
Cien años de doctrina neuronal
Por Osvaldo D. Uchitel Para LA NACION
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Cien años atrás, Camilo Golgi (1843-1926) y Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), dos grandes de las neurociencias, recibieron el Premio Nobel por sus estudios sobre la estructura del sistema nervioso. Sus teorías opuestas generaron un contrapunto que se extendió durante varias décadas y enemistó a sus respectivos defensores. Golgi sostenía que los componentes del sistema nervioso estaban interconectados, comunicados entre sí formando una red. Cajal, en cambio, defendía el concepto de la individualidad de cada célula o neurona, basándose en la teoría celular (todos los organismos compuestos por estructuras individuales, las células).
Utilizando las técnicas histológicas desarrolladas por Golgi, Cajal investigó la estructura del tejido nervioso de animales adultos y en desarrollo, y describió con gran detalle los contactos entre las neuronas (sinapsis). Las pruebas a favor de la doctrina neuronal se fueron acumulando, pero el tema se resolvió sólo con el desarrollo de la microscopia electrónica ( c. 1950), que permite discriminar objetos que sólo se distancian en una fracción de micrón. Esta técnica, utilizada por el neurocientífico rioplatense Eduardo De Robertis (1913-1988), permitió demostrar que, en la mayoría de las sinapsis, las neuronas no se fusionan sino que existe un espacio que mantiene la individualidad de la neurona presináptica y la postsináptica, lo que confirma los postulados de Cajal. Sin embargo, en los últimos años, los desarrollos tecnológicos han permitido rescatar algunos de los conceptos de la teoría reticular de Golgi.
Hoy se reconoce la existencia de canales de comunicación directa entre neuronas, por donde partículas de pequeño tamaño pueden circular de una a otra, y entre neuronas y células de no neuronales (glía). Más aún, estos canales pueden ser habilitados o cerrados por sustancias liberadas en el sistema nervioso, lo que permite sospechar la existencia de mecanismos de comunicación no descifrados. Cajal postuló también el concepto de polarización dinámica de la neurona: "Desde la dendrita, el impulso nervioso viaja hasta el cuerpo de la neurona y desde allí abandona la célula a través de su axón". Un concepto de viaducto unidireccional en revisión. Registros eléctricos y ópticos mostraron que los impulsos van y vuelven dentro de la misma neurona y dan lugar a un flujo de información que va de las dendritas (punto de entrada de la información) al soma neuronal y, de allí, de nuevo a las dendritas, para transmitirles lo que acontece en el axón (punto de salida).
En el presente, las neuronas siguen siendo reconocidas como entidades anatómicas discretas, pero no son unidades funcionales como se pensó cien años atrás. Hoy se reconoce en las dendritas y en los contactos sinápticos de una misma neurona una enorme diversidad y cierto grado de independencia. Esta nueva visión, que algunos definen como la era posneuronal, es imprescindible para comprender cómo estos elementos se ensamblan en complejas organizaciones que, como el cerebro humano, nos permite tener conciencia de la existencia y, además, tener la osadía de estudiarse y pretender comprenderse.





