
Cuando la política es un espectáculo
La globalización no sólo ha traído consecuencias económicas sino que también las ha provocado, en lo político, social y cultural. Un ejemplo de ello ha sido su transformación en espectáculo, fenómeno también denominado la "mediatización" de la política. Hay opiniones que hoy sostienen que gobernar, más que un arte o una ciencia, es una puesta en escena.
Un show que salió mal
La política norteamericana, quizá lleve la vanguardia en esta materia, especialmente a partir del fenómeno Ronald Reagan, un actor profesional devenido en líder político, e incluyendo al propio Bill Clinton, que ha producido y repartido un video en el que hace gala de sus dotes histriónicas. Este show del presidente tiene el propósito de no perder vigencia en el final de su segundo mandato.
Henry Kissinger, uno de los intelectuales que más analizan la realidad en términos de contextos históricos, enjuicia esta realidad diciendo: "En general, a los políticos de ahora les preocupan más las noticias que la historia. Responden a la valoración que los informativos hacen de la opinión pública". Agrega que "esto lleva al paradójico resultado de que, por lo general, en muchos países ya no se respeta la profesión política".
Desde una perspectiva europea, el filósofo y sociólogo Furio Colombo sostiene que la política en televisión ha fracasado, que tenemos a la vista los restos "de un espectáculo que salió mal: el espectáculo de la política en televisión".
Sostiene -con argumentos que tienen puntos de contacto con el politicólogo italiano Giovanni Sartori, autor de Homo videns. La sociedad teledirigida- que la televisión circo tiene su propio lenguaje, que se adapta bien al marketing y a la publicidad, pero que banaliza y desvaloriza todo lo demás, y dice que este medio "sugiere y confirma una sensación de fastidio por cada frase compleja, sobre todo si la frase es honesta y describe sus ventajas y sus riegos, si hace ver que el recorrido es lento y que no se llega a la solución por arte de magia".
"Si el formato es el de espectáculo -agrega Colombo-, un buen espectáculo requiere desorden, requiere que partidos opuestos se ataquen, requiere insinuaciones, revelaciones, efectos teatrales. En suma, todo lo que sirve para desacreditar a la política." El sociólogo británico John Thompson, autor, entre otros libros, de Medios y modernidad , afirma que los políticos frente al fenómeno mediático "supieron enseguida que éste era un hecho nuevo crucial y trataron de usar la visibilidad mediática para sus propios intereses", haciéndolo primero con la prensa, que permitió proyectar imágenes, método utilizado por monarcas del siglo XIX; luego, con la radio, que posibilitó la charla coloquial al estilo de Roosevelt a mediados del siglo XX, y luego la televisión, en la segunda mitad del siglo, donde Richard Nixon fue un pionero en su utilización.
Pero, advierte Thompson, "las formas diferentes de visibilidad no significan necesariamente una transparencia mayor, porque los liderazgos políticos y los de otra clase trabajan muchísimo para manejar la visibilidad de manera que algunas cosas entren en el debate público y otras queden afuera".
Es decir que la creciente visibilidad puede también permitir ocultar, en el caso de poder elegir, qué se hace visible y qué no.
Mostrar para ocultar
Al respecto, agrega Thompson que los políticos "desarrollan estrategias completas destinadas a ocultar esas áreas del público, haciendo que la transparencia sea selectiva".
Por esta razón, dice que prefiere hablar de visibilidad y no de transparencia, porque "transparencia es algo a través de lo cual se ve, pero, en realidad, no se ve. Usted ve sólo algunas cosas. Los líderes políticos se esfuerzan muchísimo por manejar este proceso", aunque también agrega que "por suerte, no pueden controlarlo todo totalmente".
Tanto una visión historicista como la del norteamericano Henry Kissinger, como una filosófica, que aporta el italiano Furio Colombo, u otra más sociológica, como la del británico John Thompson, nos confirman, por un lado, que la política se ha "mediatizado" como un dato de la realidad, pero también nos advierten que este mismo proceso está haciendo perder a los gobernantes la perspectiva histórica (Kissinger), está destruyendo la esencia de la política al someterla al lenguaje del espectáculo televisivo (Colombo) y está dando visibilidad pero no transparencia (Thompson).






