El difusor de la doctrina del odio

Condenado a 13 meses de prisión por contribuir con su librería a la difusión del ideario nazi, el español Pedro Varela Geiss se considera a sí mismo una víctima comparable con Jesucristo
Jesús García
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22 de enero de 2012  

A Pedro Varela Geiss se le acumulan los papeles en la celda. El librero, que cumple condena en la cárcel barcelonesa de Brians por difundir ideas genocidas, tiene más de mil cartas para responder de sus admiradores -que los tiene- y sigue recibiendo libros de temática nacionalista, los mismos que vendía en la librería Europa y que le valieron la condena. Varela es un nazi convencido hasta la médula, que considera el Holocausto un "mito" y que ha contribuido notablemente a expandir la llamada doctrina del odio. Sus formas, sin embargo, son exquisitas, propias de un caballero. Pese a guardar un busto en bronce de Adolf Hitler como la joya de la corona de su librería, dice detestar la violencia y a los skinheads , ignorantes de la "verdadera" historia del Tercer Reich.

Su influencia como alentador ideológico del nazismo en Europa está fuera de toda duda; su trayectoria de fervoroso nacionalsocialista es larguísima. A partir de los 15 años entró a formar parte del Círculo español de amigos de europa (Cedade), creado en Barcelona y uno de los grupos nazis mejor organizados del continente. Varela se convirtió en un referente del revisionismo e hizo de la negación de la Shoah la razón de ser de Cedade, entidad que presidió desde 1978. Su encarcelamiento, hace 13 meses, le permitió presentarse ante los suyos poco menos que como un mártir y un preso político, que malvive en una celda sólo por vender unos cuantos libros que cuentan una realidad que el establishment y los judíos pretenden hurtar al ciudadano. Su rol victimista lo llevó a compararse, durante el juicio en el que fue condenado a un año y medio de cárcel, con personajes como Jesucristo, Juana de Arco o Indira Gandhi.

Varela pasa sus días respondiendo cartas y leyendo libros que se hace llevar a su celda porque, aunque le gustaría practicar deporte, "los funcionarios no lo dejan ir al gimnasio", denuncia su abogado. Su voracidad con la palabra escrita y la falta de espacio le hicieron concebir una idea: ¿Y si se pudieran compartir las obras de temática neonazi con el resto de presos? En octubre del año pasado, el librero depositó en la biblioteca, sin autorización de los responsables del centro, seis títulos - Manual del jefe de la guardia de hierro, Pruebas contra el holocausto, El pensamiento wagneriano, El franquismo, La historia de los vencidos y El obispo Williamson y el otro negacionismo - para "hacer publicidad entre los internos", según el informe redactado por los responsables de Brians que acordaron su sanción.

Esa sanción "grave" impuesta a Varela por proselitismo se suma a otras conductas que le han impedido disfrutar del tercer grado. Con toda probabilidad, el librero cumplirá hasta el último día en la cárcel -su condena expira a finales de marzo- porque no se rehabilitó ni quiso hacerlo. En la librería Europa, registrada por los Mossos d'Esquadra en 2006, Varela vendía decenas de títulos que ensalzan el nazismo, niegan el Holocausto y menosprecian a otras etnias. A tal condena, tal tratamiento. Las autoridades pensaron que sería buena idea que participase en cursos y charlas con la comunidad judía y organizaciones antirracistas. Varela, firme en sus convicciones, los mandó a paseo (educadamente, eso siempre) porque consideraba aquello poco menos que un lavado de cerebro.

El librero, nacido el 9 de octubre de 1957 en una familia afín al franquismo, sí se prestó a participar en otros trabajos sociales: ayudó a la Cruz Roja y a las Hermanitas de la Caridad de la Barceloneta. Las monjas quedaron encantadas con el personaje, cuyo poder de seducción y modales exquisitos le reconocen hasta sus detractores más tenaces. Tanto, que la madre superiora acudió poco después a la cárcel a interesarse por el librero, que se define como católico practicante. "Hay mucha gente que se siente atraída por su cortesía, su vasta cultura y su savoir faire . Tiene un gran poder de convicción, aunque nunca lo he visto usarlo: no le gusta influenciar a la gente", replica Acacio Luis Friera, amigo íntimo del librero y creador de la web que pide su liberación.

La política y los libros

Su apellido materno, Geiss, de origen germánico, sugiere un nexo familiar que podría haber despertado en el joven Varela una simpatía hacia la historia alemana. Pero no hay rastro de ese pasado y, en realidad, es el único miembro de la familia que abrazó los postulados del nazismo a través de la política y de los libros, con el impulso de la editorial Ojeda y la creación de la librería Europa (en 1991), por donde han desfilado personajes como Manfred Roeder -líder ultraderechista condenado en Alemania por participar en atentados xenófobos-, David Irving -historiador negacionista- o David Duke, ex líder del Ku Klux Klan. Su primer impulso adolescente, sin embargo, fue ser piloto de caza: desde pequeño se sintió fascinado por la Segunda Guerra Mundial y los combates en cielo europeo de la Luftwaffe .

Sus amigos dicen que, en prisión, Varela mantiene el carácter. Y también, la misma obsesión por la lectura y el conocimiento. El librero tiene dos carreras (Historia y Filología alemana) y habla alemán, inglés, italiano y danés. El régimen penitenciario le está dando algunos problemas: acostumbrado a una dieta de "vegetariano radical", Varela sufre "déficit de vitaminas", razón por la cual, según su abogado, se le está cayendo el cabello y se le han roto las uñas. En Brians también se ha negado a recibir vacunas porque prefiere la medicina natural.

Dice Friera que Varela detesta la violencia y que por eso no le gustan los skinheads . En ocasiones ha tratado de "orientar" a los cabezas rapadas asiduos de la librería Europa, que pese a las investigaciones judiciales permanece abierta al público en el barrio de Gràcia.

Varela, que está casado y es padre de una hija de tres años que vive fuera de España, es recalcitrante y reincidente. En 2008, la Audiencia de Barcelona le rebajó a siete meses una condena después de que el Tribunal Constitucional dictaminara que la sola negación del genocidio judío no es delito. Y mientras está en la cárcel, un juzgado de Barcelona lo investiga por un presunto delito contra la propiedad intelectual: el librero editó y vendió ejemplares del Mein Kampf de Hitler sin permiso del Estado Libre de Baviera, que es propietario de los derechos de autor.

Su amigo Friera insiste: "El cree firmemente en todo lo que dice. Y lo que sí tengo claro es una cosa: que nadie le va a hacer cambiar de idea nunca".

© el pais

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