El discurso de Mauricio Macri de cara al debate

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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11 de octubre de 2019  • 01:13

¿Está Mauricio Macri más preocupado por captar un voto conservador que le dio la espalda en las PASO que por conquistar a otros sectores de la ciudadanía? La respuesta es que al menos eso es lo que se advirtió en el tramo de la campaña iniciado con las marchas del #Sísepuede, aunque en las dos semanas que restan hasta las elecciones presidenciales podría ir cambiando.

Los últimos días dieron cuenta de la inquietud de los integrantes de la fórmula de Juntos por el Cambio por robarle votos al candidato de Nos, Juan José Gómez Centurión . Este exfuncionario del actual gobierno nacional, mayor retirado del Ejército, combatiente en las islas Malvinas y abanderado de la lucha contra la legalización del aborto, obtuvo en las PASO del 11 de agosto 670.000 votos, equivalentes al 2,7% de los votos afirmativos.

El énfasis puesto por Macri en su defensa de " las dos vidas " y en el reconocimiento a los conscriptos caídos durante el ataque al Regimiento Monte 29 de Formosa por los montoneros en 1975, y el reciente anuncio de la ministra Patricia Bullrich sobre créditos blandos y planes de refinanciación de deudas para integrantes de las fuerzas policiales y de seguridad conforman un arsenal de razones para buscar aquel voto de Gómez Centurión.

Lo que desde sectores de la oposición se ve como una "derechización" del discurso macrista parece confirmarlo la vía libre que se le dio a Miguel Pichetto para que se exprese críticamente sobre el exceso de planes sociales y el "pobrismo", y en favor de la recreación de la cultura del trabajo. Claro que a veces incurre en sobreactuaciones que pueden molestar a no pocos dirigentes del oficialismo. Por ejemplo, cuando sostuvo que había que "dinamitar las villas" para ponerle fin al narcotráfico .

La estrategia de Pichetto hace recordar a la de Carlos Ruckauf en la campaña previa a las elecciones de gobernador bonaerense realizadas en 1999. Competía por el peronismo frente a una ascendente Graciela Fernández Meijide . Las encuestas proyectaban como ganadora a la reconocida defensora de los derechos humanos que formaba parte de la alianza liderada por Fernando de la Rúa . Cuando no faltaba mucho para que expirara la actividad proselitista, Ruckauf introdujo la cuestión de la inseguridad desde una perspectiva proclive a la "mano dura" y pronunció su recordada frase "hay que meter bala a los delincuentes". Pese a las críticas que desató en algunos sectores, su pronunciamiento lo terminó ayudando a ganar las elecciones.

El combate contra el narcotráfico y la corrupción, asociado al miedo que podrían despertar recientes declaraciones de Axel Kicillof en el electorado independiente que no se inclinó por Macri en las PASO, es otra apuesta del macrismo para recortar distancia respecto de Alberto Fernández .

El exministro de Economía de Cristina Kirchner y actual candidato a gobernador bonaerense generó una gran controversia y no pocos rechazos cuando afirmó que "ahora hay gente que se dedica a vender droga porque se quedó sin laburo". Tal sentencia, que sonó como una justificación de un grave delito, fue una de las mejores noticias para los estrategas de la campaña de Juntos por el Cambio.

El talón de Aquiles del discurso del oficialismo continúa pasando por la situación socioeconómica. En todos los actos importantes que encabezó Macri en los últimos días, el primer mandatario pareció repetir de memoria que, en adelante, habrá más crecimiento, más empleo y mejores salarios, porque "estamos parados sobre bases más sólidas para poder crecer".

La frase de Macri puede remitir a cierto populismo y resulta llamativa en un Presidente cuyo discurso, propio de un ingeniero, generalmente se caracterizó por el realismo y la mesura.

¿Existen esas bases sólidas de las que habla el jefe del Estado? Sus voceros intentan explicarlo a partir de dos ideas. La primera es que los problemas estructurales, como la inflación y el déficit fiscal, existen desde hace mucho tiempo y que se necesitan acuerdos más amplios que los que hubo hasta ahora. La segunda es que parte del esfuerzo ya se hizo en la actual gestión presidencial, lo cual se evidencia en que "casi no hay déficit primario, hace un año que hay superávit comercial, el próximo gobierno no heredará un dólar atrasado y hoy la Argentina tiene energía", según se afirma en la Casa Rosada.

El interrogante que se plantea es si, a partir del inminente primer debate presidencial, Macri podrá traducir esas ideas en un mensaje claro y contundente, capaz de persuadir a muchos electores de que la mayor parte del esfuerzo está hecho, o si sus palabras terminarán remitiendo a otras de Eduardo Duhalde , quien al asumir la presidencia en 2002, dijo que estábamos "condenados al éxito".

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