
"El Congreso puede funcionar bien con 103 legisladores menos"
La politicóloga cree que para tener un Estado eficiente hay que quitarle a la corporación política los privilegios que se autootorgó
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Carlota Jackisch tiene los ojos de un celeste tan rotundo como sus definiciones sobre la actualidad sociopolítica de la Argentina. Con una visión enrolada en los postulados del liberalismo, aclara, la cientista política plantea la necesidad de "herir de muerte" a la actual "corporación política" y advierte que el tiempo apremia porque la Argentina es "una bomba de tiempo".
-¿Es posible reformar el Estado con las herramientas que ofrece la actual Constitución Nacional?
-No, hay que modificarla, en parte por las modificaciones que se han introducido en 1994. También es necesario reformar constituciones provinciales y hacer una revisión de fondo del federalismo... Esto parece muy difícil, pero si la última reforma fue hecha por motivos tan poco profundos, por qué no hacerlo para sacar a la Argentina de esta situación.
-¿Cómo?
-La única posibilidad que veo es poner al Estado en términos manejables y eficientes. Y para eso, lamentablemente, hay que herir de muerte a la corporación política... No hay que matarla, sino que hay que sacarle las prebendas y privilegios que se fue auto-otorgando.
-¿Es institucionalmente razonable que el Congreso delegue facultades para racionalizar al Estado?
-Delegar poderes siempre es peligroso. Mucha gente está contenta porque esto está destinado a Domingo Cavallo, pero Cavallo puede morirse mañana y ese poder queda en manos de cualquiera. La división de poderes tiene que ser respetada a rajatabla, y es el Poder Ejecutivo el que debe tener el poder y la voluntad política para que el Legislativo funcione. Además, con los poderes que se han delegado casi no se toca a la corporación política, de modo que la delegación se da porque no afecta a quienes delegan el poder.
-¿Qué elementos son necesarios para hacer una reforma estructural del Estado?
-Por un lado, hay que modificar el sistema electoral. Eliminar las listas sábana. El votante debe conocer a quién elige, como sucede en los países que funcionan normalmente. Puede haber una pequeña lista de representantes partidarios, porque de otra forma esto parece muy difícil de hacer en la Argentina...
-¿Y qué más?
-Un segundo elemento es la designación de candidaturas. El monopolio no debería estar en los partidos políticos. El control de la ciudadanía, la existencia de organizaciones no gubernamentales y una mayor actividad de la sociedad civil es fundamental para que se salve el sistema.
-¿Qué rol juegan y qué rol deberían jugar los sindicatos en esta reforma del Estado?
-En este momento los sindicatos necesitan prebendas del Estado que les aseguren el manejo de las obras sociales, por eso hacen huelgas. Hay que conseguir que los sindicatos vuelvan a ser asociaciones voluntarias, lugares adonde uno se afilia porque cree que algunas personas pueden defender mejor sus intereses. Esto es legítimo y necesario, y es una organización no gubernamental.
-De todos modos, en algún sentido los sindicatos juegan como contrapeso frente a algunos planteos hiperliberales. Esto se vio con el anuncio del plan económico de Ricardo López Murphy...
-No, no creo en eso. López Murphy defendería a ultranza un sindicalismo libre, lo que pasa es que el sindicalismo argentino no quiere asumir la forma de asociación voluntaria. Y me pregunto por qué no, si tienen tantos adherentes.
-López Murphy disparó una respuesta colectiva de rechazo cuando anunció su plan, que sólo duró 48 horas...
-Yo no sé si fue tan colectiva, porque de hecho nadie entendió a este grupo de académicos al que le es muy difícil comunicar. El ajuste del Estado que propiciaba López Murphy ahora lo tiene que hacer Cavallo. La diferencia es que López Murphy dijo de entrada que iba a tocar intereses de la clase corporativa, y por eso no fue posible. Además, lo planteó muy mal porque dio la impresión de ser un ataque contra la educación, cuando no lo era. De todas maneras, el ajuste o lo hace Cavallo o lo hace alguien, porque esto es una bomba de tiempo.
-Bill Clinton se ponía a sí mismo un cartelito que decía "es la economía, estúpido", ¿no le faltó a López Murphy un cartelito que le avisara que no podía dejar de lado la política?
-Claro... Es difícil para alguien que siempre se ha movido en ámbitos académicos de golpe tener que presentar un plan sin haber llegado a ver hasta qué punto es necesario buscar consensos. Cavallo lo sabe. Entonces apostó a seguir extrayendo del sector privado, sin atacar a las corporaciones, y quizás podamos gradualmente ir introduciendo alguna reforma del Estado.
-Cavallo tampoco tocó demasiado a la corporación financiera...
... Yo lo de la corporación financiera no lo tomaría como una definición correcta, salvo para aquellos grupos que realmente están asociados al Estado. Para mí corporaciones son grupos que están asociados al Estado...
-Bueno, hay grupos que funcionan corporativamente frente a una política del Estado. Durante el gobierno de Raúl Alfonsín, por ejemplo, el poder económico cerró filas en su contra...
-Bueno, claro, si usted vive en un mundo de hiperinflación y está en los negocios, alguien tiene que ponerle fin a eso. Yo no acepto eso de golpe de Estado del mercado. El mercado son millones de transacciones donde hay personas que están al frente de eso y que tienen que defender a sus clientes. Cuando se dice que el mercado no acepta tal medida es porque tiene miedo de que alguno de sus negocios, que no son propios de una persona, pueda resultar dañados. Y esto no es injusto, porque ellos trabajan a riesgo propio. En cambio, las otras corporaciones no trabajan a riesgo propio, ése es el punto.
-¿Sonó injusto el planteo de López Murphy de que el ajuste se iba a hacer sobre la educación, que siempre fue pública y gratuita?
-Claro que sí. Yo me eduqué en primaria y secundaria en colegios del Estado y por supuesto que esta educación tiene que ser gratuita, pero no está bien que paguemos 700 millones de dólares por ausentismo por año. Hay que modificarlo... Bueno, eso son datos de FIEL. Con esto quiero decir que cuando ellos proponen una modificación, no es para arancelar la educación sino para modificar las propias estructuras docentes...
-¿Pero la solución es sólo económica?
-No, tiene que ser mucho más política que económica. Todas las modificaciones que se quieran hacer tienen que contar con el apoyo político y la búsqueda de consensos. Pero hoy el problema de la Argentina es la falta de liderazgo, pero también diría que en la historia argentina de los últimos años la calidad del liderazgo ha sido patética. Y con esto volvemos a las cuestiones partidarias, porque la vida interna partidaria es lo peor para asegurar calidad de liderazgo.
-Usted planteó en un artículo que los legisladores deben ser asesorados por sus bloques y no por asesores personales
-Esto es algo que funciona en Alemania, en Inglaterra y en parte de los Estados Unidos. El bloque es el que contrata temporariamente al asesor más calificado para realizar el estudio que necesitan sus legisladores, que sólo necesitarían una secretaria. En la provincia de Buenos Aires se llegó a pagar 14.000 pesos de sueldo para un senador y con otros 30.000 a su disposición para funcionamiento. Esta desmesura es una vergüenza total y absoluta.
-También planteó que hay que reformar el sistema de representatividad parlamentaria...
-Sí, el Parlamento puede funcionar perfectamente con 80 diputados menos y con 23 senadores menos.
-¿Y cómo se mantendría la equidad entre una provincia grande y una chica?
-Eso se soluciona con consensos que se logran dentro del Parlamento, donde el número de diputados no tiene nada que ver. Menem tuvo el Parlamento a su favor y cuántos decretos de necesidad y urgencia tuvo que sacar porque no lo apoyaban ni los propios... Y tampoco hacen falta los concejales, que se pueden anular inmediatamente y dejar en funcionamiento a un intendente con un equipo de cuatro o cinco personas.
-La idea es eliminar el Poder Legislativo de cada municipio...
-Sí, porque no existen. Prácticamente no legislan porque no pueden tener influencia ni en el nivel nacional ni en el nivel provincial. Tendrían que ser concejales aquellos vecinos que realmente se interesan por las cuestiones comunales, como sucede en Alemania o en Inglaterra, donde se juntan para trabajar por la comunidad después de salir de sus empleos.
-¿Cómo se debería financiar la actividad política, de acuerdo con su teoría?
-Hay que seguir financiándola, porque la política es imprescindible. La cuestión no es menos democracia, sino más y mejor. Esto significa reducir la cantidad de gente, porque no sirve para nada hacer un sistema unicameral si cada legislador tiene 46 empleados, como en el Chaco. Lo que hay que recortar es la posibilidad de hacer nombramientos y la disponibilidad de dinero del legislador.
-En las provincias, el trabajo en el Estado funciona como un seguro de desempleo encubierto, ¿cuál es su visión?
-Yo no acepto eso. Hay un estudio que demuestra que casi el 80 por ciento de los puestos que dan los legisladores es para allegados, que pertenecen a la clase media. Y si fuese cierto, quién les dio permiso para hacer asistencialismo; para eso hay otros organismos del Estado. Además, la ayuda entendida como dádivas no sirve. Y esto de estar salvando la situación del momento para cambiar en el futuro lo escuchamos desde hace demasiados años.
-El ex jefe de Gabinete Rodolfo Terragno planteó en un artículo que mientras no haya una renegociación de los plazos y los intereses de la deuda externa va a ser muy difícil sacar el país adelante. ¿Coincide con esa apreciación?
-Sí, pero ya la escuché en el 78, en el 84, en el 88, en el 91...
-¿Y alguna vez estuvo de acuerdo?
-Creo que como país siempre tenemos que conseguir la mejor financiación para nuestras deudas. Pero también quisiera no tratar más con el FMI, porque el que presta plata pone condiciones, no hace beneficencia. Y lo que están haciendo es prestarles plata a gobiernos cada vez más ineptos. Realmente quisiera que nos dijeran que no nos dan más dinero, que la fiesta se terminó.
Compromiso
Una de las claves para modificar las estructuras políticas es un mayor compromiso ciudadano. Eso, para Carlota Jackisch, se logra "diciendo la verdad, como en todas las cosas de la vida". Y pone como ejemplo a la Alemania de sus ancestros.
"Cuando Konrad Adenauer después de la guerra consiguió levantar a Alemania no hizo ni una sola promesa en vano. Es cierto que hubo ayuda de los Estados Unidos, pero la Argentina recibió y dilapidó varios planes Marshall en los últimos años. En cambio allí se construyeron casas, puentes, se dieron créditos a las industrias... Y Adenauer jamás prometió que iba a levantar las persianas de las fábricas, ni que iba a terminar con la desocupación", dice.
Perfil
- Carlota Jackisch es socióloga y doctora en Ciencias Políticas, diplomada en la Universidad de Buenos Aires y en la Universidad de Belgrano.
- Dirige el programa político de la Fundación Konrad Adenauer y es autora de varios libros sobre los partidos políticos de América latina; los sistemas electorales; la división de poderes, y otro titulado "El nazismo y los refugiados alemanes en la Argentina".
- Este último libro, dice, es "una deuda con sus ancestros", ya que es hija de una militante comunista y un padre socialdemócrata que abandonaron Alemania en 1933, perseguidos por el nazismo.
- Es divorciada y tiene dos hijos, uno de los cuales vive en Estados Unidos.
- Lee "con admiración y envidia" a aquellos autores que logran reflejar en sus textos el clima y las pasiones en que se sitúa el relato, y menciona en este plano a Jorge Luis Borges y a Mario Vargas Llosa.
- También escucha música clásica y las canciones de aquellos que consiguieron "llevar la literatura a un nivel popular", como George Brassens, Bertolt Brecht y el Joan Manuel Serrat de los primeros tiempos.





