¡Cómo te envidio!

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
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27 de diciembre de 2018  • 03:11

¿Alguna vez has tenido envidia? ¿Alguna vez te han envidiado? ¿Alguna vez alguien te lastimó? ¿Alguna vez vos lastimaste a alguien? La envidia, por lo general, se oculta. La persona que envidia expresa: "Estoy triste, o estoy enojado, o estoy molesto, o te detesto, o te odio". Pero es raro que diga: "Te envidio". Cuando lo decimos, lo hacemos cariñosamente: "¡Ay, cómo te envidio!", lo cual es más admiración que envidia.

La envidia es un sentimiento terrible. Es un dolor que se transforma en odio para destruir lo envidiado. Es decir, genera una sensación de ira que hace que se desee destruir lo que se envidia. Se trata de una conducta infantil. Cuando le damos un juguete a cada uno de nuestros hijos, ellos se pelean por lo que le tocó al otro.

La envidia tiene lugar entre colegas o pares. Si soy periodista, seré envidiado por un periodista o por un lector. Si soy escritor, seré envidiado por un escritor. Se envidia también a alguien contemporáneo. Es raro que un cantante envidie a otro cantante que ya falleció. Se pueden envidiar hasta el carácter o la manera de ser. Se pueden envidiar el poder y la influencia del otro.

Cuando una persona divertida está relajada y exhibe una actitud de esperanza, siempre habrá alguien que envidie su actitud positiva hacia el mañana y desee arruinarle su momento de felicidad. Hay personas que envidian la esperanza. Otras, envidian el dinero. La pregunta "¿cuánto ganás?" casi siempre esconde envidia. Se puede envidiar el estudio. Un compañero que le dice a tu hijo: "¿Para qué estudiás? ¡No estudies!" lo hace porque está envidiando que el otro estudie. Se puede envidiar la familia. En los casos de infidelidad el amante, en realidad, lo que está haciendo es competir con la pareja de la persona con la que tiene una relación.

¿Qué hacer para no ser envidiado?

Siempre que uno alcanza el éxito, le va bien en la vida u obtiene algún logro, aparecerán dos tipos de personas: los que lo celebran o los que lo envidian.

La envidia surge cuando alguien tiene un pequeño éxito. Podría ocurrir que tengas un logro económico y nadie te envidie porque aquellos que te rodean no desean tener dinero; pero quizás alguien envidia tu familia y alguien más envidia tu actitud de esperanza. Si tenés un buen trabajo, si sos empático con los demás, si sos una persona elocuente y eficaz, lamento decirte que te van a envidiar. Ya lo decía el sabio rey Salomón: "La excelencia genera envidia".

El envidioso descalifica porque quiere destruir. Debemos enseñarles a nuestros hijos que no sean envidiosos. Básicamente este es el mecanismo de la envidia:

  • Me comparo
  • Siento que no puedo lograr lo que el otro tiene y eso me produce tristeza y enojo
  • Se activa la envidia que es la descalificación de lo envidiado o del envidiado

Algunas ideas prácticas

1. Compartir, no competir

Enseñémosles a nuestros hijos a no competir con sus compañeros ni con sus amigos. Si van a competir, que lo hagan con ellos mismos. Es decir, que se superen a sí mismos pero con la gente, simplemente, que compartan.

2. Averiguar cómo lo hizo

Enseñémosles a nuestros hijos que, cuando vean que a alguien le va bien en la vida, averigüen cómo lo hizo. Esto significa poner el foco en el proceso, no en el suceso. Si vos tenés un negocio que vende alimento para mascotas y te va bien, el envidioso dirá: "¡Cómo estás juntando dinero!". Pero vos estás apto para responder: "Cada mañana madrugo, me alisto para mi tarea, trabajo sin detenerme, trato de aconsejar a mis clientes y brindarles el mejor servicio. Permitime que te cuente el proceso…". Si vemos que alguien está creciendo, no lo envidiemos; preguntémosle cómo lo hizo para aprender e incorporar información. El éxito nos encuentra trabajando.

3. No perturbarse

Enseñémosles a nuestros hijos a no perturbarse cuando alguien los envidia o los descalifica. Aunque te envidien, seguí tu objetivo y no te detengas. Tenemos que seguir adelante porque siempre aparecerá gente envidiosa. Si la gente envidiosa utilizara toda esa energía para construir su sueño, en lugar de criticar, sus logros y avances serían muy grandes.

Cuando funcionamos en envidia, perdemos velocidad y no podemos movernos con libertad y rapidez. Como resultado, todo nos cuesta más. Y, sobre todo, perdemos autoridad. La envidia nos enferma; la admiración nos expande. Sé un abridor de caminos para los que quieran aprender. Enséñales a otros cómo hiciste para avanzar, no te lo guardes ni tengas miedo de compartirlo.

Mi amigo Lucas Márquez, conferencista y escritor chileno, me enseñó que si mi sueño es más grande que yo, no es un sueño sino un monstruo que me terminará aplastando. Pero si el soñador es más grande que el sueño, no será aplastado por este. Nunca se formó un marinero experto en aguas tranquilas. Si te golpean de todos lados, deberías estar contento porque el entrenamiento que estás teniendo es para jugar en primera línea.

No envidies, admirá y estarás listo para jugar en las mejores ligas. Y recordá: contales tus bendiciones a los que se alegran con vos y sé más reservado delante de los envidiosos. El verdadero amigo no es el que llora con nosotros sino el que se alegra cuando nos va bien.

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