Un hito histórico para la Argentina

Alejandro Poli Gonzalvo
Alejandro Poli Gonzalvo PARA LA NACION
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9 de septiembre de 2019  

En la vida de las naciones, ciertos hitos dejan huella y se transforman en puntos de inflexión que marcan su futuro. En la historia argentina, un grupo de estos hitos jalonan nuestra trayectoria como nación con voz propia en el concierto internacional.

Los que están más alejados en el tiempo reúnen el consenso de las generaciones actuales y no necesitan que se justifique su inclusión como hitos históricos. La Primera Junta de Gobierno Patrio, la Declaración de la Independencia y la Constitución de 1853 representan los pilares fundacionales de la Nación Argentina. Junto a esos hitos, ubico dos leyes decisivas para el progreso, sancionadas en el período de la República liberal, que son bien conocidas, pero que no siempre se equiparan como un hito histórico de primera magnitud. Ambas constituyen un ejemplo virtuoso de los beneficios que se obtienen por mantener políticas de Estado durante décadas.

La ley 817, de inmigración y colonización (1876), llamada la ley Avellaneda en homenaje a su propulsor, quien era una autoridad en la materia, fue la génesis del pueblo argentino moderno. La ley estuvo vigente más de un siglo y fue recién modificada en 1981.

La ley 1420, de educación común, fue sancionada en 1884, durante la presidencia de Roca, y establecía que la educación había de ser universal, común, mixta, gratuita, obligatoria y neutra. Que el Estado era el responsable de la educación pública y de financiarla mediante un fondo escolar permanente. En su artículo 8, disponía que la enseñanza religiosa se hiciera fuera del horario escolar, la piedra del escándalo de la época que originó un dura disputa entre católicos y partidarios del laicismo en la educación.

La ley 8871, de elecciones nacionales, sancionada en 1912 y conocida como ley Sáenz Peña por el nombre del presidente que fue su principal impulsor, estableció el sufragio para varones universal, secreto y obligatorio. La ley representó un hito histórico como punto de encuentro entre las presiones del radicalismo para terminar con el fraude electoral y la lúcida mirada de los reformistas liberales, que entendían que había llegado el momento de establecer prácticas electorales democráticas. Lamentablemente, en este caso no se pudo sostener a largo plazo la vigencia de la ley y la inestabilidad institucional reinó entre los argentinos hasta 1983, con su secuela de atraso y violentos enfrentamientos.

El 17 de octubre de 1945 constituye un hito histórico en razón de inaugurar la extensa trayectoria de la hegemonía peronista.

El retorno jubiloso de la democracia en 1983 y su consolidación como régimen de vida de los argentinos son el hito histórico que inaugura el período que estamos viviendo, que todavía no supimos traducir en bienestar para los ciudadanos porque no hemos logrado los consensos necesarios para dejar atrás el país cerrado del nacionalismo corporativo y las prácticas demagógicas del populismo como método de mantener un statu quo, lo que a esta altura del siglo XXI significa no subirse al tren del futuro que recorre el planeta. No hacerlo es perder la oportunidad de aprovechar el inmenso potencial del país y, lo que es peor, seguir condenando a millones de argentinos a la pobreza.

En este sentido, el acuerdo UE-Mercosur debe ser el punto de Arquímedes capaz de mover nuestro pesado mundo de intereses particularistas y privilegios de grupo acumulados durante décadas para dar paso a liberar toda la energía creativa del talento argentino en un mundo globalizado y que no nos esperará a nosotros. Integrarse al mundo fue la receta de nuestro éxito en el siglo XIX, y no hacerlo tras la Segunda Guerra Mundial, la causa de nuestros fracasos recurrentes.

Entendido en una perspectiva estratégica a largo plazo, el acuerdo UE-Mercosur puede representar el hito que nos obligue, ya que hemos sido incapaces de lograrlo por nosotros mismos, a transformar nuestro sistema productivo en uno más competitivo, que genere inversiones y exportaciones sobre la base de explotar nuestros recursos naturales y aprovechar los recursos humanos e institucionales, el único modo conocido de crear riqueza, empleo y bienestar. Es importante discutir la letra chica del acuerdo, porque nadie regala nada, pero sin que ello nos haga perder de vista que si hacemos las cosas bien, dentro de veinte años un historiador podrá confirmar que efectivamente la firma del acuerdo constituyó el hito histórico que finalmente nos abrió el camino del progreso y la equidad.

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