El Ecoparque suma consensos

Andy Freire
Andy Freire PARA LA NACION
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16 de diciembre de 2016  

Transformar un zoológico victoriano en un ecoparque es un proyecto desafiante que implica impulsar un cambio cultural y de paradigma institucional que perduró por más de 140 años. Este tipo de cambios siempre generan tensiones y debates que forman parte del mismo proceso y que no son más que señales positivas e inequívocas de que se está avanzando en la gestación de algo nuevo y superador.

La semana pasada se aprobó en la Legislatura una ley consensuada con la mayoría de la oposición para avanzar sobre una transformación que fija el bienestar de los animales como prioridad absoluta. La ley genera el marco para que se desarrollen proyectos de conservación de fauna silvestres, trabajos en rehabilitación orientados a la reinserción de los animales, generación de contenido educativo, estímulo a las ONG, centros de investigación y universidades, y trabajos de preservación del patrimonio histórico.

A la vez establece que las derivaciones se harán a título gratuito -no existe escenario en el que sea posible la venta de un animal- y también prohíbe la realización de programas de reproducción de animales (salvo los incluidos en el marco de proyectos de conservación) y la incorporación de nuevos (salvo los provenientes de programas de conservación o aquellos rescatados del tráfico de fauna).

Esta nueva herramienta nos permitirá seguir avanzando en la búsqueda de soluciones que les mejoren la calidad de vida a todos los animales del ex zoo.

Uno de los puntos críticos en ese sentido es el espacio. Hoy el predio posee una cantidad excesiva de animales en relación con su capacidad. Para eso trabajamos en las liberaciones y derivaciones. Cuando un animal no se puede liberar, se busca derivarlo a un refugio o centro de rescate. Si no existe refugio que lo pueda recibir, se lo deriva a otra institución en la que esté en un entorno menos urbano que el corazón de Palermo, en donde transitan 14 líneas de colectivos a pocos metros de los recintos. En tanto, a aquellos que no serán derivados a otros sitios por cuestiones sanitarias o de salud, o porque están dentro de los programas de conservación, se les mejorarán las condiciones en el predio actual. Por eso, cada animal que se deriva les mejora las condiciones de habitabilidad a aquellos que deben quedarse.

Por otro lado, todas las instituciones que trabajan con animales silvestres en la Argentina y están formalmente habilitadas son, desde el punto de vista técnico-normativo, zoológicos, aunque se las llame de otro modo (por ejemplo, refugios o centros de rescate). Existe un solo registro de instituciones conforme a lo definido en la ley nacional de fauna. Por ese motivo, si hubiese figurado la prohibición de traslado a otros zoológicos en la ley -tal como algunos grupos proponían-, no se hubiese podido derivar ningún animal a ningún sitio en el país, lo que hubiese ido en contra del objetivo rector de bie- nestar animal.

Existen pocos proyectos en el mundo que apunten a generar un modelo innovador que se convierta en un espacio para la familia y que además busque investigar, proteger, difundir información y educar sobre la biodiversidad y los problemas que debemos enfrentar para conservarla. Los porteños debemos sentirnos orgullosos de que ese proceso se esté gestando en nuestra ciudad, sobre todo porque a raíz de él hemos avanzado en una nueva conciencia de respeto por los animales.

Ministro de Modernización, Innovación y Tecnología de CABA

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