
El impacto de las papeleras
Por Juan Carlos Villalonga Para LA NACION
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La polémica en torno del proyecto de instalación de dos plantas de pasta de papel en las márgenes del río Uruguay ha generado una disputa diplomática sin precedente. El gobierno de Uruguay ha ratificado su voluntad de seguir adelante con el proyecto en tanto el gobierno de Néstor Kirchner, manifestando su preocupación por el impacto ambiental que podría generar el proyecto, quiere que esas plantas sean sometidas a la evaluación conjunta de ambos países.
Se llega a la actual situación después de más de tres años de discusiones y advertencias sobre los perjuicios al medio ambiente y los inconvenientes que pueden provocar las plantas de pasta de papel que las empresas Ence (España) y Botnia (Finlandia) quieren emplazar en Uruguay, frente a las costas de Entre Ríos. Durante ese tiempo, los gobiernos de ambos países prefirieron apostar a que la polémica se diluyera y bajara su intensidad. Esa parece ser la política ambiental más popular: apostar a que la gente no se entere o no se movilice.
Sin duda, resulta sumamente valiosa la actual actitud adoptada por la cancillería argentina. Es imprescindible que una obra de las características que se plantea deba realizarse respetando acuerdos bilaterales diseñados para administrar de manera conjunta el uso del río Uruguay. Pero es también cierto que esta actitud firme de las últimas semanas es la que se le ha venido reclamando desde hace tiempo al gobierno nacional.
El cambio de actitud gubernamental y la suba de la "temperatura" política del tema se pudieron ver con claridad luego de que, a fines de abril, más de cuarenta mil personas protagonizaron un "abrazo" que unió ambas orillas del puente que vincula la localidad entrerriana de Gualeguaychú con Fray Bentos, en Uruguay, a pocos kilómetros de donde ya se está emplazando una de las plantas papeleras. Esa impresionante e inédita movilización marcó un antes y un después en el debate sobre la instalación de las plantas de celulosa.
Las plantas que se propone instalar Uruguay son las mismas que en todas partes del mundo reciben un permanente cuestionamiento por el perjuicio ambiental que provocan y son cada vez más arrinconadas por legislaciones que procuran ponerle límites a la contaminación. Es cierto que en la Argentina tenemos este tipo de plantas de pasta de papel y también es cierto que no resultan inocuas.
A nivel global, las industrias papeleras son las principales fuentes de compuestos organoclorados a los cursos de agua. Estos compuestos afectan la vida acuática y se almacenan en los tejidos grasos de los organismos, bioacumulándose a lo largo de la cadena alimentaria. En los seres humanos provocan trastornos de los sistemas inmunológico, nervioso y reproductor. Entre los organoclorados identificados en los efluentes existen numerosos compuestos cancerígenos y mutagénicos.
Las plantas de Ence y Botnia representan casi el doble de la producción de pasta de papel que hoy se realiza en la Argentina. Eso significa una concentración de contaminantes frente a las costas de Gualeguaychú que supera todo lo conocido para esta industria en la región.
Para Greenpeace es imprescindible que el gobierno nacional sostenga su demanda ante el gobierno de la República Oriental del Uruguay para que el proyecto de instalación de las plantas de celulosa se evalúe en el marco de los acuerdos bilaterales existentes, como el Estatuto del Río Uruguay.
El gobierno argentino debe rechazar la instalación de las plantas propuestas por Ence y Botnia sobre el río Uruguay y al mismo tiempo debe establecer una política de modernización de la industria del papel en la Argentina con objeto de transformarla en una industria sustentable.
Greenpeace ha venido reclamando desde mediados de los años 90 la necesidad de establecer un plan de "producción limpia" para el sector papelero. La industria del papel puede transformarse en un modelo de producción limpia si se adoptan la explotación forestal sustentable, procesos no tóxicos, tecnologías libres de efluentes y un máximo reciclaje de productos de papel.
Hay situaciones que muestran un salto cualitativo en la comprensión de determinados problemas. Las polémicas plantas sobre el río Uruguay y la movilización social y política que la provincia de Entre Ríos generó deben ser una señal clara para que las autoridades rediseñen la actividad de esta industria en la región y en nuestro propio país.




