El destino de los residuos de la ciudad de Buenos Aires

Los rellenos sanitarios están colapsados o próximos a alcanzar su máxima capacidad, lo cual plantea dudas sobre la viabilidad de la ley de "basura cero"
Un basural a cielo abierto
Un basural a cielo abierto Fuente: Archivo
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24 de abril de 2018  

Cada día se generan en la ciudad de Buenos Aires casi siete mil toneladas de basura. De estas, menos de la mitad, unas tres mil, llegan a la Coordinación Ecológica Área Metropolitana (Ceamse). El resto se recupera en otros centros de reciclaje, tales como el Centro Verde y la Planta de Tratamiento Mecánico Biológico (TMB) de la Argentina, en el Complejo Ambiental Norte, o bien en el circuito informal.

Sin embargo, los rellenos sanitarios están colapsados o próximos a alcanzar su máxima capacidad. Muchos de los planes para recuperar, reciclar y reducir la cantidad de basura generada no han dado los resultados esperados. En esta instancia cabe razonablemente preguntarse si resulta aún viable la ley de "basura cero", promulgada en 2006, o si es necesario contraponerla con una realidad que no puede discutirse: la cantidad de residuos generados continúa creciendo. La actual situación de enterrar los residuos que fueron rechazados en el proceso de separación debe modificarse de manera urgente por dos razones: los rellenos tienen fecha límite en los próximos cinco años y hoy existen opciones disponibles mucho más eficientes, que imponen un serio análisis.

La ciudad ha presentado una alternativa concreta: la instalación de plantas de termovalorización, es decir, la adopción de tecnologías que, en un ámbito cerrado, transforman la basura que no puede ser aprovechada por los recicladores urbanos en energía eléctrica. Tecnologías con sistemas de control de emisiones seguras y con estándares de calidad de aire adecuados, no contaminantes. Algo que se aplica con éxito en varios países de Europa, como Suiza, que ha logrado que ningún porcentaje de sus residuos urbanos se deposite en rellenos sanitarios.

La ley de "basura cero" determinaba, casi como expresión de deseos, un cronograma de reducción progresiva de la disposición final de residuos: 30% para 2010, 50% para 2012 y 75% para 2017, tomando como base los niveles enviados a la Ceamse durante 2004 (1,5 millones de toneladas). Ahora se propone un nuevo cronograma que establece un 50% de reducción de residuos para 2021, un 65% para 2025 y un 80% para 2030, pero sobre la base de los niveles de 2012 (2,2 millones de toneladas).

El proyecto despierta inquietudes en las organizaciones ambientalistas. Afirman que debería modificarse una norma que resulta casi emblemática en la materia; aseguran que existirá una emisión de sustancias tóxicas durante el proceso y manifiestan que la propuesta podría afectar la actividad de los recicladores urbanos. Las autoridades porteñas aseguran que nada de eso ocurrirá, que no habrá contaminación de la atmósfera y que seguirá en funcionamiento el actual sistema de reciclado con las 12 cooperativas de recuperadores urbanos, que hoy suman 5324 trabajadores.

Sin duda un aspecto clave de la termovalorización será establecer un proceso de reciclado más estricto que el actual. Donde el sistema funciona, un 50% es revalorizado. Ocurre que en la actualidad hay materiales que, como el vidrio y los desechos de equipos eléctricos y electrónicos, no se aprovechan adecuadamente, sin perjuicio de lo que ya se trabaja en materiales como el aluminio, la hojalata, la chapa de acero, el papel o el plástico. Para esto se requerirá una campaña masiva, de modo de informar a la comunidad sobre la necesidad y las ventajas que tiene el reciclado para todos. A ello debe sumarse la puesta en marcha de incentivos económicos para depositar los residuos en determinados lugares, así como desincentivos para el caso de un mal uso de los desechos urbanos. Es una tarea en la que todos los ciudadanos debemos estar involucrados, pues todos generamos residuos.

La propuesta del gobierno porteño tiene indudables aspectos favorables. Antes de su aprobación, se prevé la implementación de mesas de trabajo de Dialogando BA, para discutir el tema a través de un proceso que aporte a la construcción de instituciones democráticas y políticas sustentables. Será ese el momento de plantear dudas y realizar aportes.

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