
El mito de la brecha digital
Por Robert Samuelson Para LA NACION
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WASHINGTON. - Puede resultar que la "brecha digital", uno de los eslóganes políticos más de moda, sea en gran parte una ficción. Como se recordará, el argumento se extendía mucho más allá de la poco sorprendente idea de que los ricos poseerían más computadoras que los pobres. La parte más perturbadora de esta teoría era el hecho de que la sociedad se estaba dividiendo en dos grupos tecnológicos: el de los "ricos" y el de los "pobres", y que esta separación agravaría, a su vez, las grandes desigualdades económicas ya existentes. Pero las computadoras se han extendido rápido, precisamente porque se han abaratado y son más fáciles de usar. La disminución de los precios y de las destrezas requeridas para utilizarlas sugería que la divisoria digital se reduciría espontáneamente, y así ha sucedido.
La última encuesta de la Oficina de Censos sobre el uso de computadoras informa que la brecha entre los grupos de distintos ingresos y diversas etnias se está achicando. En 1997, sólo el 37 por ciento de la gente perteneciente a familias cuyos ingresos se encontraban entre 15.000 y 24.999 dólares usaba computadoras en casa o en el trabajo. Para septiembre de 2001, esa proporción era del 47 por ciento.
Durante el mismo período, la utilización entre familias con ingresos que excedían los 75.000 dólares se elevó sólo modestamente. Entre todos los grupos raciales y étnicos, el uso de las computadoras está elevándose. He aquí las cifras del 2001 comparadas con tasas similares de 1997: norteamericanos de origen asiático, 71 por ciento (58 por ciento en 1997); blancos, 70 (58); negros, 56 (44); hispanos, 49 por ciento (38).
Las nuevas cifras confirman algo que es de sentido común: que muchas de las destrezas necesarias para utilizar una computadora no son de alta tecnología ni de especial exigencia. Ahora, un nuevo estudio realizado por dos economistas pone aún más en duda el mito de la brecha digital. David Card, de la Universidad de California en Berkeley, y John DiNardo, de la Universidad de Michigan, desafían la noción de que las computadoras han empeorado significativamente la desigualdad de los jornales.
La lógica sobre la que se basa esa idea es clara. Las computadoras (dice la lógica) elevan la demanda de empleados altamente calificados, lo que supone un aumento de los salarios. Mientras tanto, la incorporación de computadoras, al automatizar muchas tareas rutinarias, reduce la demanda de trabajadores poco calificados y, por esa causa, sus jornales. La brecha entre uno y otro grupo se agranda.
Aparentemente, las estadísticas de salarios apoyan esta teoría. En 1999, los trabajadores en el percentil 90 de la distribución de jornales ganaban 26,05 dólares por hora, mientras que los del percentil 10 ganaban 6,05, informa el Instituto de Política Económica. La relación entre los salarios de los trabajadores situados en la parte superior de la escala y los de la inferior era de 4,3 a 1. En cambio, en 1980 la relación era sólo de 3,7 a 1. La computadorización creció y con ella la brecha en los salarios.
Pero el problema de echar la culpa a las computadoras es que el aumento de la desigualdad ocurrió principalmente a comienzos de los años 80. En 1986, la relación entre los ingresos más altos y los más bajos ya era de 4,3 a 1, la misma que en 1999. Si lo que hacía crecer la desigualdad era el viraje en la demanda de calificaciones, la brecha en los jornales debería haber continuado expandiéndose al aumentar el uso de las computadoras. Card y DiNardo concluyen que la computadorización no explica "el incremento en la desigualdad de jornales en los Estados Unidos en el último cuarto del siglo XX".
Leer y razonar
Por supuesto, no todos los economistas aceptan esta conclusión. Para Lawrence Katz, de Harvard, las computadoras sí fomentan la desigualdad de salarios. Pero pocos economistas han creído alguna vez que la nueva tecnología fuera la única causa de dicha desigualdad, sostiene. Según Katz, el auge económico de la década del 90 contrarrestó el efecto depresivo de las computadoras en los salarios de los trabajadores pobres.
De cualquier forma, la percepción general sobre el impacto de las computadoras en los salarios ha sido exagerada. Muchas otras influencias tienen tanta importancia, si no más. La profundización de la desigualdad salarial a principios de la década del 80, por ejemplo, casi con certeza reflejó la baja en la inflación y la grave recesión de 1981-82. Para sobrevivir, hubo que mantener bajos los salarios de los trabajadores menos valiosos.
El eslogan de la "brecha digital" unió brillantemente la preocupación por los pobres con la fe en la tecnología. También sugirió un programa: pongan computadoras en las escuelas, conecten las aulas a Internet. Bien, el programa se ha llevado a cabo en su mayor parte. Para 2000, las escuelas públicas norteamericanas tenían aproximadamente una computadora cada cuatro estudiantes. Algunos estudiantes obtienen capacitación informática que de otra manera no obtendrían. Del grupo de estudiantes de entre 10 y 17 años de hogares con entradas de menos de 15.000 dólares, cerca de la mitad usa computadoras en la escuela.
Pero determinar si la educación o las perspectivas de los estudiantes han mejorado es una cuestión más difícil. Hasta el momento, las computadoras no han producido grandes mejorías en los resultados de los exámenes. En cuanto a la capacitación informática, quizá no sea tan importante, en parte porque la tecnología cambia constantemente. Pero las habilidades básicas de lectura y razonamiento siguen siendo críticas. La gente debe poder leer manuales y seguir instrucciones.
La idea de la "brecha digital" sugirió una solución simple (las computadoras) para un problema complejo (la pobreza). Pero lo que la gente hace por sí misma importa más que lo que la tecnología puede hacer por ella.
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