En Cambiemos, sin oportunismo ni complacencia

Fabio J. Quetglas
Fabio J. Quetglas PARA LA NACION
Hipólito Yrigoyen
Hipólito Yrigoyen Fuente: LA NACION - Crédito: Alfredo Sabat
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23 de mayo de 2019  

Dentro de pocos días se reunirá la convención nacional de la UCR . Una vez más el centenario partido se exhibirá frente a la sociedad en un ejercicio esencial para sus miembros y extraño para el conjunto del sistema político. La deliberación reglada e igualitaria es un método a contracorriente de la cultura de época, dominada por el ruido de la información incomprobable, los personajes fake y otros subproductos de comunicación amplificados por la sociedad-red.

Sin embargo, en cualquier contexto, para los radicales expresar sus ideas y compartir un espacio de intercambio y reconocimiento sigue constituyendo la energía esencial contra los determinismos, la cultura providencial y otros virus que afectan a la democracia en todo el mundo. Como en otros casos, lo viejo puede resultarnos útil si lo usamos como corresponde. Esta convención debe aportar a este momento argentino, debe ofrecer compromisos y visión. Sin compromisos, toda construcción política es banal y sin visión la competencia se reduce a una disputa de simpatías y ocurrencias.

La Argentina se encuentra transitando momentos difíciles, resultado de una larga historia de errores acumulados, muchos de ellos recurrentes. A lo largo de las últimas décadas nos hemos descapitalizado, no solo financieramente. Nuestra infraestructura se volvió obsoleta, nuestro capital social se erosionó con la desconfianza, la falta de un acuerdo social educativo golpea nuestro capital cognitivo actual y futuro. Revertir ese cuadro requiere reformas, ahorro, tiempo. Un esfuerzo que solo puede asumirse socialmente si lo dotamos de sentido.

Es cierto que muchas reformas impulsadas por el Gobierno van a expresar todo su potencial en el tiempo, como las bajas de los costos logísticos, las mayores exportaciones por nuevos acuerdos internacionales o la expansión de la oferta energética; de todos modos es igualmente cierto que mientras tanto padecemos los esfuerzos adaptativos para salir de una economía agotada y descapitalizada.

Los radicales lo saben mejor que nadie; muchos gobiernos padecieron el malhumor social frente a cambios que consideramos imprescindibles desde un sentido de responsabilidad. Recordamos la experiencia del doctor Terragno con su programa de reformas: si bien era casi unánime el diagnóstico sobre un modelo de empresarialidad estatal agotado, el ventajismo político prefiere siempre estimular una crisis en manos ajenas a cualquier respuesta alternativa.

La sociedad argentina no es la misma; las crisis recurrentes y los actores repetidos han forzado un aprendizaje doloroso: las soluciones no se construyen evitando las reformas, eludiendo pagar costos políticos o saltando de un espacio a otro hasta marear a los ciudadanos.

El radicalismo debe en esta convención ratificar su compromiso democrático con el impulso a la paridad en todos los espacios, con una economía incluyente que despliegue federalmente sus posibilidades, con la apertura a nuevos desafíos en la agenda pública, pero sobre todo debe honrar su historia con el sostenimiento de un orden republicano que no se limita al cuidado de la institucionalidad formal, sino que debe incluir un sentido de responsabilidad.

La pertenencia del radicalismo a Cambiemos no debe fundarse en una perspectiva oportunista, ni ser complaciente, sino que debe ser un posicionamiento comprometido con cuestiones esenciales que la Argentina requiere: ampliar en actores, en temas y perfeccionar en calidad el debate público y bajar sus niveles de violencia, y llevar adelante un sostenido proceso de reformas estructurales consensuadas frente a una economía que debe dar un salto enorme hacia adelante. Para emprender estas tareas se necesita vocación, amplitud política y una clara visión anticorporativa.

Pero, además, la convención debe mostrar la visión del radicalismo. Una visión que supere el setentismo que reducía la conflictividad social a un planteo tan sencillo como engañoso; pero que también supere la tentación ochentista excesivamente confiada del funcionamiento institucional como solución a todos los males. Por su historia, el radicalismo debe ser contemporáneo, ofrecer una perspectiva ligada a la actualidad, apoyada en nuestra realidad, en las referencias económicas, tecnológicas y culturales de este tiempo.

Los radicales pueden defender los valores que los mueven, con los instrumentos actuales y con el deseo intacto de construir un país más justo, más moderno, menos conflictual. La visión es un boceto de ese país que debemos contribuir a construir y que habría que discutir en la UCR y en Cambiemos de cara a la sociedad:

Cómo construir una economía más competitiva, emprendedora, responsable fiscalmente y con un marco regulatorio que facilite la contratación y responda al mundo laboral de hoy. Necesitamos más y mejores empresas, debemos cambiar una cultura de renta y retomar la senda que premie la innovación y la aplicación intensiva del conocimiento.

Cómo recalificar la totalidad del aparato estatal, incluyendo los tres poderes y los gobiernos sub-nacionales. El déficit en el funcionamiento del Estado expone a las personas vulnerables ampliando la desigualdad y además lesiona la legitimidad democrática al retribuir mal por el esfuerzo fiscal que los ciudadanos hacen. La profesionalización del Estado es una forma inteligente de limitación de la arbitrariedad y de reconstrucción de la confianza pública.

Cómo edificar un nuevo Estado de bienestar que nos dé un sentido de pertenencia y facilite el despliegue de las potencialidades de todos y todas. No habrá reformas económicas sostenibles sin ampliación social. Recuperar el prestigio y la calidad prestacional de algunos servicios públicos esenciales, profesionalizando el diseño de políticas, es complementario y no contrario a la modernización económica. En especial el servicio público educativo debe recuperar el rol y la mística de ser el gran motor de movilidad social.

Cómo romper las asimetrías reequilibrando territorialmente el país a partir de la vitalidad de los centros urbanos intermedios. Vivimos el siglo de las ciudades y también de las migraciones. Con la política adecuada puede ser una oportunidad, sin ella será un laberinto irresoluble. El reequilibrio territorial es el nuevo nombre del federalismo argentino.

Para los radicales, la convención nacional es al mismo tiempo una fiesta de encuentro y polémica y una oportunidad. El deber del partido es honrar ese espacio que los radicales aman, llenándolo de contenido y de sentido.

Diputado nacional Pcia. Bs As. UCR/Cambiemos

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