El miedo me paraliza
Todos los seres humanos tenemos miedo. El miedo es una reacción normal frente a un peligro. Comencemos por distinguir entre miedo y ansiedad. Podríamos decir que, en la mayoría de los casos, el miedo es específico, mientras que la ansiedad es general y consiste en una preocupación que apunta más bien hacia el futuro. El pánico sería un terror intenso y persistente, una acumulación de ansiedad expresada en el miedo a la muerte.
El miedo nos acompaña a lo largo de toda la vida y apunta siempre a la pérdida, a la sensación de que vamos a perder algo. Hay miedos lógicos y útiles y, otros, inútiles. Si estoy manejando y se me cruza un animal en medio de la ruta, indudablemente voy a tener miedo. Este es un miedo útil que me permite tomar los recaudos necesarios. Ahora, si me acuesto a la noche pensando que un león podrá atacarme en medio de la oscuridad, se trata de un medio inútil.
Lo posible de lo probable
Un elemento importante que nos ayuda a administrar los miedos es separar lo posible de lo probable. ¿Es posible que se caiga el techo? Sí. ¿Es posible que me enferme? Sí. ¿Es posible perder el trabajo? Sí. Todo es posible pero no todo es probable. Confundir estos dos términos hace que el temor se apodere de nosotros.
¿Qué deberíamos hacer frente al temor?
La máxima es: “Aunque tengas miedo, hacelo igual”. Este sería el principio. Supongamos, por ejemplo, que tengo miedo a perder la salud. ¿Qué puedo hacer frente a esto? Siempre partir de un pequeño cambio. Recordemos que lo mínimo es lo máximo. Puedo escoger visitar al médico, cuidar mi salud, desarrollar hábitos saludables, etc. Así arranco del paso menor pero me paro sobre la acción. Los problemas no se resuelven pensando, se resuelven actuando.
El temor al rechazo es el miedo que muchas veces tenemos a que se repita algo negativo que nos ocurrió en el pasado. Es verdad, puede volver a repetirse pero no hacer nada nos llevará a que el miedo sea cada vez mayor. De hecho, por lo general, la gente no rechaza a quien no se equivoca nunca, sino a quien pretende mostrarse perfecto delante de los demás.
El miedo a ser desaprobado por el otro en ocasiones es una voz interna que nos critica a nosotros mismos. Creemos que, como es nuestra voz interna, también será la voz externa de quienes nos rodean.
Algunas personas están paralizadas por el miedo al fracaso y, sin darse cuenta, pierden de vista que el error es una fuente de aprendizaje. Con frecuencia esto trae una herida al narcisismo y al hecho de cuidar la imagen delante del otro. Pero todos nos hemos equivocado y hemos descubierto que ¡hay vida después del error!
Otras personas le tienen miedo al éxito. En realidad, es miedo a ser envidiados y criticados lo que hace que, de vez en cuando, ellos mismos generen inconscientemente algún tipo de fracaso.
Cuando sentimos que no tenemos los recursos internos, solemos sentirnos presos del temor. Básicamente el miedo se desarma teniendo en cuenta dos elementos:
- a- No dramatizar el estímulo. Es decir, no agrandarlo, no exagerarlo, sino darle una perspectiva objetiva.
- b- Fortaleciendo nuestros recursos internos. Todos nosotros tenemos un currículum de “batallas ganadas”. Tenemos que pararnos en nuestras fortalezas.
Y, para concluir, es fundamental recordar que, aunque tengamos miedo, ¡hay que hacerlo igual!
Si tenés alguna inquietud, podés escribirme a Bernardoresponde@gmail.com









