Dos líderes, ante la misma tentación

Laura Di Marco
Laura Di Marco PARA LA NACION
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20 de mayo de 2020  

Los dos heredaron el poder, no lo construyeron. Sus mentores, Macri y Cristina, son los jefes de la grieta. Los dos fueron blancos del bullying político dentro de sus propias coaliciones. Los dos comparten un heterodoxo ADN peronista. Los dos afrontan cuestionamientos internos, desde los sectores más extremistas, cada vez que se acercan al centro o se muestran juntos. La pandemia los ubicó como los dirigentes más populares de la Argentina y cada vez que se sacan una foto en Olivos suben puntos en las encuestas. Los dos sueñan secretamente con el prefijo mágico "pos". Poscristinismo, en el caso de Alberto. Pos-Cambiemos, en el de Horacio.

Sin embargo, para parirse definitivamente como líderes de sus coaliciones necesitan "matar" simbólicamente al padre y a la madre. Alberto necesita limitar y trascender a Cristina. Horacio, a Macri. Hermanados en una misma tentación, ninguno de los dos parece dispuesto, por ahora, a dar ese arriesgado paso: el del parricidio político. Más bien, todo lo contrario. Y no se trata solo de la pandemia como prioridad. Hay razones anteriores, más personales y profundas.

En sus idas y venidas, el Presidente parece confundir la legitimidad de acceso al poder, que se la otorgó efectivamente su socia, con la legitimidad del ejercicio del poder, edificada a través de su propia gestión frente a la pandemia, con las invaluables herramientas que tiene a mano en un país hiperpresidencialista. Esta segunda e inesperada legitimidad, fruto de un cisne negro, le ofreció también una oportunidad dorada para acotar a su mentora. Es obvio que la tragedia del Covid-19 cambió las prioridades de la Argentina: un argumento potente para la reformulación del pacto inicial: la limpieza de las causas que involucran a los Kirchner. O, al menos, para postergar los plazos para su cumplimiento. Dicho de otro modo, Alberto podría haber convencido a su socia de postergar la reforma judicial -con la posibilidad de ampliar la Corte- que, en medio de la pandemia, solo es una prioridad de ella. Sin embargo, tomó el camino inverso: se sometió a la agenda cristinista, aun en contra de sus propios intereses y los del país. Cada vez que hay liberación de presos por corrupción o por crímenes comunes es Alberto quien paga los costos. Ayer, en General Pacheco, se mimetizó nuevamente, a lo Zelig, con lo más oscuro del cristinismo. Llamó "tontos" a los que no piensan como él sobre la cuarentena. Un mimo tribunero para Kicillof, que estaba a su lado, y para Cristina, que lo miraba por TV.

Un detalle político no menor: mientras el Presidente habla con "Horacio", el gobernador bonaerense jamás llamó públicamente a Larreta por su nombre. Solo se refiere a él como "el jefe porteño".

Un dirigente del ala moderada de Juntos por el Cambio, que dispara, en la intimidad, contra los generales más duros del macrismo (Bullrich, Macri), lo resume así: "Los extremos siempre tienen mayor atractivo que el centro porque son más ruidosos, pero desde ahí no construís nada. El macrismo duro es a Juntos por el Cambio lo que La Cámpora es al Frente de Todos. Hay una paradoja aquí: a la gente le gusta la prudencia, pero consume la imprudencia. La radicalización es como una droga".

A la mesa de los moderados se sientan María Eugenia Vidal, Rogelio Frigerio, Lousteau, intermitentemente algunos gobernadores radicales, Emilio Monzó y el propio Larreta. Se trata, por ahora, de una mesa sin cabecera. Entre los propios moderados también hay dos líneas: los que empujan a Larreta al parricidio político y los que, como Vidal, apuestan a la unidad en la diversidad. "Hay que quitarles dramatismo a las diferencias internas, siempre las tuvimos. Está bien que exista una visión como la de Bullrich y otra como la mía. La única manera de que la oposición pierda el año que viene es que vaya dividida", advierte, con asombroso optimismo, en la intimidad de las reuniones por Zoom. Legalmente, la exgobernadora podría jugar como candidata a diputada tanto en la ciudad, como en la provincia (en un distrito, nació; en el otro, reside). Aún no tiene definido dónde jugará, pero es prácticamente seguro que jugará.

Mientras el "frentetodismo" y el mundo cambiemita debaten su liderazgo -o, mejor, su carencia-, en la Argentina se dispara una nueva categoría de pobres: la clase media privada de recursos por la cuarentena, que empieza a acudir a las intendencias del conurbano en busca de lo que jamás habría imaginado: comida. Asomamos a un temerario escenario político que no se parece a nada, tampoco al 2001.

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