
El efecto Scilingo
Escribe Maria Guisela Masarik
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De las cosas que el español medio sabe a los tumbos de la historia argentina, pocas le interesan tanto como el capítulo de la dictadura militar. Y lo revive en estos días, en que el ex represor Adolfo Scilingo es juzgado por la Audiencia Nacional española, donde la fiscalía pide para él unos 6000 años de prisión.
El caso parece fascinarlos no sólo por ser el primer oficial argentino juzgado en presencia en el exterior por delitos de lesa humanidad, sino por lo intrincado que es: pocos entienden cómo un testigo voluntario que en 1997 explicó con pelos y señales al juez Baltasar Garzón cómo se lanza al mar a 27 personas desde un avión, ahora niega su participación y afirma que si contó "un montón de disparates" fue "para que se supiera la verdad", y que si mencionó a los 27 asesinados fue porque el número le era memorizable ya que él se casó un día 27...
Es que en este país cuya historia también encierra capítulos de dictadura y guerra civil, el caso interesa al punto que la radio de mayor audiencia, la Cadena Ser, se tomó el trabajo de exponer en su web los audios de las balbuceantes declaraciones del Scilingo actual. Los oyentes incluso opinan en el foro de política; unos condenan a quien creen un asesino mentiroso; a otros les parece injusto que quien abrió la boca motu proprio para "devolver la verdad que puede a los familiares" sea una de las pocas "cabezas de turco" que pagan por tanto crimen.
La sensación es que observan el caso como quien mira el comportamiento en un hormiguero de cristal. Quizás lo que les fascine sea la eucronía, la posibilidad de asistir al desenlace distinto que pudo tener su propia historia si, al caer el régimen franquista, en lugar de tomar por el camino de no hablar del asunto, hubieran seguido la senda argentina de juzgar a los culpables.




