
El llamado a la desobediencia fiscal
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LA exhortación a no pagar impuestos, lanzada el miércoles último por el gremialista Hugo Moyano ante la multitud reunida en la Plaza de Mayo constituye un gravísimo acto de irresponsabilidad moral, inaceptable en un dirigente que pretende asumir posiciones de liderazgo popular en la difícil encrucijada en que se encuentra la República.
Nada define mejor a una sociedad integrada y solidaria que la voluntad de sus miembros de cumplir con sus obligaciones tributarias. La manera más fácil y efectiva de destruir los vínculos sociales que sirven de base espiritual y material a una nación es, justamente, la que acaba de emplear Moyano. Llamar a la desobediencia fiscal significa instar a la población a desertar de uno de sus deberes éticos esenciales y a quebrar, en los hechos, sus lazos de pertenencia a una patria y a una sociedad.
El pago de un impuesto es algo más que un desplazamiento de dinero en dirección a las arcas fiscales, algo más que un acto indispensable para que el Estado reúna los recursos necesarios para llenar su insustituible función como agente de la seguridad pública y el bienestar general. Pagar un impuesto es expresar la voluntad de ser parte de una comunidad nacional, es contribuir a mantener vivo un tejido social, es reforzar el vínculo entre el individuo y el Estado sobre bases de profundo contenido moral y cívico.
Por eso la evasión tributaria debe ser vista como una falta perversa, que no sólo entraña el incumplimiento de un deber legal, sino que supone, además, una traición a los lazos mínimos de solidaridad y equidad que determinan la existencia de una sociedad y de una nación. El evasor es, básicamente, un ser humano indiferente al destino de su patria y a las necesidades de sus semejantes. Quien omite cumplir sus obligaciones fiscales está negando el compromiso ético básico que lo convierte en miembro de un grupo social.
La evasión tributaria es un acto de extremo egoísmo, que atenta contra la posibilidad concreta de que el Estado afronte sus responsabilidades más elementales: por ejemplo, la de atender las necesidades de los sectores más desprotegidos de la sociedad en materia de salud, educación o seguridad. Cuando una parte significativa de la comunidad elude sus deberes fiscales, los principales perjudicados son los núcleos más vulnerables a los embates de la pobreza y la marginación social.
Si un llamado a la desobediencia fiscal es siempre, en toda circunstancia, un alzamiento inaceptable contra el Estado de Derecho, en las condiciones actuales de la Argentina constituye una muestra extrema y agravada de irresponsabilidad.
La evasión fiscal es uno de los fenómenos más nefastos que registra nuestra actual realidad social. Alentarla desde un palco público alzado para defender, supuestamente, los derechos de los más castigados por la crisis en que se debate el país sobrepasa todos los límites de la insensatez.





