
Catadora de vino y de amor
Silvia HopenhaynPara LA NACION
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La película francesa Ratatouille , supuestamente para niños, plantea el poder devastador de algunos críticos sobre el artista, en este caso, culinario. La historia comienza con la muerte súbita de un gran chef luego de que el crítico gourmet de Francia más temido y respetado lo despreciara por escrito. Esta pérdida conmueve hasta las lágrimas a Rémi, una rata que no quiere ser de alcantarilla sino de alta cocina, y cuya fina percepción de los aromas la lleva a elevarse por los aires cuando degusta una combinación perfecta. El desafío será vencer al crítico. Pero, ¿cómo hacerlo? La mejor manera no es con una comida sofisticada sino con una ratatouille que le recuerde los sabores de su infancia. El film es tan delicioso como sus platos, y de gozoso mensaje para el público infantil: el buen paladar degusta de lo genuino, tanto de los materiales como de los gestos.
La escritora fallida y enóloga consagrada Alice Feiring lo demuestra en su nuevo libro, La batalla por el vino y el amor (Tusquets). Fallida porque ella misma cuenta parte de su vida en estas páginas, y la forma en que dejó de ser escritora para dedicarse a saborear la vida de manera más tangible y directa: a través del amor y del vino.
Testimonia su relato con todas las uvas y las letras. Comienza con el gran amor de su vida: su abuelo, el primer vinicultor de la familia, nacido en Rusia en 1888. A partir de su historia, Feiring traza la propia a través de los vinos y los hombres que fue conociendo? y probando. "Tanto el hombre como la uva tenían cualidades extraordinarias, aunque me costó muchísimo trabajo llegar a descubrirlas", escribe en el capítulo "Sentemos al syrah en el diván". Ye agrega: "No hay que tratar a las uvas como si fueran niños mimados para crear un vino fantástico".
Su búsqueda se centra en lo auténtico, que es su forma de definir lo tradicional. En la página 53 propone ocho mandamientos para establecer el punto justo del vino, como la "vendimia a mano" o la "ausencia de maceración fría prolongada".
Con el hombre no sabe muy bien qué hacer. Por eso, en su libro también aparece un crítico feroz y venerado (como el de Ratatouille ), el enólogo Robert Parker, responsable de la suba y baja de los vinos más preciados del mercado internacional. El ángulo de su pulgar puede incluso favorecer que una marca determinada cotice en la bolsa. De allí que la autora eligiera de subtítulo "O cómo salvé al mundo de la parkerización". No es que ella intente destituir al crítico, pero sí confrontarlo con la tendencia a la estandarización y la falta de tradición.
Cuando logra contactarse con Parker, el diálogo que sostienen es digno de un brindis. El punto clave parece ser el " terroir ". Según el propio Parker, "en una cata a ciegas yo puedo adivinar la uva que lleva, se puede distinguir un burdeos de un pinot noir, pero ¿el trozo de tierra de dónde procede?" De eso se trata: de la procedencia y el proceder.
Como un buen libro de non-fiction , La batalla por el vino y el amor culmina con una pródiga vendimia en la Roche-Blanche y da cuenta de que una buena cosecha (en cualquier ámbito) mejora la vida de cualquiera, y la de quienes lo rodean.





