
Chau picho
"Dennos un changüí para ordenar el desorden de 12 años".
(Del Alfonso Prat-Gay, ministrode Hacienda y Finanzas)
El ministro Alfonso Prat-Gay pidió que se le diera al Gobierno un "changüí". Según el Diccionario fraseológico del habla argentina, de Pedro Luis Barcia y Gabriela Pauer, dar un changüí es conceder una ventaja para luego ganar más. Se deduce sin mucho esfuerzo que el pedido del funcionario es un "¡araca la cana!" (exclamación de alarma) para "levantar el muerto" de la década que nos dejó "en yanta" (secos, vendría a ser, siempre siguiendo esa pequeña joya de la fraseología que esta cronista rescató con gusto de un estante de la reciente Feria del Libro).
Cuán sabios y oportunos los dichos allí recogidos. Y qué tentación extrapolarlos a nuestra querida coyuntura, siempre tan seductora para la práctica de la libre asociación.
He aquí un breve relato surgido de esas deliciosas páginas:
Tardó el club de los CEO, pero finalmente se decidió a "batir la justa". Desde que "a gatas parió la gata" (Macri, en el ballottage), se pasó del temor a denunciar el "puro vento" K al "apretate la cincha" que hay que pagar los platos rotos.
Salieron a pecharlos "como gallo de Morón, sin plumas y cacareando" (que mejor ejemplo que el de Sabbatella), enojados "como víbora que ha perdido la ponzoña" (asocie el lector lo que más le guste), y terminaron "como güevo guacho", (lo conocían todos y ahora lo dejan solo: Jaime, Báez y compañía).
Los nuevos "se agarraron a los sarandises" (desesperados, a la posible tabla de salvación) y mandaron a un "aburrido como ascensor sin espejo" (Aranguren) a explicar las primeras "pedradas en ojo tuerto" (medidas muy inoportunas).
Hubo quien los creyó "tocando un vals" (locos), con "falta de asfalto" (experiencia) e inútiles "como alpargata para el barro". Y se asombraron cuando los novatos "les dieron soguita" (simularon una facilidad) con el quórum para la ley antidespidos y después se la voltearon.
Algunos ex "colgaron los botines" (Oyarbide), se pusieron "ásperos como lomo' e sapo" (Kunkel y su provocador operativo retorno) o "alzaron el poncho" (como Cristina arengando en Comodoro Py).
Las denuncias de Lilita van "de Herodes a Pilatos" (sin distinciones). Y lo peor es que "nunca falta un buen corneta" (Durán Barba), "peligroso como peluquero borracho".
Estamos en la etapa de "mirar ladeado" (todos se otean con inquina). Lo cual no es malo. Peor sería que reediten el "Yo, argentino". Y entonces sí: "chau picho".






