
Corazón
El viernes 14 de octubre, a las 11 de la noche, Elian Labonia, de 34 años, autorizó a ser progresivamente sedado para terminar con el martirio que viene padeciendo en los últimos meses. Inmovilizado de los pies a la cabeza, sin habla y con traqueotomía, ingresó en la terapia intensiva del hospital Santojanni, el 5 de junio último, y ya nunca más salió de allí.
En mayo de este año le había empezado a molestar el cuello y se contracturaba mucho. En el Piñeyro le dijeron que era estrés. Empezó a hablar más bajo. Tuvo que abandonar su puesto de asistente de cocina en un restaurante porque se le caían las ollas de las manos. Su pareja, Claudia Segovia, lo llevó también al Álvarez y al Muñiz. Al fin, dieron con el diagnóstico: ELA.
Siguió empeorando. Él pidió que sus cenizas fueran esparcidas en el estadio de Racing, el club de sus amores. Claudia, las quiere con ella en su casa.
La ELA es muy dura en cualquier clase social, pero doblemente cruel en la pobreza. Claudia y sus dos pequeños hijos sobreviven con planes, que la obligan ir a marchas. Para ayudarla, pueden escribirle a claudiasegovia900@gmail.com.
Al cierre de este breve comentario, el corazón de Elian seguía latiendo.






