Ecología con visión cristiana

Miguel A. Schiavone
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19 de noviembre de 2019  

Nos inunda la tristeza ante noticias como los incendios en la Amazonia, el derretimiento de Groenlandia, el huracán Dorian y otros desastres que azotan al planeta, por lo que es oportuno recordar la encíclica Laudato si' (2015). Históricamente, los temas medioambientales eran abordados por políticos, economistas y ecologistas, pero Francisco nos lleva a una perspectiva espiritual. Uniendo razón, ciencia y fe, recoge las evidencias científicas y las vincula con las enseñanzas de la Iglesia. "Si de verdad queremos construir una ecología que nos permita sanar todo lo que hemos destruido, ninguna rama de las ciencias y ninguna forma de sabiduría puede ser dejada de lado, tampoco la religiosa".

Laudato si' tiene una perspectiva social, tecnocrática, laboral y ecológica. Esta última dimensión obliga a replantear la forma en que cuidamos nuestra casa común, cómo y qué producimos, cómo consumimos y cómo nos desarrollamos. Francisco nos recuerda: "Dios siempre nos perdona, el hombre a veces... pero la naturaleza nunca".

Laudato si' tiene raíces bíblicas. En el libro del Génesis el ser humano es llamado a labrar y cuidar la tierra. El Papa, con tono poético, retoma el "Cántico de las criaturas" de San Francisco de Asís y resalta la mística de la creación: "Alabado seas mi Señor, con todas tus criaturas, especialmente por el hermano sol, la hermana luna y las estrellas". "Alabado seas mi Señor, por la hermana nuestra madre tierra".

El texto visualizaba: "Los ecosistemas de las selvas tropicales tienen una biodiversidad con una enorme complejidad, casi imposibles de reconocer integralmente, pero cuando esas selvas son quemadas o arrasadas para desarrollar cultivos, en pocos años se pierden innumerables especies, cuando no se convierten en áridos desiertos. (...) Tampoco se pueden ignorar los enormes intereses económicos internacionales que, bajo el pretexto de cuidarlos, pueden atentar contra las soberanías nacionales".

Identificamos 5 grandes amenazas. Consecuencias de las actividades extractivas: explotación minera, hidrocarburífera e ictícola. Efectos de la actividad industrial y la urbanización: contaminación de suelo, aire y agua. Cambio climático: capa de ozono, calentamiento global, lluvia ácida. Aumento de las inequidades: el cambio climático perjudica a todos, pero produce un efecto desproporcionado en los pobres. Consumismo y modelo tecnocrático: durante muchos años fueron la base del desarrollo bajo la premisa de que el medio ambiente estaba al servicio del hombre, sin medir su impacto. El consumismo compulsivo es parte del egoísmo humano, cuanto más vacío está el corazón se necesitan más objetos para compensarlo. Cuanto más consumista es el hombre, más destruye la naturaleza y por ende se destruye a sí mismo. La austeridad cristiana invita a ser felices con lo poco que se tenga.

La encíclica promueve el diálogo global, incluyendo a la sociedad para que cambie sus hábitos, a la industria para que promueva formas más eficientes de producción y al Estado para que incorpore nuevas estrategias regulatorias. En la construcción de un nuevo modelo de crecimiento sustentable y equitativo que redima al hombre, el Papa nos invita a la conversión interior.

Rector de la Pontificia Universidad Católica Argentina

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