Cuando una democracia agrava la pandemia

Omar Argüello
Omar Argüello PARA LA NACION
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10 de mayo de 2020  • 19:30

Son muchas las voces que alertan sobre el uso de la pandemia como excusa para tomar medidas que dañan a la democracia republicana. Pero estas voces, legítimas y necesarias, no deben oscurecer los casos en los que la ineficiencia de gobiernos democráticos han agravado los efectos del coronavirus.

Si bien es cierto que "la peste" hizo su aparición en un país gobernado no democráticamente, hay una responsabilidad anterior, compartida por todos los países, incluidos los democráticos, en cuanto a no haber atendido a los resultados de estudios científicos que hace ya años alertaban sobre la aparición de un virus como el que nos afecta. Faltaron incentivos para que esos aportes de la ciencia pura se transformaran en ciencia aplicada, cuyos insumos debían ser procesados y convertidos en políticas a partir de las recomendaciones de los ministerios o secretarías de ciencia y tecnología de cada país. También hubo, y hay, fallas serias en organismos de nivel internacional (como la Organización Mundial de la Salud), que son creados, y deben ser monitoreados, por los representantes de todos los gobiernos miembros de las Naciones Unidas.

Por otra parte, instalada ya la pandemia, han aparecido situaciones en las que el uso ineficiente del aparato del Estado por parte de gobiernos democráticos ha agravado sus consecuencias. Lo que se ha manifestado tanto en una deficiente prestación de servicios básicos, como en la incapacidad de esos gobernantes para generar los recursos genuinos que mejorarían las condiciones de vida de buena parte de la población.

Apuntando a un servicio tan elemental como el cuidado de la salud, en nuestro país se hacían ya evidentes esas ineficiencias cuando muchos ciudadanos debían amanecer en los hospitales para conseguir un turno; faltaban los insumos más elementales en buena parte de ellos; y era notoria la ausencia de un control adecuado en el funcionamiento de los geriátricos, entre otras falencias.

En cuanto a las obligaciones del Estado democrático relativas a la atención del bienestar del conjunto de los ciudadanos, los datos de nuestro país sobre pobreza, informalidad laboral y hacinamiento en las viviendas de buena parte de la población, evidencian la mala situación en la cual esos ciudadanos deben enfrentar la pandemia.

Todo consecuencia no sólo de la ineficiencia, la irresponsabilidad, y en muchos casos de la arbitrariedad y deshonestidad en el manejo de los recursos públicos, sino también como fruto de una concepción política en la que la responsabilidad del gobernante parece no incluir lo relativo al diseño y aplicación de una política económica que aliente las inversiones productivas, generadoras de riquezas y empleos genuinos, las que acompañadas de una adecuada estrategia impositiva proveería al Estado de los recursos necesarios para brindar los varios servicios que debe prestar a esa ciudadanía. Sin descartar casos en los que todas esas ineficiencias e insuficiencias serían el resultado de una estrategia que utiliza la pobreza como mecanismo de dominación y perpetuación en el poder.

Cabe agregar que más allá de los comportamientos concretos de los diferentes gobiernos democráticos, existe un desafío doctrinario surgido de los contenidos desiguales de las ideas de democracia y de liberalismo político, lo que a veces pretende dar sustento ideológico a esa posición de no ocuparse de las políticas económicas generadoras de recursos genuinos.

En su Teoría de la Democracia , Sartori señala que la democracia, con sus anhelos de igualdad, tiene una antigüedad de varios siglos, mientras que los principios del liberalismo político que dan contenido a los valores republicanos hacen su aparición mucho más tardíamente. Pero que cuando ambos fenómenos se encuentran (se "solapan" al decir de Sartori) se pasa a hablar de democracia como si democracia y liberalismo fueran la misma cosa, predominando el contenido de este último sobre la primera.

La democracia republicana debe ser defendida; pero ésta debe ir más allá de las garantías institucionales, ocupándose también de los aspectos materiales de todos los ciudadanos. Si no lo hace quedará en deuda con las mayorías, y éstas reaccionarán como lo vienen haciendo en las más diversas regiones del mundo: descreyendo de las bondades de esta forma de gobierno.

Sociólogo. Club Político Argentino

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