Color ladrillo
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Dhaka, Bangladesh.- Polvo de ladrillo en la tierra, en la piel, en el aire. Hombres, objetos y suelo comparten un único color en este rincón de Bangladesh. La simetría incierta de la imagen -esos dos carros casi atestados, dos diagonales casi perfectas-, la cerrazón de la pared al fondo, los gestos concentrados de los obreros, un par por cada carro: hay algo asfixiante, inquieto e inexplicablemente magnético en una foto que podría haber sido muy distinta. Solo un cambio de encuadre o de luz, y la pizca de enigma -quizá de eternidad- se diluiría en un agotado transcurrir de labor cotidiana. Pero allí están ellos, sin embargo; sumergidos en el color arcilloso del material que acarrean. Hubo un día, al alba de la humanidad, en que un ladrillo de adobe hizo la diferencia. Incontables siglos después, nuestras casas se erigen sobre un sudor tan remoto y anónimo como el de los que iniciaron todo.








