Diálogo semanal con los lectores

Por Octavio Hornos Paz De la Redacción de LA NACION
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14 de abril de 2003  

La palabra alfabeto nos llega del griego a través del latín, como muchas otras voces antiguas de esa lengua. Pero su origen se remonta al fenicio. En efecto, los nombres de las letras griegas alfa y beta , que la componen, provienen del fenicio alf y bet .

El sistema alfabético, que representa sonidos con letras, deriva de la escritura pictográfica, que representa objetos, o los nombres de los objetos, con signos. Por ejemplo, en semítico temprano la palabra alf significa "buey" o "toro" y se representó primeramente con un dibujo que recuerda la cabeza de ese animal. Después el pictograma pasó a representar el sonido inicial de esa palabra, la letra alf , nuestra a . De la misma manera, bet , que significaba "casa", prestó su pictograma para representar el sonido inicial de esa palabra, la letra bet , nuestra be .

En el Cercano Oriente aparecieron varios alfabetos de origen semítico, que representaban solamente las consonantes. El más difundido fue el fenicio. Las lenguas indoeuropeas que lo adoptaron tuvieron que completarlo con los signos vocálicos.

Un plural correcto

Tiene razón el señor Claudio H. Sánchez cuando sostiene: "En el suplemento Economía y Negocios, en un artículo sobre la industria lechera, el autor habla de "condiciones estándar". Aunque la palabra inglesa standard, como adjetivo, es invariable, la forma castellana estándar debe seguir las reglas de pluralización de nuestro idioma. En este caso, "condiciones estándares"".

Con la cabeza sí

"Es muy común escuchar y leer últimamente la expresión "asintió con la cabeza". ¿No sería correcto decir simplemente "asintió" o bien "afirmó con la cabeza"?"

Esta nota del lector José Eduardo González, de San Juan, da la impresión de que su autor piensa que sólo se puede asentir con la cabeza. No es así. Asentir es "admitir como cierto o conveniente lo que otra persona ha afirmado o propuesto antes" y el asentimiento puede manifestarse por distintos medios.

La coma

El arte de la profecía se nutre de la ambigüedad, de modo que, entendido el vaticinio de una manera, tenga sentido y, entendido de la manera contraria, también lo tenga. Las sibilas eran maestras en estas construcciones. A los que las consultaban les respondían siempre en verso, en un tono de salmodia arrastrada, como agónica, difícilmente inteligible. El intérprete, un intermediario inevitable, explicaba con igual desenvoltura lo probable y lo improbable. El error era imposible.

Un arma de las sibilas era la puntuación. Se servían con destreza de la coma ( kómma , en griego, del verbo kóptein , "cortar", significa "miembro corto de un período del discurso").

Del uso sibilino de la coma hay un ejemplo clásico. Un soldado, a punto de partir para la guerra, quiso saber su destino. La respuesta: "Irás, volverás, no morirás en la guerra". El soldado pereció en el combate. Los parientes denunciaron el error evidente. El intérprete explicó que el joven había entendido mal la profecía. La sibila había querido decir: "Irás, volverás no, morirás en la guerra".

Una coma cambia el sentido de la profecía. Estas modestas señales de puntuación no han perdido su poder en nuestros días.

Una opción

Si la Academia acepta dos formas, el que escribe puede optar por una u otra. Es nuestra respuesta al lector Pablo Ferro, que escribe:

"En la revista del 16 de febrero, leí el artículo con texto de Mario Mactas entrevistando a la novel actriz Celeste Cid y me chocó ver escrita la palabra petizo con zeta en dos oportunidades. ¿Por qué con zeta ? Si bien el Diccionario de la Real Academia Española acepta la palabra escrita con zeta , la prefiere con ese .

"La palabra es bien argentina y siempre fue bien usada con ese . Tanto para el petiso de polo como para el Petiso Orejudo o el petiso de los mandados . LA NACION siempre escribió petiso con ese , desde la época de los tremendos asesinatos del Petiso Orejudo y desde que la Sociedad Rural premia a los petisos de raza. Desde los primeros comentarios de partidos de polo con petisos y petiseros hasta las críticas teatrales recientes. Caras y Caretas apodó al bajito gobernador de Buenos Aires Marcelino Ugarte "petiso orejudo", con ese , hace más de noventa años. Hace poco, María Moreno (Cristina Forero) escribió una novela sobre el petiso asesino, que tituló El Petiso Orejudo , con ese . El año pasado se estrenó en el Centro Cultural San Martín una obra teatral del mismo título, con dramaturgia y dirección de Julio Ordano.

" Petizo suena feo, y peticero , peor, pero algunos, muy pocos, prefieren (¿para distinguirse?) utilizar esas formas. ¿Por qué?"

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