
El fantasma de Perón da vueltas por Olivos
La cola serpenteaba por Avenida Maipú, todos con sus tickets en la mano para entrar. No era un tour a la quinta de Olivos, sino sólo a una fea edificación construida a las apuradas que poco tenía que ver con el bello estilo arquitectónico que Prilidiano Pueyrredón le impuso al caserón donde viven los primeros mandatarios argentinos.
Cuando los visitantes entraban allí se encontraban con dos ataúdes: el de Juan Domingo Perón y el de Evita, éste con una tapa de vidrio que permitía apreciar el excelente trabajo del embalsamador Pedro Ara. Todo había sido una idea de José López Rega al que la dictadura le puso fin en 1976, cuando despachó ambos cuerpos a la Chacarita y a la Recoleta, respectivamente. Ahora, en ese edificio funciona la Casa Militar, que custodia al Presidente.
A metros de allí, en las cocheras, un cubrecoche deja ver partes del Cadillac descapotable de Perón, que no hizo restaurar Cristina Kirchner, sino Mauricio Macri.
¿Su probable destino?: el ex Museo del Bicentenario, recientemente rebautizado Museo Casa Rosada.






