Cuando Perón fue vice y se quedó con todo

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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11 de agosto de 2019  

Farrell al gobierno; Perón al poder; fue vicepresidente en la dictadura de 1943
Farrell al gobierno; Perón al poder; fue vicepresidente en la dictadura de 1943

Alberto Fernández repite una y otra vez públicamente que no piensa pelearse nunca más con su mentora, que lo eligió como titular de la fórmula en la que ella curiosamente lo secunda. Alude así a los diez años que estuvo lejos de la dos veces presidenta criticando muy duramente distintos aspectos de su gestión. Desde el psicoanálisis la explicación es sencilla: temor y deseo. El candidato presidencial del Frente de Todos se permitió en la reciente campaña por las PASO volver a disentir con su jefa, pero de manera más atemperada. Cuando Fernández repite su mantra expresa implorante en voz alta sus deseos de que si llegan al poder esas u otras diferencias se puedan dirimir amablemente.

La viuda de Kirchner dejó pasar callada esos peculiares matices albertistas, pero los respondió a su manera, es decir, mal. Ya sea ninguneándolo en algunas presentaciones de su libro o regañándolo como un chico en el acto de Rosario cuando advirtió que si el sonido fallaba sería culpa de su compañero o contando en el cierre de Merlo que había descartado una idea de Alberto para el spot emotivo de Axel Kicillof. ¿Anécdotas insignificantes o síntomas remotos del "doble comando" que sobrevendría si ganaran las elecciones?

Cuando Cristina Kirchner pateó el tablero el sábado 18 de mayo pasado al anunciar la extravagante fórmula que hoy compite en las PASO, muchos aplaudieron su audacia y originalidad. Se ve que conocen muy poco la historia del justicialismo. El primero en apuntar a ese cargo, ya hace 75 años, fue el mismísimo fundador de ese movimiento.

Si la viuda de Kirchner lograra ser elegida en octubre o noviembre, jugaría a su favor un detalle no menor: sería elegida en las urnas, por voluntad popular. En cambio, el inventor de su partido llegó a ese cargo por el voto de unos pocos en la cúpula de la dictadura militar que se adueñó del poder el 4 de junio de 1943. Perón fue el cerebro político de ese golpe castrense que puso fin a gobiernos conservadores elegidos irregularmente.

En la primera etapa del régimen del Grupo de Oficiales Unidos (GOU), Perón se adaptó a cierta conducción colegiada. Compartía afinidades con otros camaradas del Ejército como Domingo Mercante y Edelmiro Farrell, con los que había confraternizado en la Dirección de Instrucción de Montaña, en Mendoza, tras haberse fogueado como agregado militar en la embajada argentina en Chile, donde estrenó por primera vez sus dotes de gran orador, en actividades diplomáticas y académicas. Allí también empezó a tomar contacto con medios de comunicación, detalla Ignacio Cloppet, autor de un par de libros sobre aspectos poco conocidos del caudillo justicialista.

Perón prefirió un ascenso progresivo, pero siempre ascendente y muy sólido en el seno de aquella dictadura al acrecentar su poder desde una segunda línea jerárquica.

La Revolución de 1943 tuvo desde un primer momento internas complicadas entre sus integrantes. De hecho, el presidente inicial, Arturo Rawson, apenas pudo sostenerse en el poder tres días. Lo sucedió el general Pedro Pablo Ramírez, representante en ese régimen del ala que simpatizaba, en plena Segunda Guerra Mundial, con el Eje, ya entonces en picada, asediado por los Aliados. Hábil estratega, Perón puso sus ojos sobre una repartición sin importancia que los demás militares despreciaban: la Dirección Nacional de Trabajo. Transformada rápidamente en Secretaría de Trabajo y Previsión, adquirió creciente relevancia y visibilidad a medida que Perón fue implementando desde allí conquistas sociales que le valieron la simpatía del sindicalismo. Perón y el vicepresidente Farrell representaban el lado opuesto al sector de Ramírez, al tomar cada vez más distancia del nazismo declinante. Para entonces Perón ya era también ministro de Guerra (lo que hoy es Defensa). Al ser eyectado Ramírez, en 1944, Farrell, un hombre sin ambiciones ni demasiadas luces que se apoyaba siempre en Perón, se convirtió en presidente y en la pantalla perfecta para que su influyente amigo siguiera acumulando más poder, aunque siempre presentando los hechos no como producto de su ambición personal, sino como circunstancias inevitables que le eran impuestas. El 7 de julio de ese año Perón asumió como vicepresidente de la dictadura. Al retener la titularidad del Ministerio de Guerra y de la Secretaría de Trabajo y Previsión se convirtió en el militar más poderoso de ese régimen, aunque siempre tras la fachada formal de Farrell, que no daba un paso sin consultarlo.

Una nueva ofensiva interna, esta vez contra Perón, lo embistió para desbancarlo. Y lo consiguió... pero solo por una semana: el 10 de octubre de 1945 presentó la renuncia a sus tres cargos, fue enviado preso a la isla Martín García, pero luego trasladado al Hospital Militar y desde allí directamente a la Casa Rosada, frente a una Plaza de Mayo repleta. Era 17 de octubre y nacía el peronismo. Al lado del nuevo líder, en el balcón gubernamental, estaba su amigo y protector, el presidente Farrell. Perón no se conformaba con sucederlo de facto. Empoderado por el pronunciamiento popular, y ya impulsado por el régimen como "caballo del comisario", el 24 de febrero de 1946 fue elegido presidente. Su agradecimiento a la dictadura fue tan amplio que asumió sus dos mandatos, tanto en 1946 como en 1952, el 4 de junio, aniversario del golpe militar del 43, que había dado junto a sus otros camaradas de armas.

Cristina Kirchner no intentó por ahora llegar por tercera vez a la presidencia como Perón, pero lo emulará igual si consigue ser vice. ¿Alguien duda de que, como aquel, ejercería desde ese cargo su indiscutible liderazgo?

psirven@lanacion.com.ar

Twitter: @psirven

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