De la damajuana al país del vino premium

En la sabana conurbana los intendentes comprendieron que la época de lluvias en el Tigre había concluido. Fue un año y medio de pasto, pero intuyen la sequía y el miedo atávico a transformarse en osamenta los hace migrar. Primero es uno. Luego otro. Y después todos. No hay virus más contagioso que el miedo a la derrota. Entonces, la manada de intendentes se pone en marcha hacia las praderas del Frente para la Victoria. Allí, el reencuentro es digno de verse. Se huelen en silencio, se reconocen, y sin acusaciones ni reproches, simplemente vuelven a pastar juntos. Como si nada hubiera ocurrido. Mientras, el macho alfa del Tigre queda solo, bajo el sol impiadoso, mientras aletean cada vez más cerca esos pájaros negros y mortuorios: las encuestas. Así es la sabana conurbana. Simple y cruel.
Dentro de unos meses se va la Presidenta y entre las cosas que nos deja -para no hablar de las que se lleva- hay una frase: "Algunos tienen que darse un baño de humildad". Al cierre de esta columna, la misma medida de higiene electoral le pedía el "círculo rojo" al alfa del Tigre, Sergio Massa. Existe una presión insoportable para que el líder del Frente Renovador se desvista en la orilla y se meta cual Alfonsina Storni al Ganges político, el río donde flotan las candidaturas muertas, a renunciar a su sueño presidencial. Dicen que el ritual fúnebre, ese baño final, es impactante: en medio de llantos y gritos de dolor, se lo envuelve en una mortaja, se reza y se lo deja ir aguas abajo. Al ego.
Al revés que el hinduismo, el massismo sabe que la reencarnación que le aguardaría a Sergio sería en una casta peor: la de los gobernadores, no la de los presidentes, como soñaban. Sin embargo, la declinación a su candidatura, estratégicamente utilizada, podría presentarse en sociedad como "el segundo renunciamiento histórico". Quizás en unos días escuchemos algo así: "En 2013, Sergio aplastó al FPV en la provincia de Buenos Aires e impidió la reelección de Cristina. En 2015, aceptará bajar a gobernador para impedir la reelección del proyecto". En este esquema de reducción de daños, Massa pasaría del "baño de humildad" a bañado en bronce. No está tan mal la ducha.
El problema es que el acuerdo no depende sólo de la voluntad de Massa, sino de Macri. Por alguna extraña razón, una parte de su mesa chica intenta hacerle creer a Mauricio que para la gente que lo va a votar es más importante que Pro presente un armado "puro" a que presente "cualquier cosa que nos saque de encima al kirchnerismo". Se dice que se basaron en focus y timbreados. Hechos en Noruega.
Gracias a éstos y otros problemas no resueltos, un nuevo fantasma sobrevuela en la oposición: que Scioli gane en primera vuelta. Así como en los actos electorales existen las "mesas testigo", que suelen calcar en su escrutinio el resultado a nivel nacional, confieso que yo tengo "parientes testigo": son dos que siempre votan por los que terminan resultando presidentes. Al igual que las mesas, estos parientes testigo pueden fallar, pero ya anticiparon que van por Scioli. "Si vamos a estar igual que ahora, pero con un estilo menos confrontativo, no va a estar tan mal", sintetizan. Ellos no ven riesgo económico inminente. Y si lo hubiera, no apareció el político o el economista opositor capaz de convencerlos de que el carpe diem consumista de hoy se paga en dos o tres años.
Mientras, desde Mendoza, en su cadena nacional número 22, la Presidenta habló de los progresos de la Argentina con un indicador curioso: el vitivinícola. En su afán refundacional dijo que desde la asunción de su esposo, en 2003, la producción de malbec creció 14 veces. Y para mostrar cómo avanzó el país en estos años, comparó: "Ahora la gente toma vino premium. Recuerdo que en mi casa se consumía la damajuana de la marca El Montonero".
Inesperado sinceramiento biográfico. El Montonero y sandía de postre. La única bomba que puso.




