El legado de Herodoto

Periodismo

El autor, uno de los periodistas más renombrados de Europa, reivindica el reportaje literario y rescata las técnicas utilizadas por el historiador griego como las herramientas fundamentales que todo cronista debería utilizar hoy para comprender un mundo culturalmente complejo
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23 de noviembre de 2003  

VARSOVIA

Herodoto, que vivió hace 2500 años y nos dejó su Historia , fue el primer periodista de investigación. Es el padre, el maestro y precursor del reportaje. ¿De dónde viene este género? Tiene tres fuentes, de las cuales viajar es la primera. El viaje no en el sentido de un paseo turístico o una salida para descansar, sino como una ardua y concienzuda expedición de descubrimiento que requiere una adecuada preparación y una planificación e investigación cuidadosas a fin de reunir material de charlas, documentos y la propia observación del lugar. Ese es justamente uno de los métodos utilizados por Herodoto para llegar a conocer el mundo. Durante años viajaría a los más lejanos lugares de la tierra conocida por los griegos. Fue a Egipto y a Libia, a Persia y a Babilonia, al Mar Negro y hasta el norte de los Escitas. En su época, se imaginaban a la Tierra como a un círculo chato en forma de plato rodeado por una gran corriente de agua llamada Océano. Y la ambición de Herodoto era llegar a conocer todo ese círculo.

Herodoto, sin embargo, además de ser el primer reportero fue también el primer universalista. Completamente consciente de las muchas culturas que había sobre el planeta, ansiaba conocerlas a todas. ¿Por qué? Según él, uno puede conocer mejor su propia cultura cuando se familiariza con otras, ya que la propia revelará mejor su profundidad, su valor y sentido sólo cuando encuentre su reflejo en otras, en la medida en que éstas irradien una mejor y más penetrante luz en la propia.

¿Qué logró con su método comparativo de confrontación y reflejo? Bueno, Herodoto enseñó a sus conciudadanos la modestia, atemperó su vanidad y orgullo desmedido, el sentimiento de superioridad y arrogancia hacia los "no-griegos", hacia todos los demás.

"¿Ustedes manifiestan que los griegos crearon a los dioses? De ninguna manera. En verdad, ustedes se apropiaron de los dioses egipcios. ¿Dicen que sus construcciones son magnificentes? Sí, pero los persas tenían un sistema de comunicaciones y transporte muy superior."

Así, Herodoto intentó a través de sus reportajes consolidar el mensaje más importante de la ética griega: el autodominio, el sentido de la proporción y la moderación.

Además de los viajes, otra fuente del reportaje es la otra gente, la que se encuentra en los caminos y aquélla por la que uno viaja para conocer, con el fin de que nos transmita sus conocimientos, sus historias y opiniones. En esto Herodoto demuestra ser un extraordinario maestro. A juzgar por la manera en que escribe, a quién entrevista y la forma en que les habla, Herodoto da la impresión de ser un hombre abierto y lleno de buena voluntad hacia los otros, que se relaciona con facilidad con los desconocidos, interesado por el mundo, observador y sediento de conocimiento. Podemos imaginarnos su forma de actuar, hablar, preguntar y escuchar. Su actitud y comportamiento muestran lo que es esencial en un periodista: respeto por el otro, por su dignidad y valor. Escucha atentamente los latidos de su corazón y la manera en que los pensamientos atraviesan su mente.

Herodoto advierte la debilidad de la memoria humana, consciente de que sus interlocutores relatan diversas y a menudo contradictorias versiones de una misma historia. De ahí que sus informes sean multidimensionales, ricos, vívidos y palpables. Herodoto es un infatigable reportero. Se toma el trabajo de andar cientos de kilómetros por mar, a caballo o simplemente a pie sólo para oír otra versión de un acontecimiento del pasado.

El quiere saber, no importa el precio que deba pagar, y desea que su conocimiento sea el más auténtico posible, el más cercano a la verdad.

Este escrúpulo estableció un buen ejemplo de la responsabilidad que asumimos en todo lo que hacemos.

La tercera fuente del reportaje es el trabajo del periodista en su casa: leer lo que se ha escrito y perdura en los textos, inscripciones o símbolos gráficos relacionados con el tema en que se está trabajando. Herodoto también nos enseña cómo ser investigadores cuidadosos.

En su época, la cantidad de materiales con los que se podía contar era mucho más pequeña que aquélla de la que disponemos hoy. Cualquier cosa que se lograba reunir era muy apreciada. Naturalmente él había leído a Homero, a Hesíodo y a poetas y dramaturgos. También descifraba inscripciones en templos y murallas.

Sensibilidad a los detalles

Todo era importante, potencialmente capaz de revelar un mensaje o un nuevo significado. Con su propio ejemplo, Herodoto mostró que un reportero debía ser un observador cuidadoso, sensible a los detalles que parecen insignificantes y banales pero que pueden resultar símbolos o señales de mundos mucho más importantes que pertenecen a un orden más elevado.

"Todo el mundo tiene la tendencia natural a adquirir conocimiento", afirma Aristóteles, algo más joven que Herodoto, en el comienzo de su Metafísica . Y agrega que es la vista la que juega el papel más importante porque es la que percibe mejor las diferencias. Nosotros también sabemos de la importancia del ojo del reportero, atento, penetrante, observando lo que parece invisible, lo que puede ser la otra cara de un determinado fenómeno, a menudo lo más importante.

Sin embargo, el problema es que, para observar lo que es esencial, uno tiene que estar en el lugar. Y para llegar allí hay que movilizarse, viajar. Y de esos viajes, de su presencia en el lugar, resultaron los grandes reportajes de Herodoto sobre el mundo que hemos estado leyendo durante 25 siglos. El reportaje surgió de lo que Aristóteles llamó "la tendencia a adquirir conocimiento". Y en este deseo humano, la pasión del periodista se encuentra con las expectativas de sus lectores, de sus oyentes y espectadores.

Un reportero movido por la "tendencia a adquirir conocimiento" trata de compartir con sus lectores la curiosidad por el mundo, la propia tendencia de ellos a "adquirir conocimiento".

Por ello un buen reportaje es tan apreciado en el mundo contemporáneo. El hombre de hoy vive en un mundo pensado por los medios, de ilusiones y apariencias, simulacros y fábulas, y siente instintivamente que se lo alimenta con mentiras, hipocresía, falsedad y manipulación virtual, por lo que busca algo que tenga el poder de la verdad y de la realidad. Es decir, cosas auténticas.

Lo veo en mis encuentros con los lectores. Cuando relato alguna de mis aventuras de corresponsal, es posible que alguien me interrumpa con la pregunta: "¿Es eso auténtico?" Le aseguro a dicha persona que realmente estuve allí y una ola de alivio circula entre la audiencia y se establece una atmósfera amistosa. Porque están participando de algo real ya que alguien que ha sido testigo del hecho realmente está allí frente a ellos.

Entonces, ¿qué es un reportaje literario? ¿Cómo definirlo y describirlo? No es fácil, ya que vivimos en un momento de "géneros confusos", una especie nueva.

Cuando trabajé en países del Tercer Mundo como corresponsal de una agencia de noticias durante bastante tiempo, tenía la frustrante sensación proveniente de la pobreza del lenguaje periodístico al confrontarme con la rica, variada y colorida realidad -a menudo difícil de definir- de esas culturas, costumbres y creencias.

El lenguaje que a diario se utiliza en la información y que usamos en los medios es muy pobre, estereotipado y lleno de fórmulas. Por esta razón enormes áreas de la realidad que manejamos se encuentran fuera de la esfera de la descripción, pues el mensaje con fórmulas es incapaz de transmitirlo. Entonces, ¿cómo salir de este cul de sac de sentimientos insatisfactorios y de frustración?

Nuevo Periodismo

Yo me valgo de las sugerencias de escritores como Truman Capote, Norman Mailer y Gabriel García Márquez, cuyos escritos cabalgan en el borde de la ficción y la crónica periodística. Ellos introdujeron la expresión "Nuevo Periodismo". Con ella se referían al tipo de escrito en el que acontecimientos auténticos, historias y accidentes verdaderos se describen con un lenguaje que contiene las opiniones y reacciones personales del escritor y a menudo con condimentos tales como el agregado de color, es decir con técnicas y formas de la ficción. Esta combinación creativa y enriquecida de dos formas y técnicas de comunicar y describir constituye lo que llamamos un reportaje literario.

Este resultó ser una feliz y original "mezcla de géneros", especialmente a la luz del progreso en la ciencia y la tecnología, que ha enriquecido y diferenciado increíblemente el aspecto del mundo, cada vez más difícil de describir con el lenguaje.

Yo mismo lo percibí al escribir La Sombra del Sol ¿Cómo describir una jungla con el lenguaje de la información periodística? Esto es absolutamente imposible a menos que se utilice el tesoro de las belles lettres con su variedad de expresiones. Por otro lado, hoy, la misma literatura se vale continuamente del reportaje.

¡Observen cuántos periodistas son personajes de ficción, cuántas descripciones tienen el estilo de los reportajes en fragmentos y diálogos clásicos de la ficción!

En este mundo multicultural quienes pertenecen a otras culturas demandan ser tratados como iguales, reclaman el mismo respeto y ser tenidos en cuenta. Está ya bien establecido que no hay culturas mejores o peores y que la diferencia está dada sólo como resultado de condiciones geográficas e históricas específicas.

El problema es que sabemos poco sobre otras culturas y es posible que actuemos más con estereotipos fáciles y falsos que con el adecuado conocimiento. Esto es lo que Herodoto comprendió muy bien.

Más aún, él sabía que sólo el mutuo conocimiento hace posible la comprensión y comunicación y es el único camino hacia la paz y la armonía, la cooperación y el intercambio.

Con esta idea in mente , el periodista se zambulle de lleno en la actividad: viaja, investiga, toma notas, explica por qué otros se comportan de un modo distinto que nosotros y muestra que esas otras formas de existencia y comprensión del mundo tienen una lógica propia, son razonables y deberían ser aceptadas en lugar de generar agresión y guerra.

Así es sencillo ver la responsabilidad de nuestra labor, el reportaje.

Al ejercer nuestra actividad no somos sólo hombres o mujeres con intereses literarios, sino también una suerte de misioneros, traductores y mensajeros.

No traducimos de una lengua a otra, sino de una cultura a la otra, a fin de que mutuamente se comprendan mejor y por lo tanto se sientan más cercanas.

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