
De Marx al islam
Por Julio César Moreno Para LA NACION
1 minuto de lectura'
A principios de los años 60, las elites revolucionarias árabes estaban bajo la influencia de un "marxismo difuso" (que muchos de sus miembros habían recibido en universidades europeas). Nasser, en Egipto, y Ben Bella, en Argelia, representaban la idea de un "socialismo árabe", a la vez nacionalista y antiimperialista, que fue bien visto en algunos sectores políticos argentinos (particularmente, en la izquierda peronista y en las primeras células montoneras). El partido Baas, fuerte en Siria e Irak, se aproximaba a ese modelo discretamente prosoviético (también prochino, según las circunstancias).
En relativamente poco tiempo ese "socialismo árabe" fue barrido por el islam. La revolución islámica del ayatolá Khomeini en Irán, a fines de los años 70, trastocó el esquema político e ideológico de la época. El "socialismo árabe" fue triturado en poco tiempo, y de sus cenizas surgió la "reislamización" de los países árabes o de religión musulmana (desde el Mediterráneo hasta el Cáucaso, en un largo conglomerado de países y regiones que reúne más de mil millones de habitantes). Las causas de este fenómeno son múltiples y complejas, pero entre ellas se destacan las derrotas árabes frente a Israel de 1967 y 1973. La idea de la jihad ("guerra santa") resultó mucho más potente que la de un socialismo árabe laico, casi occidental.
Paradoja argentina
La derecha argentina se jactó de haber logrado una victoria histórica sobre el marxismo revolucionario en la década del 70 (aunque al precio de un gran desprestigio por las violaciones a los derechos humanos). Sin embargo, en la década del 90 el mayor ataque a la Argentina no provino de un marxismo declinante sino del islamismo (los atentados a la embajada de Israel y la AMIA, que fueron precursores de los cometidos en Nueva York y Washington). Pero el islamismo no es derecha ni izquierda: es otra cosa. Es profundamente antimodernista, antioccidental, en la medida en que se basa en un ideal o mito religioso refractario a la modernidad. La paradoja consiste en que la Argentina saldrá a combatir junto a todos los herederos de la tradición racionalista occidental (los anglosajones, los liberales, la derecha, los socialdemócratas y los ex comunistas), todos unidos contra la jihad islámica.
Claro que el islam no puede ser reducido a la jihad , es decir, al terrorismo. Separar la paja del trigo, redefinir las relaciones con el islam y aislar al terrorismo es uno de los grandes desafíos de Occidente, que, después de todo, debió combatir en su propio territorio a adversarios tan antioccidentales como la jihad , entre ellos el nazismo y el estalinismo.






