El escándalo del Canal de Nicaragua

Andrés Oppenheimer
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9 de diciembre de 2014  

MIAMI.- Olvídense del desastre del Deepwater Horizon. Si el canal transoceánico de 50.000 millones de dólares que Nicaragua planea comenzar a construir el 22 de este mes se convierte en realidad, podría ser el mayor desastre ambiental del mundo en los últimos tiempos.

Ésa es la conclusión de muchos ambientalistas tras escuchar días atrás la primera presentación pública detallada sobre el faraónico proyecto del presidente de Nicaragua, Daniel Ortega, y el consorcio chino HKND para construir el nuevo canal transoceánico que competiría con el Canal de Panamá. Según informes periodísticos, el megaproyecto fue negociado con HKND por Laureano Ortega, hijo del presidente nicaragüense, que se desempeña como funcionario de enlace con el grupo chino y vocero gubernamental sobre el tema.

Los grupos ecologistas están consternados por el hecho de que la construcción comenzará sin que se hayan dado a conocer estudios sobre el impacto ambiental del proyecto. En la presentación del proyecto, realizada en Managua el 20 de noviembre, Laureano Ortega anunció que la construcción se iniciará tres días antes de Navidad. Sin embargo, los funcionarios encargados de los estudios ambientales reconocieron que no podrán completar su informe sobre el impacto ambiental hasta abril de 2015.Más de 10 organizaciones ambientalistas nicaragüenses, agrupadas en una coalición llamada Grupo Cocibolca, emitieron un comunicado para exigir que las obras públicas se suspendan hasta conocerse los estudios ambientales.

El Grupo Cocibolca argumenta que, además de que un estudio ambiental ordenado por el gobierno no se dará a conocer hasta abril, no se ha comisionado ningún estudio ambiental independiente. También denuncia que el gobierno de Ortega no ha convocado a ningún referendo nacional para preguntarles a los nicaragüenses si están de acuerdo con la construcción del canal, a diferencia de lo que ocurrió recientemente en Panamá antes de aprobarse la ampliación del Canal de Panamá.

Jaime Incer Barquero, un respetado ex ministro de Medio Ambiente nicaragüense y profesor universitario que se desempeña nominalmente como un asesor ambiental de Ortega, me dijo en una entrevista telefónica que el Canal de Nicaragua es "un desastre anunciado".

"Significa la contaminación y pérdida de toda la vida acuática del Lago de Nicaragua, que es el mayor lago tropical de América latina", me dijo. "También significa que el lago podría perder para siempre su capacidad de abastecimiento de agua potable para todo el país, incluyendo la capital."

La razón es que el canal transoceánico requerirá dragar unos 102 kilómetros a través del Lago de Nicaragua, y esto causará el enlodamiento de todo el lago por las millones de toneladas de lodo que saldrán del fondo. El lago quedará tan turbio que no habrá oxígeno para mantener su vida acuática ni asegurar su potabilidad, explicó Incer Barquero. Cuando le pregunté si le dijo todas estas cosas al presidente Ortega, respondió que "el presidente es inaccesible hasta para sus ministros. Todos los asuntos públicos se canalizan a través de la primera dama, quien tiene otras prioridades".

Muchos expertos internacionales coinciden con el Grupo Cocibolca. Según la revista Confidencial, de Nicaragua, un grupo de 15 expertos ambientalistas de todo el mundo que participó en una conferencia convocada por la Universidad Centroamericana (UCA) y la Academia de Ciencias de Nicaragua, entre otras instituciones, llegó a la conclusión de que el proyecto del Canal de Nicaragua no debe empezar sin un estudio adecuado que evalúe su impacto ambiental.

El grupo de expertos extranjeros se mostró preocupado por la posible destrucción del Lago de Nicaragua como consecuencia del dragado para permitir el paso de grandes buques. El grupo recomendó que en Nicaragua "se adopten las prácticas internacionales de evaluación para megaproyectos", según Confidencial.

Mi opinión: el Canal de Nicaragua, para el cual el gobierno autoritario de Ortega le ha dado al consorcio chino una generosa concesión de 50 años, con una opción de administrarlo por otros 50 años, ha sido un proyecto turbio desde el inicio.

No sólo es una inusual concesión a una poco conocida empresa extranjera para los próximos 50 años, sino que fue realizada sin un referéndum nacional y por un presidente que controla todos los poderes del Estado, sin controles independientes. Es un proyecto dudoso desde el punto de vista económico, técnico y ambiental.

Cuando el proyecto del Canal de Nicaragua fue anunciado, el año pasado, dijimos en esta columna que o bien será el proyecto de ingeniería más ambicioso de América latina en la historia reciente o uno de los mayores negociados de la región. Ahora que el proyecto está por iniciarse sin estudios ambientales oficiales ni independientes, tenemos que añadir que podría convertirse también en un escándalo ecológico, y una de las mayores amenazas ambientales de la región.

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