Depredación ictícola en nuestros mares
1 minuto de lectura'
LA compleja trama de los problemas que afectan la actividad pesquera en nuestro país alcanza hoy un nivel crítico. La cuestión sustancial es el deterioro del recurso ictícola, ya que las especies más codiciadas -como, por ejemplo, la merluza hubbsi- están llegando peligrosamente al límite de su extinción. El incremento de la pesca ilegal es uno de los factores de la depredación que está sufriendo la riqueza ictícola argentina.
Hace ya años que en el mundo crece el temor por "los mares sin peces", riesgo que se fue haciendo cada vez más notorio en esta década en la cual se ha asistido a la puesta en marcha de una tecnología pesquera tan eficiente como voraz en sus efectos.
La reducción de la fauna ictícola en el mundo volcó el interés de los barcos de pesca europeos y asiáticos sobre el Atlántico Sur. Esto ha conducido a una explotación intensiva e irracional, cuyos resultados están a la vista: daño ecológico irreparable, limitación de la vida en el planeta, obstáculo al desarrollo de la economía y el trabajo, perjuicio social. Todo esto fue previsto y anunciado hace tiempo en el país, pero la codicia por un lado y la negligencia por el otro pudieron más. Si no se pone coto a la depredación se corre el riesgo de matar definitivamente una de las fuentes de recursos naturales más valiosas del país.
Las respuestas no deben demorar. Cuanto más se dilaten, peor será. La adopción de medidas tendientes a promover la recuperación de los peces es prioritaria para todos.
El sector pesquero nacional sigue padeciendo las consecuencias de una omisión normativa: la falta de una reglamentación de la ley de pesca (24.922), que somete a esta actividad al régimen federal. Sancionada en enero de 1998, tras años de cabildeos, la ley mencionada dio lugar a la creación del Consejo Federal Pesquero, organismo al que corresponde la tarea de elevar una reglamentación. Mientras ésta no se apruebe, seguirá existiendo una gran incertidumbre con relación al futuro de la industria pesquera.
Paralelamente con este tema, se plantea la necesidad de una revisión del convenio con la Unión Europea, acuerdo firmado hace cinco años y que hoy, a la luz de una explotación tan intensiva, resulta imperioso reconsiderar.
Estos puntos normativos y contractuales revisten importancia, pero el problema básico sigue siendo el de la pesca ilegal, fenómeno que se extiende cada vez más debido a que la vasta extensión del mar próximo a las costas argentinas dificulta las tareas de vigilancia y control.
El problema del agotamiento del recurso no de es fácil solución, pues cualquier modo de restricción general de la actividad -bajo forma de veda, limitación de la flota u otras- despertaría resistencias en los puertos desde los cuales operan los buques y trabajan las fábricas. Ese aspecto inquieta, por ejemplo, a Mar del Plata -principal centro productor, aunque hoy ha reducido su importancia- y a las estaciones portuarias patagónicas, dedicadas principalmente a la pesca, como ocurre en Puerto Deseado.
Todo esto es sin duda delicado, pero la gravedad mayor se ubica en el agotamiento del recurso. Y la cuestión de fondo sigue siendo la falta de un control efectivo en los mares, que trace una línea divisoria rigurosa entre la pesca legal y la ilegal.




