
De la guerrilla a las aulas de Oxford
El principal estratego de los comandos guerrilleros salvadoreños, Joaquín Villalobos, es hoy investigador en una de las mejores universidades del mundo. Asegura que si en su país hubiera triunfado la insurgencia todo sería peor. Ahora, tras ser responsable de la muerte de miles de soldados, es experto en resolución de conflictos.
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OXFORD.- VER para creer. En 1989, Joaquín Villalobos era el principal estratego de la guerrilla salvadoreña, vivía clandestinamente y estaba en la mira de los tribunales que le atribuían a la facción que él dirigía la muerte de más de 10.000 soldados. Hoy, siete años después de que se firmó la paz en su país, se ha convertido en un investigador de la afamada Universidad de Oxford, habita con su mujer y sus tres hijos una casa en un pueblecito de la campiña inglesa y afirma que si las guerrillas hubieran tomado el poder habrían conducido a El Salvador al desastre.
¿Otro ex guerrillero que abjura de sus convicciones? No, pero estamos frente a un convencido de que la paz negociada es la mejor salida a una guerra irregular. Por eso la selló el 16 de enero de 1992 y por eso se halla inmerso en la redacción de un libro sobre la resolución de conflictos armados.
Su aterrizaje en Oxford, donde se educa lo más selecto del establishment británico, se produjo a finales de 1995 por consejo de algunos diplomáticos acreditados en el país centroamericano. El exilio temporal es lo mejor, le advirtieron.
"Al llegar, tuve que aprender inglés y a manejar una computadora, es decir, alfabetizarme", cuenta. "Luego, hice una maestría en políticas públicas y ahora estoy dedicado a la investigación", tarea ésta que intercala con los viajes que realiza para dictar conferencias en lugares afectados por la violencia política. Lo llaman de Filipinas y de Irlanda del Norte, de México y de Afganistán. Su autoridad para tratar estos temas deriva de haber sido el cerebro político y militar de una de las guerrillas más fuertes de América latina.
"En la América latina contemporánea estamos considerados como un fenómeno de la insurgencia", subraya. "En El Salvador pudimos controlar buena parte de los 21.000 kilómetros cuadrados del país. La proporción guerrillero-habitantes era de uno a 400 y la de guerrillero-soldados llegó a ser de uno a seis. Cuando firmamos la paz, teníamos 10.000 hombres. Poco antes, en noviembre de 1989, combatimos por diez días en plena capital, San Salvador. Y no se olvide de que el enemigo era un ejército entrenado y financiado por Estados Unidos".
El salto a las armas
Joaquín Villalobos nació hace 48 años en San Salvador en el seno de una familia apolítica y sin apremios económicos. Su padre era un obrero que a base de trabajo consiguió una imprenta y participó en la fundación de la Asociación de Empresarios de la Industria Gráfica, alineada con la derecha salvadoreña. Tuvo seis hijos. Los tres varones, incluido Joaquín, estudiaron en el prestigioso colegio de los hermanos maristas. Las mujeres se matricularon en uno de monjas.
El ex líder guerrillero, con aspecto de seminarista y tono gentil al hablar, recuerda con precisión cuándo y por qué decidió vincularse a la guerrilla: "Tenía 19 años, cursaba tercer año de ciencias sociales en la universidad y formaba parte de grupos democristianos de acción social que alfabetizaban a niños campesinos. Un día, en una comunidad rural donde enseñábamos a leer, el párroco nos dijo a las dos de la madrugada que debíamos huir porque el ejército nos iba a matar. Aquello fue un shock que me radicalizó contra la Guardia Nacional".
Contaba con 21 años cuando empuñó las armas en una guerrilla incubada en las toldas de la democracia cristiana. Su propósito consistía en doblegar al ejército represor. Dos décadas después alcanzaba la comandancia del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), una de las facciones más poderosas de las cinco que integraban el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que según ha admitido el propio ejército salvadoreño, dio de baja a 10.000 soldados durante una guerra que se cobró 70.000 vidas en los años ochenta. Balance sangriento, sin duda. Pero, como sostiene Villalobos: "Así es la guerra, y nadie sale de ella como una blanca paloma. El que diga lo contrario es un mentiroso". Y si la guerra es larga, peor. Se devalúa la vida humana. "En ese caso se empieza como Robin Hood y se termina como Pol Pot", dice refiriéndose al jefe de los kmher rojos que asesinaron a dos millones de personas en Camboya.
"Por suerte no ganamos"
Lejos de creer que la toma del poder por el FMLN hubiera significado la culminación de un sueño, este ex comandante guerrillero acepta que "habría sido un desastre. Aislados del mundo y sin viabilidad para gobernar, nos habría tocado llamar a algunos generales para que nos acompañaran. Hay una gran diferencia entre ser factor de cambio y manejar un país. Las montañas, las cárceles y la lucha callejera no enseñan a gobernar. Una guerrilla es la expresión de un problema, no la solución".
Confiesa Villalobos que la feroz ofensiva desatada en 1989 contra la capital, sin parangón en América latina, "se diseñó pensando en un desenlace negociado. Una guerrilla no gana una confrontación tu a tu contra el Ejército. La gana probando que el gobierno no puede gobernar. Colapsándolo políticamente. Lo que queríamos era hacer ruido y provocar una intervención de los Estados Unidos y de las Naciones Unidas.
"Si Washington hubiera invadido, habríamos decretado un cese del fuego, los estadounidenses no nos habrían atacado y habría comenzado la negociación. Al final, intervino la ONU para apoyar el proceso de paz."
La mediación, clave
La mediación internacional fue, según Villalobos, la petición más sensata de la guerrilla y la concesión más inteligente del gobierno, no sólo porque "la guerrilla se siente más comprometida con la paz y los derechos humanos cuando está bajo la mirada del mundo exterior", sino porque "para poner en marcha los acuerdos se necesita una maquinaria, una tecnología y mucho dinero. El proceso de paz salvadoreño costó unos 2000 millones de dólares. Participaron, entre otros, España, Estados Unidos, Suecia, Alemania, México y Francia", señala.
Villalobos se declara convencido de que la negociación constituyó un triunfo para el FMLN. "Si se ve desde el punto de vista de los sueños, perdimos. Pero, siendo realistas, ganamos claramente. Generamos cambios constitucionales en la Justicia, en la policía y en el sistema electoral, y logramos que el ejército volviera a los cuarteles. Además, el frente es la segunda fuerza política del país. En la actualidad, cuando casi todos los gobiernos de América latina son elegidos por voto popular, cuando las izquierdas tienen un espacio y cuando Fidel Castro va a todas las cumbres, no hay razón para que existan movimientos insurgentes".





