
Eduardo Camaño: "Nunca vendrá un ministro al Congreso"
El hombre que preside el Partido Justicialista y la Cámara de Diputados admite que el oficialismo nunca permitirá la interpelación de un miembro del gabinete, critica con dureza a Felipe Solá y desliza que el Gobierno no promueve una ley correctiva a la polémica reforma del Código Penal
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Rara suerte la del abogado Eduardo Camaño, un hombre de maneras sobrias que se conserva como tercero en la línea de sucesión presidencial desde tiempos de Fernando de la Rúa, lo que significa que ha permanecido al frente de la Cámara de Diputados bajo tres gobiernos distintos. Estar en esa línea bien podría ser un dato para encantar a los nietos sólo con enunciarlo. Pero en el caso de Camaño el honor dejó de ser un asunto potencial. Una vez, claro que por horas, se tuvo que ir del Congreso a la Casa Rosada para sentarse en el sillón de Rivadavia.
Menos conocida por el gran público es otra responsabilidad de Camaño. Este quilmeño de voz pareja, poco propenso a los reportajes, incondicional de Eduardo Duhalde, es hoy la máxima autoridad del Partido Justicialista. Quedó a cargo cuando el último conato de normalización -en aquel encuentro de Parque Norte al que el ministro del Interior denominó "reunión de peluquería"-, precisamente, se desmadró.
-La estabilidad de un duhaldista como usted al frente de la Cámara ¿merece ser vista en el marco del acuerdo entre Duhalde y Kirchner o como algo ajeno a ese entendimiento?
-Sin acuerdo de ellos dos es muy difícil saltar a la presidencia (de la Cámara). De cualquier forma le quiero recordar que yo fui elegido por unanimidad. Salvo, creo, un voto de abstención, los demás diputados siempre me votan.
-¿Y le resulta muy difícil estar entre Duhalde y Kirchner?
-Como yo no estoy entre Duhalde y Kirchner sino con Duhalde y Kirchner, no tengo ningún tipo de problemas.
-¿Se puede decir que usted es un duhaldista funcional a Kirchner?
-No se si la palabra funcional es correcta o no porque con ese criterio tendría que haber sido funcional a De la Rúa los últimos quince días de su gobierno y no lo fui. No es un problema de funcionalidad. Cuando se mandan leyes o proyectos de leyes que el país requiere como tales, el presidente de la Cámara tiene que empujarlas como corresponde. Para eso estoy acá, para que funcione el Congreso y para que las leyes que son importantes para el país salgan sin dificultades.
-¿Qué circunstancia tiene que darse para que los super poderes vuelvan al Congreso?
-Hemos avanzado este año con una parte de la deuda que era muy importante negociar. Terminado eso y resuelta la gran problemática laboral que tenemos, creo que es el momento para recuperar definitivamente los poderes. No se si será este año. Creo que sí, que para fines de año, si las expectativas se dan, el tema de los super poderes va a pasar directamente al Congreso.
-¿Piensa que se debaten lo suficiente las leyes del Gobierno?
-Acá se debaten todas las leyes. Pero no es un cine continuado el recinto. Todos tienen posibilidad de expresarse. La Cámara cuenta con 44 bloques. Habla media hora cada uno. Yo no lo podría prohibir, hay un reglamento.
-Como usted sabe, prevalece en amplios sectores la sensación de que el Congreso no debate bien las leyes e incluso que es un apéndice del Gobierno.
-Hay un error muy grave. Primero las comisiones, que son 46, discuten un proyecto durante meses hasta que lo llevan al recinto. Cuando el proyecto llegó al recinto ya lo discutieron los bloques.
-Hay leyes y leyes, ¿no? La ley de intangibilidad del canje de la deuda salió en cuestión de minutos. Otras están años.
-Debería haber durado menos que minutos ya que todo el mundo viene reclamando la recuperación de los poderes. El tener nosotros la deuda en nuestras manos es un reclamo permanente.
-Otro aspecto del Congreso obediente ya no es cuantitativo sino cualitativo. Los diputados bonaerenses que responden a Duhalde, tan gravitantes, hoy votan las leyes del Gobierno. ¿Cabe temer que si en algún momento se resquebraja la alianza de Kirchner y Duhalde el Congreso invierte su comportamiento?
-No hay un defensor de todo lo que hace a la gobernabilidad como Eduardo Duhalde.
-Gobernabilidad es una palabra pomposa, que no impide, por ejemplo, que el enfrentamiento que tiene hoy el duhaldismo con Felipe Solá esté afectando el funcionamiento de las instituciones.
-En la provincia de Buenos Aires los diputados votaron un presupuesto y le permitió al gobernador utilizar el Programa de Financiamiento Ordenado. Estaba votado favorable como para que él negociara con la Nación las deudas que la provincia tenía. No quiero equivocarme pero creo que le votaron 350 millones de dólares para hacer obras públicas por diez años, programar la obra pública y pagarla, y lo que no le legaron fueron las facultades. Cuando le quisimos dar las facultades a Kirchner dijeron una cosa y cuando los legisladores de la provincia de Buenos Aires no le dieron esa facultad a Solá, los mismos medios salieron a defender al Gobernador. Vaya contradicción.
-En todo caso, primero es una incoherencia del duhaldismo. ¿Por qué en el orden nacional otorga super poderes y en el provincial los niega?
-No, perdóneme, muchos duhaldistas en el orden nacional se opusieron, no se confunda.
-¿No cree que hay un comportamiento del duhaldismo en el orden nacional y otro en la provincia?
-No, mire, Felipe (Solá), con quien yo no tengo absolutamente nada, en contra ni a favor, está equivocado en su forma de actuar y de hacer la política. Primero, desconoce al sector al que pertenece. Esto que dice del ?mecanismo perverso por el cual llegan los diputados y las listas´ es el mecanismo por el que llegó él, ¿está claro esto? A mí me lo presentaron un día y me dijeron "este es el candidato a vicegobernador". Cuando renuncia Ruckauf me presentaron el candidato a gobernador. ¿Lo que era bueno en aquella época ahora es calamitoso? Lo único que le pido a Solá es que reconozca esto. Lo otro que no se puede hacer es romper el núcleo central del partido político al que uno pertenece, porque -¿quiere que le cuente una cosa?- a mí me podrán hablar de distintos sectores que acompañan al Presidente, pero cuando el Presidente tenga un problema, el peronismo va a estar atrás de él.
-¿Y Solá?
-Solá tiene que pensar que el día que tenga algún problema para gobernar, todos los sectores que él desprecia lo van a acompañar. Con los que él tiene solamente o los que él dividió no le alcanza.
-Kirchner siguió dos estrategias diferentes en las elecciones de Santiago del Estero y de Catamarca que acaba de perder el justicialismo. En el primer caso apoyó como candidato a gobernador a un candidato justicialista de origen menemista, mientras que en Catamarca le dio su respaldo al Frente Cívico, es decir, a un gobernador radical. ¿Usted con cuál de las dos estrategias está de acuerdo?
-Yo me quedo con el peronismo en todas las oportunidades. Si en Catamarca el peronismo hubiera ido unido y la gente de Barrionuevo no hubiera ido separada de la gente de Saadi, hoy el gobierno sería peronista.
-¿Y por qué Kirchner apoya a Castillo?
-Habría que preguntarle a Kirchner. Yo soy presidente del Congreso Nacional y estoy a cargo del partido. No puedo apoyar a ningún candidato que no sea del Justicialismo.
-¿De alguna manera su función es tener al Partido Justicialista dormido?
-No, mi función es tratar de normalizarlo. El otro día hice una reunión con el actual diputado Rodríguez Saa, que junto con Menem venía planteando la posibilidad de hacer una elección interna. Creo que el peronismo primero tiene que competir en las elecciones legislativas y después normalizar el partido. Mezclar las elecciones legislativas con las internas del peronismo no es lo mejor que puede pasar.
-¿Cómo es su relación con el Presidente?
-Habló conmigo hoy (por el jueves). Yo diría que no es la relación que yo tenía con Duhalde, porque la relación con Duhalde es de amigo. No soy amigo de Kirchner, pero debo creer que nuestra relación es la que puede tener un presidente de la Cámara con el presidente de la Nación. No tengo ningún tipo de dificultad.
-Me animo a adivinar que Kirchner lo llamó para agradecerle que ayer usted evitó la presencia de ministros en la Cámara para hablar de Southern Winds.
-Si se dedica a ser adivino va a perder. Me llamó por la ley del gasoil, así que dedíquese al periodismo.
-¿Por qué razón usted hace tantos esfuerzos para evitar las interpelaciones?
-Habíamos acordado con el jefe de Gabinete que él era el que iba a venir a dar explicaciones. Cuando yo le comuniqué esto a los bloques, algunos dijeron que lo mejor que podía pasar es que hubiera interpelación y no presencia en las comisiones; otro bloque manifestó que no solamente iba a estar presente en la reunión de comisiones que yo proponía sino que también quería la sesión especial. Es como si me hubieran visto cara de recién iniciado en la política. Si usted trae a un ministro para que se reúna con cinco comisiones donde hay 120 o 130 diputados, al otro día no lo va a traer a una interpelación.
-¿Entonces el Gobierno se enojó y no trae a nadie?
-No, no, el Gobierno no se enojó, el que se enojó fui yo con respecto al mecanismo que querían implementar.
-Lo que se ve claro es que el Gobierno no quiere las interpelaciones.
-Camaño tampoco.
-¿Habrá algún día una interpelación a un ministro?
-Si se considera necesario sí. Si no, indudablemente nunca el oficialismo traerá un ministro. No este oficialismo, ninguno.
-Me gustaría aclarar el tema de la reforma penal en lo referido a prescripciones, que se conoció en forma súbita y sorprendió a todo el país.
-Todos los diputados conocían la ley. Yo no se por qué sorprendió al país.
-Pero para la ley de prescripciones no hubo consultas. No se habló con las asociaciones de abogados ni con los jueces.
¿Cuántos jueces dijeron algo contrario de esta ley? ¿Uno? ¿Dos?
-No es un problema de cantidades sino de calidad legislativa.
-Hay montones de jueces y declaraciones de asociaciones de jueces que dicen que la ley es brillante.
-El Gobierno no opina lo mismo. Está mandando una ley correctiva.
-Mire, hasta ahora no llegó. ¿Usted la tiene?
El perfil
Ex presidente
El 30 de diciembre de 2001, tras la renuncia de Adolfo Rodríguez Saá, Eduardo Camaño asumió la presidencia de la nación en forma interina. Su gestión concluyó el 1° de enero de 2002, cuando renunció y la Asamblea Legislativa nombró presidente a Duhalde.
Hombre de Quilmes
Entre 1987 y 1991 fue intendente de Quilmes, donde es rival del ministro del Interior, Aníbal Fernández. Fue elegido diputado nacional en 1991. Ocho años más tarde ocupó la vicepresidencia segunda de la Cámara, trampolín hacia la presidencia, que desempeña desde hace cuatro años.





