
Dialogar con las ONG
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UNO de los fenómenos alentadores de este tiempo es el extraordinario desarrollo que está alcanzando el llamado sector social, denominación con la que se designa al nutrido conjunto de personas e instituciones que trabajan desinteresadamente por el bien común o en beneficio de los sectores más desprotegidos de la comunidad.
El eje de esa actividad generosa, alejada de todo espíritu de lucro, son las llamadas Organizaciones No Gubernamentales (ONG), que se han ido extendiendo por el mundo como expresión elocuente del entusiasmo con que grupos humanos y sociales cada vez más numerosos se están volcando, en los distintos países, a las actividades filantrópicas y solidarias.
En los Estados Unidos, por ejemplo, el monto global del dinero destinado a donaciones superó, en 1999, los 190 mil millones de dólares. Ello significó un aumento del 6,7% respecto de la suma que se había movilizado por el mismo concepto el año anterior, lo cual revela el dinamismo con que se expanden y multiplican, en la sociedad norteamericana, los fondos volcados a fines solidarios. Es interesante conocer cómo estuvo conformada esa suma de más de 190 mil millones. El 75,6% correspondió a donaciones efectuadas por personas físicas. Un 10,4% fue aportado por fundaciones, un 8,2% procedió de legados y herencias y un 5,8% provino de donaciones de empresas.
El sector social moviliza en el mundo más de un billón de dólares por año. Las proyecciones autorizan a estimar que en el año 2015 esa suma superará los diez billones. En los Estados Unidos, el dinero que se mueve con fines solidarios equivale al 8% del producto bruto interno y proporciona el 10% del empleo nacional. En nuestro país, donde no existe una tradición filantrópica comparable con la norteamericana ni se mueven, obviamente, sumas tan abultadas, existe, sin embargo, un voluntariado que aporta a los fines solidarios no sólo dinero sino también tiempo y esfuerzo en proporciones notables.
A la vista de las cifras mencionadas, resulta evidente que el futuro de la humanidad está vinculado cada vez más con el destino de un triángulo integrado por tres sectores: elEstado, el sector privado con fines de lucro y el llamado sector social o solidario. Del dinamismo y la eficacia con que se articulen la cooperación y el diálogo entre esos tres sectores dependerán la suerte o el destino de la inmensa comunidad de mujeres y hombres que habita el planeta.
"Estoy convencido -ha dicho Peter F. Drucker- de que sólo a través del sector social podrá una sociedad moderna generar una ciudadanía responsable y productiva, que otorgue a los individuos, y especialmente a las personas de conocimiento, el marco de actuación que les permita hacer la diferencia en la sociedad y rehacer la comunidad .
Las ONG constituyen hoy la herramienta fundamental para la conformación de una auténtica cultura de la solidaridad. Cuando un ser humano asiste o ayuda desinteresadamente a otro se produce el crecimiento de ambas personas:crece el que recibe y crece el que da.
Un campo en el que los tres componentes del triángulo necesitan interrelacionar firmemente sus aportes es el de la educación. En la sociedad del conocimiento -que ya se está delineando en el mundo- el Estado, las empresas y el sector social deben actuar como socios o aliados estratégicos, pues en el futuro ninguno de esos tres sectores podrá por sí solo resolver y superar los problemas que será necesario abordar para que las personas tengan garantizado el acceso al saber en condiciones de equidad y en igualdad de oportunidades.
"Sólo con educación no se hacen grandes cambios, pero ningún gran cambio se hace sin educación", se ha dicho y escrito, con acierto, más de una vez. La sociedad del conocimiento -hay que insistir en esto- deberá surgir, necesariamente, de una sólida y fluida alianza operativa entre los tres sectores que forman el triángulo de la sociedad actual.
Las ONGestán llamadas a desempeñar, en ese esquema, un papel fundamental. Ellas son el marco en el que se inserta la acción fecunda del voluntariado, que no es el simple impulso aislado de brindar una ayuda al prójimo sino el propósito maduro de formar parte de un equipo solidario organizado y sistemático. El voluntariado, en efecto, requiere espíritu de pertenencia a una institución, en el contexto de una estrategia bien medida de planificación, coordinación, coherencia y concentración de fuerzas.
Como bien se ha dicho, la acción voluntaria es ética cuando surge libremente de una triple aspiración: la estima de sí mismo, la solidaridad con los demás y el compromiso de construir una sociedad más justa.
El diálogo con las ONG es la palanca que permitirá activar el esfuerzo conjunto de las sociedades del futuro. En la medida en que los poderes públicos y los sectores empresarios tomen conciencia de esa realidad y se decidan a formar parte de ese gran triángulo estratégico será posible edificar un mundo nuevo, en el que la solidaridad ocupe el lugar protagónico que le corresponde.





