De Gutenberg a la Web.Derechos de autor y libertad de prensa

¿De quiénes son las noticias? ¿De los medios que las producen o de los intermediarios de Internet? Aquí, dos posiciones contrapuestas sobre un tema clave de nuestro tiempo
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30 de diciembre de 2018  

El presente y el futuro de las noticias es la colaboración

Por Madhav Chinappa (director para el Desarrollo del Ecosistema de Noticias de Google) Para La Nación

El mundo en que vivimos hoy en día es, en gran medida, el mundo de los usuarios. Ellos, los conocidos anteriormente como "la audiencia", tal como Jay Rosen los bautizó hace doce años, tienen ahora más poder de elección, un abanico más amplio de opciones y más acceso a la información que en cualquier otro momento de la historia. Es por esto que las organizaciones de noticias, como nunca antes, tienen que esforzarse aún más para captar su atención y mantener su relevancia. Y esta es una tarea mucho más difícil hoy, ya que compañías de diversas clases están compitiendo por la atención de esos mismos usuarios, con ejemplos como Fortnite, Candy Crush y mi última obsesión, un juego llamado 2048, que va ganando la batalla.

En este contexto, la colaboración es el concepto clave para el presente y el futuro del ecosistema de noticias. Los diarios, las radios, los canales de televisión y otros tipos de medios son parte de este amplio ecosistema, en el que cada uno de los jugadores tiene un rol distinto.

Esta evolución también ha provocado que Internet se posicione como una fuente clave cuando los usuarios están buscando noticias y quieren estar informados. En consecuencia, compañías como Google han tenido que tomar una posición activa en relación a las noticias. ¿Por qué? Como explica nuestro CEO, Sundar Pichai: "Los medios y Google compartimos la misión de difundir universalmente el conocimiento para mejorar la vida de las personas. En pocas palabras, nuestros futuros están entrelazados".

Un gran motor de búsqueda, por naturaleza, depende de la abierta y del acceso al contenido de calidad. Compartimos con los medios valores fundamentales como libertad de expresión, acceso a la información y la convicción de que los ciudadanos informados construyen una mejor sociedad. A partir de estos valores, estamos comprometidos con las noticias y con contribuir con un ecosistema abierto y sano.

Como la mayoría de la gente sabe, el contenido de Google News no está monetizado. No obstante, entendemos la importancia de que los usuarios puedan descubrir información de calidad que probablemente no conocían. Así, que los medios triunfen en el mundo digital se relaciona directamente con nuestro interés general de negocios. Por supuesto, esto también es de gran beneficio para los medios. Por ejemplo, en el último año, Google generó más de 10.000 millones de clics globales por mes para los sitios s de medios y editores, y, como sabemos, los clics tienen un valor.

La razón por la cual no monetizamos Google News se encuentra en la historia de cómo fue creada: gracias a un ingeniero en software de la India llamado Krishna Bharat. Krishna creó este producto debido a su experiencia tras el atentado de las Torres Gemelas del 11 de septiembre. Él se encontraba en Nueva Orleans el día del ataque, y se suspendieron todos los vuelos a California, donde él vivía. Regresó a su hotel para intentar conseguir más información sobre lo que estaba pasando y se conectó con su computadora. Intentó usar Google para rastrear las noticias y se encontró con dos problemas: 1) encontrar noticias en la en 2001 era muy difícil, y 2) ir de un sitio a otro era igual de complicado.

Entonces, desde sus comienzos hasta hoy, Google News trata de hacer que las noticias sean más fáciles de descubrir y de direccionar tráfico a los medios de noticias. Generalmente la gente llama a Google News un "agregador de noticias". No creo que esa definición sea precisa, en el sentido que la mayoría de los agregadores de noticias intentan retener a los usuarios en sus sitios, mientras que Google News y el buscador están diseñados para enviar tráfico a los sitios. Ha habido algunos estudios independientes de Chartbeat sobre el impacto positivo del tráfico que genera Google News. Esperamos continuar siendo una fuente de tráfico relevante para sitios de noticias de nuestra región.

Nuestro compromiso con el ecosistema de noticias también tiene una perspectiva de negocios. La fuente principal de ganancias de Google es la publicidad en el buscador, un sistema que no tiene mayor relevancia para la mayoría de los medios. Ellos suelen enfocar sus esfuerzos en vender anuncios visuales en sus sitios . En este esquema, Google es un facilitador de demanda publicitaria para medios online. Muchos de ellos eligen volcarse a la tecnología publicitaria de Google, como AdSense y AdExchange, para colocar avisos en sus sitios y hacer dinero sin los esfuerzos de contactar a un sinfín de anunciantes y manejar el trasfondo de la administración de los mismos. Desde Google, mostramos avisos en sus sitios y compartimos las ganancias. Sin excepción, el medio recibe la mayoría de los ingresos (generalmente más de dos tercios). Google solo hace dinero si el editor de contenido hace dinero, y así repartimos miles de millones de dólares con los medios todos los años.

Este año reforzamos nuestro compromiso con la industria de los medios con el lanzamiento de Google News Initiative (GNI), un proyecto que destina 300 millones de dólares en los próximos tres años para iniciativas destinadas a crear un futuro más sólido para el periodismo. Aspira a contribuir con tres objetivos primordiales: elevar y fortalecer el periodismo de calidad en nuestras plataformas (que involucra también la pelea contra la desinformación), desarrollar modelos comerciales para apoyar el periodismo de calidad (que incluye el crecimiento de las suscripciones como modelo de negocios), y potenciar a las redacciones con innovación tecnológica. GNI reúne todo lo que hacemos como compañía a nivel producto, alianzas y programas para ayudar a construir un futuro más sustentable y sólido para el periodismo. Google es una compañía que crece cuando los ecosistemas en los que opera crecen.

De este modo, GNI intentará colaborar, facilitar y experimentar en todas las áreas para ver si, junto con los otros integrantes del ecosistema, es posible desarrollar un modelo sustentable para el contenido noticioso original en la . Verdaderamente creemos que trabajar juntos es la clave del éxito para crear un futuro innovador para la industria de las noticias.

La revolución digital ha cambiado cómo nos comunicamos y cómo descubrimos el mundo que nos rodea. También ha traído aparejado grandes desafíos. Pero soy optimista sobre el futuro de las noticias. Hay tantas nuevas herramientas y habilidades para aprovechar. Hay tantos ejemplos impresionantes de periodismo digital. La industria debe desarrollar modelos de negocios sustentables, y a través de GNI nos comprometemos a seguir trabajando codo a codo con los medios para ser parte de la solución.

Esto se ancla en nuestro entendimiento de que los medios y Google formamos parte de un mismo ecosistema. Tenemos que trabajar juntos. Y creo, fervientemente, que somos parte del mismo equipo.

Un cambio en el uso online de los contenidos de terceros

Por Nicolás Novoa (abogado; socio del estudio Sáez Valiente y Asociados). Para La Nación

Hacia el año 1450, la imprenta de Gutenberg y su revolucionario sistema de "tipos móviles" irrumpían en la historia, cambiándola para siempre. En 1456, gracias a este maravilloso invento que permitía por primera vez la reproducción masiva de documentos y -con el tiempo y la alfabetización- el acceso popular al mundo del conocimiento, Gutenberg publicaba el que luego sería el más famoso de los incunables: su Biblia de 42 líneas y 1286 páginas, con una tirada de 200 ejemplares. Poco tiempo después, y también gracias a la imprenta, comenzarían a distribuirse en el territorio europeo las crónicas, las cartas-diario, los almanaques, las gazzettas, los ocasionales y las relaciones, todos ellos predecesores del periódico moderno, cuyo primer antecedente se sitúa en Inglaterra, en el año 1700.

Por aquel entonces, la preocupación central de los impresores -ya diseminados por el Viejo Continente- era la permanente aparición de "copias no autorizadas" de los libros que ellos habían adquirido, por lo cual se ideó a su favor un sistema de licencias exclusivas, otorgándoseles derechos monopólicos y permanentes sobre los libros que editaban. Este sistema, a su vez, permitía ejercer con mayor facilidad el control y la censura sobre las ideas que circulaban, preocupación inmemorial de los gobernantes.

Sin embargo, esas licencias exclusivas colocaron a los autores en una posición negociadora muy débil, que los llevó a reclamar la protección de la corona. En este contexto, se promulga en 1710 el Estatuto de la Reina Ana, primera norma de derecho de autor, que determinó que la cesión a favor del editor concluía a los 14 años de otorgada, vencidos los cuales el autor, si aún vivía, recobraba su derecho exclusivo y podía explotarlo por otros 14 años más.

Fue así, entonces, como hace poco más de 300 años las "nuevas tecnologías", la prensa y los derechos de autor cruzaban por primera vez sus destinos.

En la actualidad se produce el reencuentro y el debate se reaviva con coincidencias asombrosas: las innovaciones tecnológicas llegan de la mano de intermediarios de Internet (Facebook, Google, entre otros) que ostentan una posición monopólica que las naciones democráticas (la europeas, principalmente) se han decidido a limitar y combatir sin afectar la libre difusión de las ideas; mientras que las leyes de derecho de autor intentan aggiornarse en defensa de la creatividad y la producción de contenidos de interés público o cultural.

La complejidad de este reencuentro pudo apreciarse durante la última Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), celebrada recientemente en la ciudad de Salta, donde luego de arduos debates se aprobó la "Declaración de Principios sobre la Libertad de Expresión en el Ámbito Digital", que destaca esencialmente que los derechos vinculados a las libertades de expresión y de prensa deben garantizarse por igual en el entorno digital y en el tradicional. La "Declaración de Salta" también señala que "los gobiernos no deben imponer responsabilidades legales a los actores del ecosistema digital por los contenidos de interés público generados o compartidos por terceros en sus plataformas", disposición que mereció muchos reparos en una primera instancia, hasta que su interpretación y alcance quedaron expresamente delimitados -según públicamente señalaron los proponentes y expositores de la SIP en los debates previos a la aprobación- a la defensa de la libertad de prensa frente a cualquier amenaza de censura que pudiera afectar la libre difusión de ideas u opiniones en las redes; se aclaró además en el apartado 13º de la Declaración que "los actores del ecosistema digital deben lograr un balance adecuado entre la libertad de expresión, los derechos de autor y la propiedad intelectual, así como respecto a los beneficios que puedan generar los contenidos en dicho ecosistema".

Todo esto pone en evidencia la actualidad y urgencia del espinoso debate que al respecto se libra a nivel nacional e internacional, pues desde su nacimiento los intermediarios de Internet han intentado construir y defender su negocio bajo dos premisas centrales: la irresponsabilidad sobre los contenidos que distribuyen, como principio y presunción legal; y la difusión y utilización gratuita de los mismos bajo el amparo de la libertad de prensa y expresión. Bajo esa lógica, y durante demasiado tiempo tal vez, se toleró que utilizaran en forma indiscriminada y no retribuida los contenidos generados por la prensa.

Hoy, sin embargo, ya no hay duda alguna de que las plataformas no sólo indexan, sino que utilizan los contenidos desarrollados por los medios para captar la atención de los internautas, recolectar valiosa información sobre sus intereses y venderles publicidad en forma direccionada. Así, mientras mantienen al público atrapado en sus redes, usufructúan en beneficio propio el talento y las inversiones ajenas, seleccionando y ofreciendo las notas creadas y solventadas por los medios, clasificándolas y agrupándolas según su propio orden y conveniencia, modificándolas a su antojo, reproduciéndolas, auspiciándolas y monetizándolas en forma directa o indirecta.

Por eso, se ha señalado con agudeza que las grandes plataformas tecnológicas han gozado durante mucho tiempo de un "subsidio regulatorio" que en gran medida permitió su vertiginoso desarrollo, pero que ahora la realidad impone su sometimiento a las normas básicas de cualquier negocio tradicional, entre las cuales podríamos incluir las que definen el respeto a las regulaciones de la competencia, las de índole impositiva y las que demandan respeto y retribución de la propiedad intelectual.

Esta situación ha generado una amplia base de consenso que impulsa un cambio radical en la percepción del negocio de los intermediarios de Internet y la utilización que ellos hacen de los contenidos de terceros, realzando la necesidad de exigirles el pago de derechos por la utilización de aquellos, tal como lo dispone la Directiva aprobada por el Parlamento Europeo el pasado septiembre, que obligará a compensar económicamente a los editores de prensa y otros titulares de derechos por la utilización de sus contenidos en línea.

Cuando en tiempos pasados los propietarios de las imprentas acapararon, a partir de un privilegio absoluto, la totalidad de los beneficios obtenidos por el trabajo de otros, el Estatuto de la Reina Ana llegó para compensar y retribuir la creatividad. Así, entre monopolios, censuras y el incipiente desarrollo de la prensa escrita, nació el derecho de autor.

Trescientos años después, escriba usted "Gutenberg" o cualquier otro tópico en el buscador de su computadora o teléfono celular y rápidamente encontrará, reproducida una y mil veces, esta increíble y recurrente historia donde la colosal imprenta digital trabaja día y noche sin descanso, aprovechando el abnegado esfuerzo de sus tristes operarios.

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