Los adultos mayores: mitos referidos a la cuarta y a la quinta edad

Bernardo Stamateas
Bernardo Stamateas PARA LA NACION
El cuidado de los adultos mayores
El cuidado de los adultos mayores Fuente: LA NACION - Crédito: Hernán Zenteno
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23 de abril de 2020  • 00:39

Sabemos que no existe una etapa evolutiva mejor que otra. Cada etapa tiene su propio encanto. Lo importante es descubrir las virtudes y las alegrías de cada una. En ninguna lo tuvimos todo y en ninguna nos faltó todo. Pero a medida que el tiempo transcurre, se van tejiendo algunos mitos referidos a la cuarta y a la quinta edad.

Compartimos algunas ideas al respecto:

a. A medida que uno crece, desarrolla una tendencia a volverse más positivo

Muchos opinan lo opuesto, que a medida que uno crece, se vuelve "negativo", "cascarrabias", "amargado". Pero dejando de lado las excepciones, en general, sucede todo lo contrario. Tomar conciencia de nuestra finitud, valorar más el tiempo y la experiencia de vida acumulada nos conduce a adquirir la capacidad de priorizar de manera mucho más inteligente. Las cuestiones por las que uno tanto se preocupaba antes han dejado de ser un motivo de ansiedad. Alguien expresó: "A los 15 años me preocupaba por lo que la gente pensaba de mí; a los 30 años dejé de preocuparme por lo que los otros pensaban de mí; y a los 60 años me di cuenta de que ¡nunca nadie pensó en mí!". A diferencia de la creencia popular, muchas veces uno establece contacto con personas de más de 70 años y recibe un suministro de alegría y de energía que es producto de la madurez acumulada.

b. Experiencia y sabiduría

A medida que uno transita su vida, suele mirar hacia atrás y ver en el camino experiencias de gran aprendizaje. Esto hace que descubramos las fortalezas y todos los recursos que poseemos y que nos ayudan a atravesar grandes crisis. Es por esta razón que la imagen del "pobre anciano" resulta falsa también. A la mayoría de los seres humanos, con el paso del tiempo, la vida les impone una mayor introspección y capacidad de reflexión. Esto nos permite transformar los errores en experiencias y redescubrir los recursos internos que poseemos y nos siguen acompañando más allá de las limitaciones físicas de la edad.

c. Vivir el presente construyendo vínculos afectivos

Una necesidad que todas las personas compartimos es la de intimidad. Todos los seres humanos anhelamos ser amados, valorados, abrazados; y también amar, valorar y abrazar a otros. Esta apertura y búsqueda es una construcción a lo largo de toda la vida. Hoy no podemos abrazarnos físicamente, pero sí podemos hacerlo con la mirada, con la palabra. En ocasiones, nuestro error es esperar que alguien nos contacte y nos anime, nos consuele. Cuando descubrimos que podemos tomar nosotros la iniciativa (y, por ejemplo, llamar en esta situación de cuarentena a tres personas por días para transmitirles una palabra de ánimo y de aliento), esto nos es retribuido en alegría. Ser solidario resulta siempre terapéutico.

d. Honrar la vejez

La vida no comienza a los 40 años sino cuando uno decide que comience. Llegar a la vejez es un éxito. La muerte no es la última etapa de la vida, ya que esta puede aparecer en cualquier momento. Cumplir años es una señal de triunfo. Debemos honrar a nuestros mayores; llamarlos para pedirles un consejo, escuchar sus historias y aprender de sus experiencias. Dicha actitud consigue que la fuerza de la juventud se una con la fuerza de la adultez y esta unión produce siempre un avance en todas las áreas de la vida.

e. La vejez es tiempo de proyectos. ¡Así es!

Según las limitaciones físicas y las dificultades de cada persona, jamás deberíamos perder de vista los sueños, los proyectos. Es posible mantenerse siempre activos en cuanto a sueños, más allá de que los podamos alcanzar o no. Lo importante es estar en movimiento procurando nuevos estímulos, "escalando una nueva montaña", abandonando la victimización y la nostalgia, con la certeza de que siempre es posible construir un futuro mejor. ¡Prohibido jubilarse psicológicamente!

En medio de esta crisis, hemos descubierto que necesitamos cuidarnos los unos a los otros. El virus del individualismo debe morir para lograr llevar a cabo el trabajo en equipo: respetarnos, valorarnos y amarnos. Todos tenemos una fecha de vencimiento y, debido a la actual pandemia del coronavirus, podemos reconocer la fragilidad de la vida que no respeta edad, país, religión o cultura.

Esto debería llevarnos a una introspección para pensar qué cosas son importantes en la vida, cuánto estoy invirtiendo en mis vínculos afectivos, cómo puedo hacer crecer mi mundo interior y de qué manera estoy unido al otro desde el amor. El deseo común es que, luego de que hayamos superado este momento tan difícil, lo podamos transformar en crecimiento y en una mejor sociedad.

Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com

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