El conflicto comercial entre China y Estados Unidos

Yang Wanming
Yang Wanming PARA LA NACION
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14 de julio de 2018  

El pasado 6 de julio, la administración de los Estados Unidos, en contravención a las normas de la Organización Mundial del Comercio (OMC), impuso aranceles adicionales del 25% a los productos importados de China con un valor de 34.000 millones de dólares, desatando así la mayor guerra comercial en la historia económica mundial. La parte china, en salvaguarda de sus intereses legítimos, respondió de forma natural y razonable con la aplicación necesaria de la misma alícuota adicional sobre los productos estadounidenses del mismo valor, a la vez de llevar el caso a la OMC.

China no quiere una guerra comercial, pero tampoco la teme. A raíz de las fricciones comerciales provocadas unilateralmente por los Estados Unidos, la parte china siempre ha dejado bien clara su voluntad de dialogar y zanjar las diferencias comerciales por esta vía. Tras varias rondas de consultas celebradas tanto en Pekín como en Washington, ambas partes emitieron en mayo pasado un comunicado conjunto con el fin de superar dicho problema. No obstante, los Estados Unidos, incumpliendo el consenso alcanzado, se obstinaron en gravar de manera adicional los productos chinos, lo que conllevó a una seria vulneración del espíritu de los contratos, cimiento de la economía del mercado.

El bullying comercial de los Estados Unidos perjudica a todos, con este incluido. En la lista de los productos adicionalmente gravados, los de las empresas extranjeras en China representan un 59% y buena parte de estas son estadounidenses. Con dicha medida, el gobierno de los Estados Unidos no solo "prendió fuego" a China, sino también a sus propios consumidores y empresas y, más aún, afectará la seguridad de la cadena global de valor y de producción, alterará el orden comercial internacional y desencadenará turbulencias en el mercado, ensombreciendo las perspectivas del crecimiento de la economía mundial. De hecho, el bullying comercial de los Estados Unidos ya ha causado impacto en economías como las de la Unión Europea, Canadá, México, la India y Turquía, suscitando a nivel mundial amplias preocupaciones y críticas, así como contraataques de un creciente número de naciones.

Este año coincide con el aniversario número 40 de la reforma y apertura de China. Durante estas cuatro décadas, China ha devenido la segunda economía con el mayor comercio de bienes en el mundo, con un aporte promedio anual del 30% al crecimiento económico global desde 2002. También en estos 40 años, China ha sacado a más de 700 millones de personas de la pobreza, un 70% de la población despauperizada mundial del mismo período.

China cumple 17 años desde su incorporación a la OMC. En estos años, China ha reducido el nivel general de sus aranceles del 15,3% de 2001 al 9,8%. El 1º de julio pasado, nuestro país tomó la iniciativa de bajar en un promedio del 55,9% la tarifa arancelaria sobre la importación de los productos de consumo diario. Asimismo, China se ha enfrascado en abrir el mercado de servicios y mejorar el marco jurídico en materia de la propiedad intelectual, con un aumento anual del 17% en su pago a otros países por aquella hasta llegar a los 28.600 millones de dólares en 2017.

La importación de China viene incrementándose en un promedio del 13,5% por año y sobrepasará, según lo previsto, el valor de los 24 millones de millones de dólares en los próximos 15 años. Como afirmó el presidente Xi Jinping, "la puerta de China jamás quedará cerrada; al contrario, se abrirá cada día más". La apertura de China, al tiempo de deparar nuevas oportunidades para todos los países, inyectará un renovado vigor al crecimiento económico global.

Siendo por igual beneficiarias y defensoras de la globalización económica y el sistema comercial multilateral, China y la Argentina se adhieren en forma firme y expresa al consenso alcanzado durante la XI Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Buenos Aires, respecto de la edificación de un sistema comercial multilateral justo, abierto y libre. Hace poco, nuestros países firmaron los protocolos para la exportación a China de la carne enfriada y con hueso de la Argentina, y ahora están dando un mayor impulso a las negociaciones sobre el acceso al mercado chino de la carne de cordero y cerdo, caballo, material genético bovino, miel, sorgo, trigo y cereza, entre otros productos argentinos.

Estamos a la expectativa de que la Argentina lleve más productos y servicios de alto valor agregado a China, aprovechando la primera Expo Internacional de Importación de China en noviembre próximo. China está dispuesta a trabajar de la mano con la Argentina y otros países de la región para construir una economía mundial abierta, haciendo frente al oscuro bullying comercial con la luz que brilla en el multilateralismo y el orden comercial justo y libre.

Embajador de la República Popular China en la Argentina

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