.199
Navidad, 47 años después
Tucumán 1975, Operativo Independencia, Navidad: “Esta noche tan nuestra querida, hija mía que allá en la ciudad… quiero estar yo también a tu lado mientras llega Jesús, y contarte en mis brazos la historia del soldado a quien llamás papá. Hoy la Patria me llama, pequeña, para hacerte un mundo mejor, sin piratas de rojas banderas y hombres que odian por no tener Dios”.
Así dicta la verdadera historia. Esa es la carta, luego hecha canción, que un soldado escribió a su hija durante la guerra antiterrorista de los 70.
Argentina 2022, Navidad: 47 años han pasado y la guerra aún continúa, por otros medios, como el judicial, y nuestros soldados vuelven a luchar sufriendo una injusta e ilegal prisión, con el mismo coraje, pero sin armas. Después de 47 años, hoy deben decirles –no ya a su hija, sino a sus nietos– que el mismo Estado que los mandó casi cinco décadas atrás a luchar para salvar a la Patria hoy los encarcela y mata lentamente. Mueren por abandono de persona, son encontrados muertos en sus celdas o siendo mutilados, y así llevados a juicio. O fallecen de cáncer generalizado, por no haber sido atendidos. Los que aún quedan vivos en los penales pasan en soledad las Fiestas desde hace 20 años.
Pidamos al Señor que para el próximo año nuestros soldados presos pasen la Navidad en paz y libertad, en un país justo y soberano.
Ana Delia Magi
DNI 6. 075.085
Un recuerdo de Pelé
Soy de la misma edad que Pelé. En 1959 se disputó el Campeonato Sudamericano de Fútbol, con sede en la Argentina, y el equipo de Brasil estaba alojado en las magníficas instalaciones del Club Hindú. Brasil había ganado el Mundial en 1958, donde Pelé, con sus 18 años, se había consagrado por su desempeño. Ese mismo año yo, como jugador de rugby de “Biei” Buenos Aires Cricket & Rugby Club y con 18 años, había obtenido el campeonato de rugby de la UAR. Era un sábado de abril de 1959 cuando tomé el tren a Don Torcuato para entrenar en mi club, que entonces era contiguo al Club Hindú. Terminado el entrenamiento, yo volvía a la estación de trenes cuando veo una aglomeración de chicos y jóvenes que se agolpaban alrededor de una persona; me acerqué por curiosidad y allí me encuentro con el gran Pelé, un pibe como yo. En la esquina con la ruta 202 había una heladería y Pelé dice: “¿Quieren tomar un helado?”, y todos dijimos que sí. Así, unos cincuenta jóvenes fuimos obsequiados con un helado. Muchos años después, con mi familia fuimos unos días a un “all inclusive” en Río das Pedras, Brasil, y en el fin de semana nos sentamos a cenar y, ¡oh, sorpresa!, llegó O Rei Pelé y se sentó con un grupo en la mesa detrás nuestro. Me acerqué y le dije que él seguramente no se acordaría, pero que yo no me olvidaría jamás lo ocurrido en 1959 cuando me convidó un helado allá en Don Torcuato. Se rio y agradeció que lo recordara. Terminado el fin de semana, me cruzo con Pelé, que se iba del complejo, y le digo: “¿Ya te vas, Pelé?”, y me contesta con amplia sonrisa, con ironía: “Tengo que volver a trabajar, ¡alguien tiene que trabajar en Brasil!”.
Son vivencias que demuestran la gran calidad humana que le valió el apodo de “el rey”, aparte de sus proezas futbolísticas.
Antonio J. Macadam
DNI 4.574.401
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