Diego Fernández Slezak, un informático tras los misterios del pensamiento humano

Profesor e investigador del Conicet, fue premiado por Microsoft por sus investigaciones que cruzan la computación con las neurociencias
Lorena Oliva
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29 de junio de 2014  

Crédito: Diego Spivacow/AFV

Hace cinco años, difícilmente una computadora era capaz de reconocer caras. Hoy en día, en cambio, basta con subir una foto a Facebook para que la máquina sugiera el nombre de los fotografiados, sobre la base de la memoria que conserva de imágenes anteriores, con una precisión digna del asombro de cualquiera. Este tipo de procesos de razonamiento -históricamente propios del cerebro humano- acercan una faceta más humanizada de la tecnología, con todo lo de inquietante que eso tiene, si se piensa en la cantidad de guiones cinematográficos y libros que la paridad entre humanos y máquinas ha inspirado hasta el momento.

Pero más allá de las similitudes con el género de la ciencia ficción, se sabe que, también en la vida real, una de las principales vocaciones que motorizan a la ciencia y la tecnología es la de empujar los límites. La de volver posible lo imposible.

Mucho de esa vocación inspira el trabajo de Diego Fernández Slezak, doctor en Ciencias de la Computación y director del Departamento de Computación de la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA, cuyo trabajo fue recientemente galardonado por Microsoft, en el marco de un premio internacional con el que el gigante informático distingue a jóvenes científicos de todo el mundo que se encuentren desarrollando investigaciones innovadoras dentro del rubro de la informática.

En pocas palabras, el trabajo de Fernández Slezak cruza la informática con las neurociencias a fin de lograr que una computadora sea capaz de hallar ciertos patrones comunes al pensamiento humano en el mayor repositorio de textos que existe a escala global: Internet.

De esta manera, bastaría con acotar ese universo y establecer ciertos parámetros de búsqueda para que Internet se convirtiera en una suerte de laboratorio capaz de revalidar cualquier hipótesis de trabajo.

Con una trayectoria profesional intensa para sus 34 años, Fernández Slezak reconoce que su interés por la informática nunca se redujo a la mera programación. Lo interdisciplinario, el cruce de la informática con el funcionamiento de las cosas, está en su ADN. De madre y padre físicos, arrancó, de hecho, su formación rindiendo, en forma paralela, materias de Física e Informática.

El cruce de disciplinas se hizo aún más explícito durante su doctorado, cuando se acercó a la biología y las neurociencias. Fue, por aquellos años, que conoció al físico y doctor en neurociencias Mariano Sigman, con quien comenzó a encarar proyectos conjuntos.

"Los experimentos de neurociencias que se realizan con seres humanos en laboratorios tienen la lógica limitación de que el número de individuos es acotado. Hoy, con Internet, tenemos a miles de millones de personas produciendo cómputo, al realizar toda una serie de actividades que son, en definitiva, producto del pensamiento humano. Buena parte de esa actividad -traducida en datos y texto- se vuelca en un gigantesco repositorio común que es Internet, al que yo puedo acceder e, incluso, analizar", explica el científico.

Internet, ese laboratorio

Internautas convertidos, sin saberlo, en sujetos de experimentación, son quienes recrean, por ejemplo, el funcionamiento de Recaptcha, cada vez que validan su perfil de usuario, se loguean en ciertas páginas o compran entradas por Internet. Se trata de un sistema creado por el científico guatemalteco Luis von Ahn -hace unos años adquirido por Google-, con frecuencia presentado como un recurso para detectar fraudes informáticos (máquinas haciéndose pasar por humanos).

Recaptcha le solicita al usuario que transcriba dos palabras o secuencias de letras. En realidad el sistema sólo conoce la primera. La segunda proviene de algún texto escaneado que, por diversas razones, el sistema no logra decodificar y transformar en texto. De esta manera, millones de personas comprando entradas o logueándose en perfiles de Internet son, a la vez, una gigantesca máquina de escaneo de libros.

A nivel local, Fernández Slezak participó hace unos años, junto a Sigman, de un experimento que se proponía detectar patrones del comportamiento humano en cientos de millones de partidas de ajedrez que obtuvieron del servidor gratuito mundial Free Internet Chess Server. "Luego de aquel trabajo, llegamos a la conclusión de que el perfil de un oponente hace variar la propia estrategia y que, incluso, si jugamos contra alguien notablemente mejor, nuestro juego mejora. En cambio, si la situación es la contraria, nuestro juego empeora también, como una suerte de contagio", explica.

En esta nueva oportunidad, el objetivo que guía el trabajo de Fernández Slezak pretende dotar a una computadora de herramientas que la vuelvan capaz de leer en un texto no sólo palabras, sino también estados anímicos, partiendo de hipótesis previas.

Computadoras más humanas

"Si estamos ante una persona esquizofrénica, tal vez nosotros no sepamos de psiquiatría como para diagnosticar el cuadro, pero podemos darnos cuenta de que esa persona tienen algún tipo de trastorno. Si los humanos podemos notar la diferencia, la computadora debería poder hacerlo también", profundiza.

La idea sería, entonces, lograr que una computadora sea capaz de detectar en el texto ciertos parámetros aportados de manera previa. Para llevar adelante esta tarea, el especialista, también investigador asistente del Conicet, mantiene diálogo fluido con científicos del Instituto de Neurología Cognitiva (Ineco), entre ellos, su director, el doctor Facundo Manes, con la intención de puntualizar los síntomas y estados anímicos propios de ciertos estados mentales a fin de transformarlos en un código que pueda ser leído por la computadora. Esta herramienta métrica, asegura, sería muy valiosa dentro del ámbito de la salud mental ya que funcionaría como una especie de soporte a la labor de los especialistas del área.

Pero la distinción de un gigante como Microsoft -que consiste en un premio de 100.000 dólares, acceso a software e invitaciones a conferencias- permite deducir el enorme potencial que posee también en otros campos. Computadoras capaces de "leer" estados anímicos o mentales abren la puerta a procesos e investigaciones sumamente útiles a la hora de perfeccionar motores de búsqueda en Internet, un área que desvela a cualquier gigante del rubro.

"La tecnología de procesamiento de textos es materia de investigación en las grandes compañías. Es un área clave para ellas. Y es cierto que parte de las herramientas que nosotros utilizamos son usadas también a la hora de perfeccionar esa tecnología", admite.

Y también, claro está, la posibilidad de que una máquina adquiera habilidades hasta ahora propias de los seres humanos ingresa en el campo de lo que se conoce como "inteligencia artificial".

Definida como el arte de la computadora para asemejarse a la inteligencia humana, la inteligencia artificial tiene múltiples usos posibles en la vida cotidiana: desde el ejemplo antes mencionado de Facebook hasta la posibilidad de que los múltiples sistemas de chat con computadoras que ofrecen no pocas empresas para el trato con sus clientes se vuelvan lo más humanizados posible.

"Más de una vez nos ha disgustado descubrir que estamos hablando o chateando con una máquina", agrega el especialista, quien reconoce que investigaciones como la suya se proponen desandar ese camino. Humanizar la tecnología e incluso, si es posible, tratar de que el artilugio no se note.

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