Mauricio

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
(0)
5 de septiembre de 2019  

Al fin, el Papa visitará y sonreirá a Mauricio. Mejor tarde que nunca. Era hora. Puede ser que Mauricio tenga otras formas de pensar, pero eso no impedirá el abrazo fraterno, tan demorado.

Conmueve que el octogenario pontífice argentino salga de la comodidad del Vaticano, se tome un avión y se acerque a su jefe (Dios) al trajinar los cielos tantas horas para estrechar a Mauricio.

Antes de arrancar, lo tuvo que haber meditado muy bien. Tantos años de mutua indiferencia debieron pesar para que el vicario de Cristo planificara cuidadosamente ese esperado encuentro que, claro, puede tener sus bemoles. Pero Jorge Bergoglio no es de esas personalidades que les quitan el cuerpo a los desafíos. Más bien, por el contrario, va directo hacia ellos sin especular ni medir consecuencias.

La ansiedad de Mauricio es comprensible: no todos los días se recibe un visitante de esa jerarquía y ultima los detalles para que nada falle. Aún tiene unos días para ajustar el protocolo al máximo. Francisco llegó ayer a Mozambique, mañana arribará a Madagascar y el lunes aterrizará sonriente, en medio del océano Índico, en la gentil, paradisíaca, democrática y muy pujante República de Mauricio.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.