
El aleph del tiempo
Por Abraham Skorka Para LA NACION
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El aleph (léase alef ; la grafía usada es la del relato de Borges) es la primera letra del abecedario hebreo. De acuerdo con la mística hebrea, dicha letra representa el Ein Sof, cuya traducción es "infinito" y que se refiere al atributo de infinidad de Dios o, en el léxico de Borges, a "la ilimitada y pura divinidad".
Georg Cantor fue el creador de la teoría de conjuntos y del concepto de números transfinitos. Estos últimos, que tienen la particularidad de poseer características de infinidad, fueron denominados por su creador con el nombre del aleph. Al primer aleph que concibió, Cantor lo denominó "aleph sub cero". Representaba al conjunto de todos los enteros y fracciones posibles. El segundo, el "aleph sub uno", representaba a todos los puntos geométricos sobre una línea, superficie o volumen. El "aleph sub dos", a todas las curvas geométricas posibles. El cuarto aleph, el "sub tres", parece que fue el culpable de que su creador finalizara sus días el 6 de enero de 1918 en la clínica para enfermedades nerviosas de la ciudad de Halle.
Con las palabras que Borges puso en boca de Carlos Argentino Daneri, un aleph "es uno de esos puntos del espacio que contiene todos los puntos". Al verlo así, Borges contempló en unos pocos centímetros el inconmensurable universo.
En la tradición hebrea, y mucho antes que Cantor, fue concebido el concepto del tiempo que sabe contener a todos los tiempos. Este concepto se halla en los primeros dos días de cada nuevo año, Rosh Hashana (acabamos de festejar el comienzo de 5764) y en el décimo día, el Iom Kipur, el Día del Perdón, que se cumple precisamente hoy. Son los días en los que el Creador juzga a todas sus criaturas y realiza un balance del resultado de su creación. Al crear al ser humano y otorgarle libre albedrío y capacidad de comprensión, discernimiento y creación a partir de lo existente, el Creador tomó el riesgo de que la inventiva humana destruyera su obra. También podía ocurrir, por el contrario, que su criatura fuera un socio digno en la perenne recreación de la obra divina.
Todo es sopesado en las alturas en esos días: hasta la más simple acción del más simple de los mortales puede influir sobre el veredicto celestial. Cada individuo es juzgado particularmente y la humanidad es juzgada como un todo.
Paralelamente, cada mortal debería realizar un acto de contrición y analizar las acciones realizadas durante el año. Tal análisis debería conducirlo, necesariamente, al aleph del tiempo, en el cual podría ver con claridad todo lo pasado, en el ámbito personal y como miembro de la humanidad, y de qué forma se proyecta el futuro en función de ese pasado.
Borges, que era un erudito de la Cábala, concatenó sutilmente (en la mística todo es sutil) el aleph espacial con el temporal. La posdata de su relato El aleph fue escrita el 1° de marzo de 1943, el mismo día en que el poeta David Jerusalem, símbolo de la más excelsa creatividad cultural hebrea, se suicidaba debido a los tormentos infringidos por Otto Dietrich zur Linde, subdirector del campo de concentración de Tarnowitz. El balance que hace Linde de su vida y del nazismo, que describe Borges en su Deutsches Requiem , nos ilustra acerca de las consecuencias en la búsqueda del aleph del tiempo, que emerge cuando uno analiza las acciones realizadas y sus proyecciones hacia el futuro. El personaje, Linde, pronostica, instantes antes de su ejecución: "Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable". Tal frase debe ser comprendida en función de su experiencia nazi. Al analizarla dice, entre otras cosas: "Morir por una religión es más simple que vivirla con plenitud; batallar en Efeso contra las fieras es menos duro (miles de mártires oscuros lo hicieron) que ser Pablo".
Lo implacable avizorado por el personaje en aquel tiempo es la realidad del presente, en el que muchos buscan la trascendencia a través de un acto, aunque éste incluya la muerte y la destrucción, en vez de hollar la difícil y paciente senda que demanda la construcción profunda y madura. Se prefiere morir por una religión en vez de cumplir con el mandato bíblico: "Elegirás la vida".
La esencia de los totalitarismos del siglo pasado, mejorada encarnación de los abyectos regímenes despóticos de siglos anteriores, sigue firme en gran parte de la realidad presente y proyecta sus nefastos designios hacia el futuro.
De acuerdo con la tradición profética, siempre hay una posibilidad de retorno a Dios. Más aún: el desafío de Rosh Hashana y de Iom Kipur es el de modificar algo sustancial en la esencia del ser para que el futuro no vuelva a ser parte del círculo vicioso de un oscuro y horroroso pasado.
Hay mucha gente que aún deambula por la calle Garay en búsqueda del lugar donde se erigía la casa en cuyo sótano Borges vio el aleph, con riesgo de enloquecer como el famoso matemático o de necesitar "unas noches de insomnio" para el olvido, como le pasó a nuestro insigne escritor. No saben que el judaísmo, en cuyo seno se gestó la Cábala que engendró el concepto del aleph, a diferencia de muchas otras culturas y civilizaciones, sabe consagrar el tiempo por sobre el espacio.




