
Educación, clave del siglo XXI
Por Alieto A. Guadagni Para LA NACION
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"EL 40 por ciento de los aspirantes que rindieron el examen para el ingreso directo a la Facultad de Ingeniería de la Universidad Nacional de la Plata fue calificado con 0 o con 1" (LA NACION, 29/12/2002). Año tras año nos enteramos de las deficiencias de los jóvenes, dejadas en evidencia por las pocas facultades que toman exámenes de ingreso. Los resultados de las pruebas de evaluación que administra el Ministerio de Educación demuestran que los estudiantes egresan del secundario sin saber los contenidos esenciales de las materias básicas. Las deficiencias del secundario abruman a la Universidad, ya que la obligan a bajar su nivel o a asumir un papel reparador que no le corresponde. Esta situación no es ajena a la pobre relación graduados-alumnos de las universidades públicas, que apenas llega a un cuatro por ciento, cuando en los Estados Unidos y en Alemania es del 15 por ciento, y en Japón y en Francia, del 25 por ciento.
Hace varios años se propuso un examen obligatorio para los egresados del secundario (escuelas públicas y privadas). Superar esta prueba sería indispensable para quienes deseaban cursar estudios universitarios. En muchos países existe desde hace mucho este tipo de examen: son naciones bien ubicadas en las comparaciones internacionales de rendimiento educativo, o que vienen superándose con el tiempo. Algunos de estos países, con sus pruebas, son: Alemania (Abitur), Australia (Senior Certificate of Education), Corea del Sur (Test de aptitud general), Dinamarca (Studentereksamen), Estados Unidos (vigentes en varios Estados, con denominación diversa), Finlandia (Examen nacional de matriculación), Francia (Baccalauréat), Holanda (The National VWO Leaving Examination), Inglaterra (GCE A Level), Irlanda (LCE), Israel (Bagrut), Italia (Esame di Stato), Japón (Daiken), Polonia (Matura), Suiza (Certificat de Maturité). Chile aplica la Prueba de Aptitud Académica desde la década del 90 con excelentes resultados. El gobierno español también ha decidido implantar este examen, para no quedar atrás en la Unión Europea.
Demasiado evidente
Aquí esta propuesta no llegó a ser instrumentada: es probable que se prefiera que no salgan a la luz las deficiencias en las escuelas secundarias, que se harían evidentes con un examen obligatorio al finalizar todo el ciclo. Hoy, ningún padre se entera del resultado de las pruebas de evaluación de sus hijos; si el examen fuese obligatorio para pasar al nivel superior, se generaría una gran presión social para mejorar las numerosas escuelas que hoy son deficientes, ya que sus alumnos no obtendrían notas aprobatorias. Una sociedad bien informada demandaría con razón escuelas de calidad que no malograran el futuro de sus hijos, especialmente de los más pobres, que son los que acuden a las escuelas peor dotadas.
En el mundo globalizado todos los países pujan para atraer inversiones productivas capaces de crear buenos empleos y contribuir a la prosperidad económica y al equilibrio social. Pero hoy las inversiones no se atraen con salarios bajos, ya que ellos son reflejo de baja productividad y tecnología atrasada. Un factor esencial para radicar nuevas inversiones, que no se limiten a explotar recursos naturales, es el nivel educativo de la fuerza laboral.
La modernización y transformación productiva de un país impulsadas por su inmersión en la globalización valorizan como nunca todas las dimensiones de la educación. Por eso la insuficiencia educativa es un obstáculo para las inversiones productivas orientadas a los procesos de gran valor agregado. Esto fue bien entendido por la generación del 80, que enfrentó la anterior globalización (1870-1913) con un grandioso proyecto educativo. Es así como el analfabetismo que en el primer tercio del siglo XX era de 60% en Portugal, 40% en España y 20% en Italia, era inferior al 15% en la Argentina.
Pero hoy las exigencias educativas van más allá de la mera enseñanza primaria. Y en este terreno no estamos bien para competir. No hay tiempo para perder, si pensamos en los millones de adolescentes que deberán afrontar el desafío de la globalización.





