
El diálogo y su crecimiento exponencial
Desde que el coronavirus irrumpió en nuestras vidas, en términos generales nos familiarizamos mucho más con el concepto "crecimiento exponencial". Especialmente al comprender que el Covid-19 tiene una velocidad de propagación muy alta.
Explicándolo de manera sencilla, significa que una persona infectada puede contagiar a otras 2 el primer día, 4 al segundo día, al tercer día 8 y al cuarto día 16. Y así sucesivamente.
Por otro lado, en los últimos tiempos estamos siendo testigos de un endurecimiento de la postura presidencial. Además de la punzante y desafortunada declaración "a la Argentina le fue mejor con el coronavirus que con el gobierno de Macri", podemos mencionar el "no nos van a doblegar los que gritan" (postmarcha en las calles), la reforma judicial y la intempestiva quita de fondos a Capital Federal.
Alberto Fernández inició su presidencia con promesas de diálogo y consenso. Incluso hay quienes lo caracterizan como un hombre que hace gala de ello y una de sus principales virtudes sería justamente ponerse de acuerdo a través de la conversación. Algo así como las raíces de la política.
Una gran cantidad de argentinos confió en él uno de los mayores desafíos para el primer mandatario y la sociedad toda: terminar con la grieta. Esa frenética división nacional que generó más disgustos que soluciones.
Pero últimamente todo parece indicar que esas expectativas se desvanecen y Fernández se siente más a gusto con descalificar que con escuchar. Quedan pocas ilusiones de ver una mesa amplia en Casa Rosada, con protagonistas de diferentes sectores y colores políticos. Se impone la cerrazón y una comisión formada por socios ideológicos.
El problema es que ahora, más que nunca en la historia, necesitamos diálogo y consenso. También unión, paz y tirar todos para el mismo lado. A pesar de las divergencias. Porque la pandemia destruyó vidas y proyectos. Por eso, en estos tiempos sensibles, deberíamos reflexionar qué aprendimos y cómo podemos salir de esta crisis. Y ahí considero que puede servir el "crecimiento exponencial". Actitudes positivas que se expandan rápidamente entre nosotros.
La Argentina necesita líderes que sepan escuchar, dialogar y, sobre todo, sepan ponerse de acuerdo. Para que luego esos comportamientos puedan crecer exponencialmente entre la sociedad y construyamos juntos el país que siempre soñamos.
Vicepresidente segundo del Senado bonaerense (UCR - Juntos por el Cambio)






