
El ataque al cementerio israelita
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El vandálico ataque contra el cementerio israelita de la Tablada, consumado en la Nochebuena, revela que en la Argentina subsisten grupos humanos altamente peligrosos por su perversidad y por su oscura adhesión al fanatismo ideológico. Aunque se trate de facciones minúsculas, obnubiladas por sentimientos tortuosos e incapaces de comprender los principios sobre los cuales se sustenta una sociedad civilizada, es indudable que cuentan todavía con la capacidad necesaria para atentar contra el espíritu de convivencia democrática que la inmensa mayoría de los argentinos desea consolidar.
El país debe condenar y repudiar con la máxima energía estos actos de barbarie, que pretenden restaurar en la Argentina las repugnantes antinomias que ensombrecieron un penoso capítulo del siglo XX y que hoy, ya casi en el umbral del tercer milenio, suenan como resabios de un tiempo oscuro y demencial.
El gobernador Eduardo Duhalde y dirigentes de la comunidad judía han manifestado que el ataque pudo haber sido perpetrado por ex agentes de la policía bonaerense desplazados de sus cargos por las reformas que se están instrumentando o que se ejecutaron en años anteriores. Si esa sospecha fuese fundada, se confirmaría la necesidad imperiosa de que la reforma cale hondo en las estructuras de la fuerza, que de ningún modo puede seguir cobijando en el futuro a elementos de esa catadura moral y de esa peligrosidad.
Hace un año, en la Nochebuena de 1996, días después de que el comisario Pedro Klodczyk abandonase la conducción de la Policía Bonaerense, se registró en el cementerio de la Tablada un atentado similar. Si a ese antecedente se suma la presunta participación de miembros de esa fuerza en el ataque terrorista contra la sede de la AMIA, se advierte que las sospechas expresadas por el gobernador se apoyan en indicios bastante claros.
En un país que ha sufrido dos atentados terroristas de impresionante magnitud _dirigidos contra la sociedad argentina en general y contra la colectividad judía en particular_ que todavía no han sido esclarecidos, cualquier gesto que agravie a las instituciones representativas de la comunidad hebrea genera, con razón, un estremecimiento de indignación. Por lo demás, si se confirmara la intervención de ex policías bonaerenses en el escabroso episodio, habría que encender una luz roja de alerta por las posibles andanzas futuras de los agentes que resulten excluidos de esa fuerza como resultado de la reestructuración que encara el gobierno de Duhalde. En su editorial de anteayer, titulado "Reforma policial: señales positivas", La Nación afirmó que uno de los problemas que deben afrontarse es, justamente, el que se refiere al destino de quienes queden al margen de la organización de seguridad provincial. El fantasma de esa "mano de obra desocupada" _por utilizar una expresión que ha hecho carrera en el habla coloquial_ ronda, hoy, por la mente de muchos de los habitantes de la provincia.
Entretanto, es imprescindible que los responsables de este nuevo ataque contra el cementerio judío _que provocó la destrucción de lápidas, monumentos y fotografías en 35 sepulturas_ sean individualizados y juzgados con el rigor que marca la ley. En la Argentina, la impunidad ha tenido, hasta ahora, demasiado margen. No es posible que el vandalismo siga sembrando el caos y socavando la paz social.





