Desesperación y angustia ante una situación límite
¿Quién se hace cargo de tanta pérdida? ¿Quién está en condiciones de contener semejante shock emocional?
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Cuando el agua comienza a bajar, queda al descubierto la pregunta de siempre: ¿Quién es el responsable? ¿Quién se hace cargo de tanta pérdida? ¿Quién está en condiciones de contener semejante shock emocional?
Una paciente llegó hoy a la consulta muy consternada. Se hacía una pregunta, al parecer, muy sencilla:
- No sé si tengo que ir a trabajar o debería ir a ayudar a toda esta gente.
Entendí y compartí su inmenso sentimiento de solidaridad. Pero, muy a mi pesar, le contesté:
- ¿Viste el hombre que recién se fue llorando, tan angustiado? Ese paciente, por lo que fuera, necesitaba que hoy yo estuviera acá.
Tristezas incomparables. Pero todos, víctimas del estrés post trauma
En medio de esta respuesta, que pareciera ser insensible (habrá que entender la metáfora), persiste y flota la pregunta inicial.
Inevitable la bronca, la impotencia, el dolor de haberlo perdido todo.
Y esto no es nuevo. Pero, como siempre, suele haber un punto de inflexión. ¿Será éste?
Si todo fuera climatológico, si acaso fuera un sismo, un tornado, un tsunami...podríamos enojarnos con la naturaleza y, tarde o temprano, aceptar que poco o nada podríamos haber hecho para detener tanta brutalidad. Todo es en un contexto.
Lo cierto es que, mientras que algunos con los pies secos y otros, con suerte, sin luz, sin transporte público o con el auto como pecera insistimos con encontrar respuesta sobre las responsabilidades del caso, no dejan de llorar los protagonistas de esas historias que cachetean hasta al menos vulnerable.
El abrazo contiene, sostiene, ayuda a reconstruir el cuerpo y la identidad de quien cree que ya no tiene más fuerzas ni opciones
Un nieto se topó con el cadáver de su abuela, atrapada en la cocina bajo la heladera. Una madre y su bebe, en medio de un naufragio sin rescate en plena avenida. Un amigo que nunca más salió del auto...
Cada quien con su triste realidad después del temporal. Tristezas incomparables. Pero todos, víctimas del estrés post trauma.
Lo que viene después del rescate, inevitablemente, son consecuencias físicas y emocionales. Ansiedad, angustia, depresión, pánico, fobia.
Que el agua no se lleve la reflexión, la oración y la memoria.
Hoy, aquí y ahora, en momentos como éste, la clave es la presencia, poner la cara y el cuerpo, el abrazo sincero. El abrazo contiene, sostiene, ayuda a reconstruir el cuerpo y la identidad de quien cree que ya no tiene más fuerzas ni opciones.
Gobernantes, asistentes sociales y sanitarios, agrupaciones solidarias, vecinos, amigos... Resulta primordial estar dispuesto, al servicio de quien lo necesite, acorde a su circunstancia y posibilidades, sabiendo en detalle cuál es cada situación y con qué recursos (no sólo económicos) cuenta cada quien para superar su propia "tragedia". No sentirse solo en medio de tanto dolor, alivia la pena y apacigua, de algún modo, tanta bronca e incertidumbre.










