Olafur Eliasson, el gran ilusionista

El artista creó especialmente obras para el interiory el exterior del Palacio de Versalles
El artista creó especialmente obras para el interiory el exterior del Palacio de Versalles Crédito: Gentileza Palacio de Versalles
Con sus intervenciones en el Palacio de Versalles, el consagrado artista danés radicado en Berlín vuelve a sorprender al mundo
Nathalie Kantt
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7 de agosto de 2016  

En el Palacio de Versalles se esconden algunas obras. Son las del islandés-danés Olafur Eliasson, el invitado de este año. Eliasson es el octavo de un ciclo del que ya participaron Jeff Koons, Xavier Veilhan, Takashi Murakami y Joana Vasconcelos, entre otros, y que suele estar teñido de polémica: para los más tradicionalistas, exponer a un artista contemporáneo en los aposentos de los reyes de Francia es una herejía. El año pasado, la escultura La vagina de la reina , de Anish Kapoor, fue pintada varias veces con grafitis, algunos con tono antisemita.

Entre otras instalaciones, creó una cascada en medio de los jardines
Entre otras instalaciones, creó una cascada en medio de los jardines Fuente: LA NACION - Crédito: Gentileza Palacio de Versalles

Las ocho obras creadas por Eliasson evocan el agua, la luz y los espejos, tres elementos muy presentes en Versalles. De las tres que se encuentran al aire libre, la principal es una cascada en el medio de los jardines. El agua sale de una grúa altísima, cuya altura se mantiene en secreto, y cae sobre el gran canal. Cuando está en funcionamiento, tapa por completo el aparato. La cascada recuerda el proyecto jamás realizado del creador del parque de Versalles, André Le Nôtre, que en el siglo XVII imaginó una fuente monumental. Sueño cumplido... cuatro siglos más tarde.

Las dos restantes hay que buscarlas a través de los laberintos verdes tan bien cuidados del castillo: un anillo de bruma que flota en el aire y que hace desaparecer al espectador que lo atraviesa, y una enorme fuente rellenada por morrenas (acumulación de piedras y barro transportados por un glaciar) traídas directamente desde Groenlandia.

“Cuando entrás en la nube, perdés la perspectiva –explica Eliasson–. En esos momentos de pérdida de noción es cuando recalibramos, reorganizamos nuestros sentidos y nos creamos un nuevo sentido de reorientación. Es una obra que nos lleva a la reconsideración.”

Más allá de cómo conecte cada uno con estas instalaciones, lo cierto es que su presencia crea una nueva manera de observar los espacios. “El público puede descubrir el castillo con una mirada diferente. Con agua, espejos y luces por todos lados, Versalles siempre genera esa sensación de secretos multiplicados y misterios que se descubren de a poco. Olafur agrega su propia versión de Versalles a esta realidad. El arte contemporáneo trae la vida del siglo XXI, vincula pasado y presente y demuestra que no hay ninguna contradicción entre defender el patrimonio, preservarlo y, a la vez, observarlo con una mirada actual”, opinó en diálogo con LA NACION la presidenta de Versalles, Catherine Pégard.

En las salas, a diferencia de sus antecesores, que optaron por apropiarse de estos grandes espacios con obras monumentales, el escandinavo creó efectos sutiles que, en algunos casos, podrían pasar casi desapercibidos: el reflejo del público en una ventana que normalmente tiene vista a los jardines, vistas “ojo de pez” que se logran gracias a una elipse solar o un par de ojos pegados a una ventana. La idea es que el visitante participe en forma activa, se acerque a ver, descubra y se haga preguntas.

Como explica Alfred Pacquement, curador de este ciclo desde 2013 y director del Museo Nacional de Arte Moderno del Centro Pompidou durante trece años, muchas de estas obras existen cuando el espectador las ve, lo que le da responsabilidad y, al mismo tiempo, hace que rey se vuelva cada uno. “Ni los artistas ni Versalles hacen estos proyectos para crear polémica –aclara Pacquement a LA NACION–. Los hacemos porque creemos que aporta algo a los visitantes: permite ver el castillo de manera diferente y olvidar toda la historia de Luis XIV y la corte. Las polémicas no me interesan. Olafur tiene su propio lenguaje, que es muy diferente del de sus predecesores, con materiales particulares. Se genera un diálogo con Versalles de manera sutil y pertinente: las obras se incluyen en el espacio y no se imponen.”

Eliasson, de 49 años, es conocido por los franceses. El año pasado, en el marco de la conferencia sobre el cambio climático (COP 21), volvió palpables los trastornos del medio ambiente con Ice Watch, una instalación de doce fragmentos enormes de glaciares traídos de Groenlandia que formaban un reloj efímero en la plaza del Panteón. Nacido en Dinamarca, de familia islandesa, Olafur instaló en Berlín su estudio, donde trabajan noventa personas. Para la Fundación Louis Vuitton creó una obra permanente: 43 columnas triangulares iluminadas de amarillo y en forma de caleidoscopio que proyectan al visitante al horizonte.

La instalación de Versalles demandó un mes de trabajo y no fue simple, dado el carácter patrimonial y la fragilidad del lugar. A diferencia de Koons, que había traído sus obras ya existentes, las de Eliasson fueron creadas especialmente. El danés visitó varias veces el castillo, a veces incluso de noche. “Versalles me inspiró enseguida, aunque al principio todo me parecía intocable –sostiene el artista–. Se puede pasar delante de algunas de mis obras casi sin verlas. Uno se pregunta qué está mirando, y si acaso debe mirar o actuar. ¿Qué hay detrás de mí? ¿Qué pasa cuando voy más allá de mi apariencia?”

Biografía

Llegado del frío. Hijo de islandeses, nacido en Copenhague en 1967, se radicó en 1995 en Berlín , donde creó un megaestudio interdisciplinario

Sin fronteras. En 2003 representó a Dinamarca en la Bienal de Venecia e instaló The Weather Project , un atardecer artificial, en la Tate de Londres

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