
Chagas, la enfermedad de la pobreza
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Cuando faltan tan sólo tres años para el centenario del descubrimiento del mal de Chagas muy poco ha sido el avance para combatir esta enfermedad asociada a la pobreza, que en la Argentina se estima que afecta a alrededor de 2.300.000 personas y es causa de muerte de 50.000 por año en América latina.
Si bien las estadísticas son imprecisas, se calcula que más de 2 millones de personas están infectadas en nuestro país con el Trypanosoma cruzi -el parásito que provoca la enfermedad-, cifra que en el mundo llega a 20 millones.
Como los síntomas pueden tardar décadas en manifestarse y como los enfermos, por lo general, viven en la pobreza, la enfermedad se ignora con mayor facilidad y los gobiernos de todo el mundo, incluyendo el de la Argentina, no han desperdiciado oportunidad para hacerlo. Es difícil de dilucidar el presupuesto que el Gobierno destina por año a la erradicación del mal de Chagas, aunque de manera extraoficial se ha indicado que se destinan cerca de 3 pesos por persona infectada por año.
El avance sigiloso de la enfermedad esconde una realidad diaria plasmada de dolor. Los afectados sufren trastornos cardíacos, intestinales y neurológicos severos que pueden llevarlos a la muerte.
La industria farmacéutica, tanto nacional como extranjera, no ha dedicado recursos a la investigación y el desarrollo de medicinas para prevenir o curar el mal. Sólo hay dos medicamentos para tratarlo, que son efectivos por poco tiempo, luego de la infección o en niños de hasta 14 años. Luego de eso, no hay cura. Ambos remedios fueron desarrollados hace más de 30 años, tienen severos efectos colaterales, son difíciles de encontrar y, cada tanto, falta stock o las unidades que hay están vencidas.
Tratar a un paciente para devolverlo a un rancho de adobe y paja infectado de vinchucas, el insecto portador de la enfermedad, es una batalla perdida de antemano. El mal de Chagas es una enfermedad de la pobreza, la desidia gubernamental y la ignorancia y despreocupación de nuestra sociedad.
Las migraciones de trabajadores de los países de América latina hacia Europa y los Estados Unidos, irónicamente, pueden llegar a abrir una puerta hacia una solución médica. En los países desarrollados que reciben inmigrantes ha comenzado a crecer la preocupación por la aparición del mal, a partir de la donación de sangre u órganos de personas infectadas.
Es de esperar que cuando en 2009 se cumplan 100 años del descubrimiento del mal, nuestro país pueda mostrar un avance en el combate y control de la enfermedad.





